domingo, 27 de mayo de 2018

Propongo reaccionar



No pertenezco a la oscurantista piara antitecnológica de ludistas o neoludistas. Soy ecuánime usuario de elementos tecnológicos que llegan a mis manos, facilitándome emplearlos en la medida de mis conocimientos y capacidad económica para adquirirlos.


Como escritor, distingo dos fases históricas en mi forma de escribir: antes de internet y con este. Procesos mecánicos que empleo al máximo, facilitándome procedimientos de escritura y corrección que años atrás me demoraban mucho tiempo concluirlos. Gozoso geek, me dejo seducir por ellos en mi computador. Hago evidente esto porque, de todas maneras, propongo reaccionar contra personas que cuando estás con ellas te postergan, dedicándose a conversar por sus móviles con otros individuos. Digitan como si no estuvieras presente. Propongo suspender el diálogo que sostengamos con ellas. No ser inferior a las exigencias que ese móvil hace a tu interlocutor. Reaccionar como persona cuya intimidad es interrumpida por la llamada que aquel recibió o hizo a tu lado. Perturbaciones desgajando acentuados diálogos, momentos de intimidad entre ambos, el expresivo entusiasmo de una compañía, una mirada o sentimientos de fraternidad. Si la persona con quien se comparte un espacio determinado hace o recibe varias llamadas, peor es la impresión de postergamiento. Entonces, te propongo irte. Abandonar sin sensiblerías a tu contertulio. ¿Seguirás esperando, paciente, reanudar la conversación donde el otro no recuerda qué estabas diciéndole? ¿Aparentas ser tolerante, aunque en tu fuero interno te planteas no frecuentar más a ese neozombi? Puedes reaccionar como lo hacen todos: sacar tu móvil y hacer lo mismo frente a esa persona. Precipitarte en igual fenómeno tecnológico deshumanizante. Te propongo dejar allí a esa persona que arrincona tu compañía. Despedirte despreciativo. Sin ningún protocolo, abandonarla allí donde está obsesionada con su objeto. Facilitar tu sitio al interlocutor cercano, pero distante de quien habla. Con mayor razón, si el sujeto no tiene la cortesía de disculparse por interrumpir el diálogo contigo. Te propongo reaccionar contra esta mecánica variedad de robotsapiens. Pero… si no te importa porque eres igual que ellos, te sugiero entonces no patalear. Hacer parte, tú también, del tecnológico condicionamiento. Incrementar el mazacote de personas, juntas en apariencia, con su centro de gravitación en la fascinadora pantallita. Te propongo no capitular tu sensibilidad con esos procesos naturales de nuestra época virtual. Si te complaces escuchando diálogos de otras personas, sus intimidades, lenguajes en clave contigo presente, regodéate entonces escuchando a tu interlocutor. Sigue la corriente de sus ideas. Sé tercero o cuarto en ese diálogo. Otra solución: cuando tu interlocutor termine de conversar por el celular y se proponga regalarte algún minuto de atención, manipula entonces tu cajita y dedícate a hablar con otra persona. Juega. Mira el Whatsapp, Facebook, fotos, mensajes. Podría proponerte otras actitudes pero… ¡están llamándome por mi smartphone!

Dos para un soneto


Dicen los dos versos iniciales: “Oscuro y fruncido como un clavel morado/respira, abrigado entre el musgo humildemente”.


Aunque el carnal soneto fue escrito a dúo por un par de homosexuales adictos al hachís, al ajenjo, el hadaverde y la absenta, además de sus implicaciones homofílicas, que a tantos agitan, otros podemos disfrutarlo también como entrañable descripción heterosexual. Pocos lugares del cuerpo femenino o masculino, por sus profundas particularidades para el placer, merecen no solo sonetos sino elegías, como esta puertecilla húmeda “aún del amor que fluye lentamente/por sus blancas nalgas hasta su borde orlado”. Metafórica evidencia de sus recíprocas sodomizaciones, el primero con 27 y el segundo con 17 años de edad, lo escribieron Verlaine y Rimbaud, parodiando a su amigo el poeta parnasiano Albert Mérat quien publicó un libro con 20 sonetos celebrando 20 partes del cuerpo de su amante. Los cuartetos iniciales pertenecen a Verlaine; a Rimbaud, los tercetos finales. Encima el primero y debajo el segundo, inducidos acaso por el lascivo deleite que experimentaban como pareja de alternos pedicadores. En su libro El tiempo de los asesinos, Henry Miller preguntó: “¿No hay acaso algo tan milagroso en la aparición de Rimbaud sobre la tierra, como en el despertar de Gotama o en la aceptación de la cruz por Jesucristo? De cualquier manera que se interprete su obra, está más vivo que nunca y el futuro le pertenece, aunque no haya futuro”. Sonnet du trou du cul, titularon aquellos el poema que, con primorosos tropos, explora inusuales relieves del cuerpo. Territorios para el placer y la sexualidad que, en poesía, pocos autores se han atrevido a tantear. Quienes conocen la lengua francesa, consideran intraducible tal soneto por su carga literaria de juegos de palabras, referencias de sentido nada fáciles de trasladar a nuestro idioma, vocablos con alternos significados cultos y populares y expresiones propias de las conductas parisinas de finales del siglo XIX. Redención literaria del socavón proscrito por el pudor poético, tal soneto compartido hace parte del llamado Álbum Zutique, donde se recogían textos y dibujos con que los integrantes de dicho grupo, entre ellos Rimbaud y Verlaine, ridiculizaban, mediante textos y dibujos, a los poetas parnasianos. Aquí figuran Los Estupros: tres sonetos de los cuales este, que ondula por entre mis lecturas y lujurias selectas, es el más notable. Disfruto las musicalidades de variadas traducciones, cada cual aportando consonancias que no tienen las otras versiones. Por mil sonetos retratando los ojos, el cabello, la boca, las manos, senos o nariz, no hay cinco que hagan la apología de dicha puertecita, temida y apetecida. Los sonetos lujuriosos, de Aretino; o el conocido texto de Quevedo sobre el ojo del culo, pueden ser dos referentes literarios sobre el tema.

¿Platón o Chul Han?


El cielo sobre Berlín, película dirigida por Wim Wenders con participación del poeta Peter Handke, es uno de los filmes preferidos por el filósofo surcoreano-alemán Byung-Chul Han, quien dice: “Mis libros empiezan con Peter Handke o acaban con Peter Handke”.

Este, un poeta que discurre en verso o prosa; aquel, un filósofo contemporáneo cuyo lenguaje se llena, junto a neologismos y vocablos propios de nuestro siglo, de sugestivos vuelcos literarios que no encontramos en otros filósofos europeos, asiáticos o norteamericanos actuales. Fustigador del capitalismo, las injusticias socioeconómicas del trabajo y los desiguales senderos que sigue la tecnología, no solo piensa y escribe en alemán, también cuestiona como alemán. En El cielo sobre Berlín, Chul Han guía al espectador por fondos de su barrio y otros sectores de esta ciudad. Sus libros asumen en su estilo la misma melancólica mirada de Winders en dicho film sobre Berlín. En un documental sobre Chul, llamado igual que uno de sus libros: La sociedad del cansancio, el metódico filósofo diserta como Roshi zen: “Los ruidos desplazan siempre al silencio, al vacío”. Empero, ninguno de sus libros induce al silencio. Ni sus significaciones facilitan el vacío. De por sí, hay atrayentes afinaciones en los títulos: La expulsión de lo distinto, Topología de la violencia, La salvación de lo bello, El aroma del tiempo, La agonía del eros, La sociedad de la transparencia, La sociedad del cansancio. Para lanzarme entre silencios verbales o rechinamientos ideológicos a mis vacíos y, por ende, encontrarle razones al pavor, las perplejidades y la muerte, ¿leo filósofos remotos o modernos? ¿Busco amparo existencial en Platón, Schopenhauer o Hegel? ¿Busco sosiego en Wittgenstein o Chul Han? ¿Me refugio en la filosofía, muchas veces cercana al lenguaje vacío, de Byung o lleno mis sentidos con la poesía de otro surcoreano llamado Ko Un? Ilusorio, un minucioso recorrido por la historia de la filosofía profundizando en la lucidez o el delirio de sus exponentes notables. No alcanzan los años. Ni la juventud ni la madurez. Toda una vida de esperanzadas lecturas, no alcanza para ahondar en un solo filósofo o uno solo de sus libros. Byung-Chul Han, con el exotismo propio de un asiático domesticado por la axiología alemana, enjuicia elementos de la civilización occidental sin recurrir para ello a sus raíces orientales. En Filosofía del budismo zen, considera que “es posible reflexionar de modo filosófico sobre un objeto que no implica ninguna filosofía en sentido estricto”. Para sustento de su discurso crítico, introduce las ideas de lo disincrónico como atomización y dispersión de lo temporal, desarrollándolas mediante reiteradas fusiones de citas y autores que, con académica idoneidad y sistematicidad, teje y entrecruza con provocador estilo. “El dígito se aproxima al falo”, afirma en su libro Psicopolítica.

Mi guerillero preferido


“Siento la existencia como una imposición en el mundo”, confiesa en sus diarios, donde soledad e incomprensión fueron temas recurrentes. Me lo presentó el historiador Yuval Harari, en su libro Homo Deus.

Si esperas identificar mis predisposiciones políticas, te engañaste con el título. No señalo personajes que admiras o desprecias, escribo sobre mi guerrillero predilecto: Aaron Swartz. Joven genio, mártir del dataísmo. Hacktivista suicida a sus 26 años de edad quien se ahorcó para evadirse de las inicuas presiones del FBI. A los tres años de edad, comenzó a leer por su cuenta y, antes de los 10, comenzó a programar. Escritor, wikimedista, informático teórico, estudioso de sociología. Desde adolescente, audaz activista político luchando hasta su prematura muerte para que el acceso al conocimiento en internet fuera un derecho humano, y no un monopolio de las corporaciones ni del estado. Tanto para inmigrantes como para nativos digitales, en particular quienes en internet buscamos información en lugar de frívolo entretenimiento, Aaron debe encumbrarse, por su vida e ideales, por lo inconfundible de sus empresas, como uno de los mayores mártires del siglo XXI en la democratización y libertades en los espacios de internet. Su imagen y realizaciones crecerán, multiplicándose en la medida que se conozca más sobre su vida y su muerte. Si te interesa este genio suicida, comienza viendo en YouTube El hijo de Internet, conmovedor filme sobre su vida, por Brian Knappenberger. Aarón decidió ahorcarse, incapaz de resistir sicológica, social, política y profesionalmente las atrabiliarias presiones que sobre sus actividades ejercieron el FBI, las empresas y aquellas corporaciones alegando sentirse afectadas por su acometedora actitud dentro de la Red. Swartz dio su nombre a un enérgico, sucinto documento conocido como Manifiesto por la Guerrilla del Acceso Abierto, cuya redacción se atribuye a otras cuatro personas pero al que este joven, por su condición política, la sobresaliente imagen que había alcanzado y los nobles ideales que lo impulsaban, dio su nombre. Ningún internauta debe desconocer este incendiario documento. Aaron, con su revolucionaria visión de los derechos del individuo en el uso de internet, desafió en sus bases económicas al sistema, a todas aquellas insaciables empresas privadas o estatales que restringen, se apropian y lucran con la información que pertenece a todos. Dicho Manifiesto, la más sacra reivindicación del internauta del siglo XXI, fue publicada por Aaron a los 22 años de edad. “La información es poder. Pero como todo poder, hay quienes lo quieren mantener para sí mismos. La herencia científica y cultural del mundo completa publicada durante siglos en libros y revistas está siendo digitalizada y apresada en forma creciente por un manojo de corporaciones privadas”. Lloré por Aaron. Llorarás por Aaron. Llorarán los cíborgs, cavilando sobre el cumplimento de determinadas leyes.

Con Darío y Hans Urs


Minutos antes del fecundo encuentro leí y subrayé en el libro Filosofía del budismo zen, del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, un elegante haiku de Basho, comentado por aquel.
Presagiaba el diálogo que acontecería en el café libro del escritor José Nodier Solórzano, La Casa: “El corazón deja que todo acontezca/hacia allí y hacia aquí,/como el sauce”. ¿Es el encuentro con determinados libros y autores, el que aviva el acercamiento entre personas semejantes? O por el contrario, ¿el diálogo entre personas afines sobreviene para que se nos revelen temas, libros y autores? Las aproximaciones son recíprocas mientras por ahí cerca, etéreo, el esotérico ángel de biblioteca sonríe con el encuentro por él propiciado. Me sucedió con Darío, a quien Carlos me presentó, luego de complacerse con varios mojitos, coctel preferido de Ernest Hemingway cuando entraba a La Bodeguita del medio, célebre bar de la vieja Habana. Darío, es decir, mi encuentro espiritual a través de sus palabras, con uno de los más trascendentales teólogos del siglo XX: Hans Urs von Balthasar. Mi repatriación mística al cristianismo, del cual he sido inmigrante, a través de la obra del pensador católico. Encuentros donde se materializan señales, sigilos y palabras con los libros y autores como puentes, hermanándonos en la información compartida. Este atardecer, ¿posiblemente alborada?, en La Casa, balsámico por la mezcla fragante del café y la aromática de yerbabuena. Diálogo informal no previsto, cargado de afectos literarios. Darío, presentándome a Urs. Yo, hablándole de Pachita, la asombrosa chamana de Méjico. Y de Jacobo Grinberg. Si Urs hubiese asistido a las curaciones de Pachita, habría observado en ella la presencia de Dios que vio también en su amiga la mística y visionaria Adrienne von Speyr. En las teorizaciones sobre Verdad, Bondad y Belleza como expresiones privilegiadas por Dios, que von Balthasar desarrolla en sus heterodoxos planteamientos teológicos, Pachita habría descubierto nuevas luces Crísticas iluminando sus virtudes chamánicas. No conocía yo a Urs, convocando aquí mis búsquedas interiores desde la reflexiva exposición de Darío. A Hans, sus contradictores le incriminaron por resaltar el aspecto seudomístico y ecuménico modernista. Von Balthasar afirmó: “La mirada goethiana debe ser aplicada al fenómeno de Jesús y a las convergencias de las teologías neotestamentarias”. Sublime idea, eje de su Teodramática. Le censuraron porque, al componer este los avances teológicos con categorías estéticas, filosóficas y dramáticas de diversas esferas contemporáneas, una facción retardataria de la iglesia católica consideraba su ecumenismo como apuesta de apostasía. Más atractiva se me hizo su teología al trazarme senderos donde la heterodoxia es brújula que me guía. A la manera de Buda, Urs recibió el llamado de su vocación bajo un árbol, en Selva Negra, Alemania, donde “Sentí el impacto de algo así como un relámpago”.

¿Lesbian chic?


Para leerme mejor, Caperucita, escucha el himno internacional de las lesbianas, Mujer contra mujer, de Ana Torroja: “Nada tienen de especial/dos mujeres que se dan la mano/el matiz viene después/cuando lo hacen por debajo del mantel”.
En la expresión pública de sus manifestaciones amatorias, las nuevas generaciones lésbicas rebasan las conductas de los varones homosexuales. No solo las butchs, lesbianas masculinas, sino las femeninas. Con simulada naturalidad chorreando desde las débiles corrientes de Yin que les circulan por su torrente sanguíneo, y desde lo más tórrido de su matriz hasta el marketing del sexo por las redes, o como transgresora moda para visibilizarse, son numerosas las jovencitas publicitando sus inclinaciones homoeróticas. Con sus preferencias sexuales activas o pasivas, flirtean, en actitudes que parecen retar al inigualable placer heterosexual, a la sociedad y sus modelos patriarcales o a los oscurantistas preceptos religiosos. No creo que, en alto porcentaje de ellas, tal actitud exhibicionista nazca de tomar conciencia de la homosexualidad femenina mediante el análisis de sus fundamentos sicológicos, biológicos, políticos o clínicos. Mucho menos -que les vendría bien para argüir sus inclinaciones- de estudiar obras por el estilo de Manifiesto contrasexual o El deseo homosexual, libros de la transgénero Paul Beatriz Preciado. Desde niñas de escuela hasta pomposas universitarias de lastimera condición intelectual, se entregan a tales escarceos sexuales. ¿Por qué no lo hacen los hombres, los sissies, o gais afeminados? Pocos varones homosexuales actúan con desenfado semejante. ¿Son más asustadizos, discretos o enclosetados que las mujeres? ¿Hay prejuicios entre estos, que las lesbianas han superado? Todos conocemos, y muchos disfrutan, una de las más generalizadas parafilias masculinas: observar dos mujeres practicando sexo. Tal vez, como secuela de dicha forma de voluptuosidad, incontables de las jovencitas que se exploran en un parque, o en un café, o caminan tomadas de la cintura frente a hombres y mujeres heterosexuales, solo desean lucirse, ejerciendo sin saberlo o a sabiendas, pautas propias del Lesbian Chic, concepto de marketing de la cultura pop que tanto influye sobre los milénicos. No me escandaliza el divertido fenómeno. Me induce a preguntar, ¿por qué razón las bolleras son menos temerosas que los gais, más directas mostrando en público sus inclinaciones? ¿Qué prejuicios tienen estos, que no los tienen ellas? ¿Nuestra sociedad es acaso más permisiva con las mujeres que con los hombres? ¿Son estas menos antiestéticas que los varones? ¿Es para nuestra sociedad más placentero y sugestivo ver un par de adolescentes mujeres besándose, que ver a dos baturros muchachos relamiendo sus lenguas? ¿Hay más elegancia en una pareja de ancianas mimándose y hablando de amor, que en un par de ancianos jurándose fidelidad eterna? Shakira y Rihanna, en el voluptuoso video Can´t Remember to Forget You, son ejemplo de ese teatral Lesbian Chic.

Caeiro: teólogo del paisaje


¿Crees en Dios? Lee entonces El guardador de rebaños. ¿No crees en Él? Entonces lee El guardador de rebaños.
Profundízalo si eres panteísta. O neopagano. O un poeta. O un lector de poesía. Encuentra en sus poemas, si eres caminante de montañas o paseante de tus interiores territorios, los paisajes del alma y de la tierra por donde reconoces, dentro de ti mismo, la magnitud humana de lo divino y la dimensión divina de lo humano, resaltadas por la poesía de Alberto Caeiro. Maestro zen: tan zen y maestro, que no fue maestro ni supo nunca nada del zen. Cada poema de este distintivo libro suyo, es versículo de una lúcida biblia pagana, de heterodoxa religiosidad no dogmática nunca escrita como tal por Caeiro.
El más luminoso libro de Pessoa, coreándome la soledad por veredas de mi región. Además de mis silencios y sobresaltos, que nunca concluyen por estos verdes caminos del Quindío, Dios, llámale así o no Lo evoques con nombre alguno, engalanado de naturaleza desde una mariposa, un geranio o un cedro irradiando poesía y vida, está presente en dicha obra de Alberto Caeiro de Silva. Sumario del más epicúreo panteísmo del que se tenga noticia en la poesía de los siglos recientes.
-¿Siempre va solo por el campo? -No, me acompaña Alberto, el guardador de rebaños. En cualquier sitio del camino, algún estambre o un viejo roble, me persuaden: -Si quieres comprendernos, abre el libro y escucha cuanto Caeiro te revela. Y lo abro entonces cabalísticamente, por cualquiera de sus páginas. Leo con estética religiosidad alguno de sus poemas, desde donde el joven visionario me explica: “El mundo no se hizo para pensar en él (pensar es estar enfermo de los ojos) sino para mirar hacia él y estar de acuerdo…”
Dentro de la fructuosa, casi mediumnímica producción de Fernando Pessoa, Caeiro, con el citado libro, cimienta el suceso literario más destacado de su heteronímico plectro poético. “Era el 8 de marzo de 1914, me acerqué a una cómoda alta, cogí papel y comencé a escribir de pie, que es como escribo siempre que puedo. Y escribí treinta y tantos poemas uno tras otro, en una especie de éxtasis que no podría definir. Fue el día triunfal de mi vida y nunca volveré a tener otro igual.
Empecé con un título: El guardador de rebaños. De mí había surgido mi maestro”. Y el de los demás heterónimos, reconoce el poliédrico Pessoa al servir de canal para que se manifestara mediante su cuerpo, su cerebro y sus palabras, pero en particular con la afirmación literaria del sensacionismo, la voz y el espíritu panteístas más reveladores de altos misterios en la poesía universal: Alberto Caeiro: teólogo de la naturaleza: ontólogo del paisaje.

martes, 8 de mayo de 2018

Bliss no besaba en la boca




"...amigas de varios colores pasaban por mi cama de campaña sin dejar más historia que el relámpago físico..."


Josie Bliss, la voluptuosa joven birmana de piel oscura que acicalaba su cabello con hibiscos y alamandas, la siempre lúbrica Josie de anillos en los labios, quien inspiró con sus pasiones eróticos poemas a Neruda cuando este fue cónsul honorario en Rangún, Bliss, delirante remembranza de sexo derramado y mujer moldeada a su antojo por Pablo, en Residencia en la tierra, Extravagario y Memorial de Isla Negra, Josie, amorosa niña de Mandalay pronta para saltar, sin pudorosos estremecimientos, a pantera en celo, experta en lujuriosas técnicas ancestrales del tantra asiático y el budismo Theravada, todo lo consentía, las entradas de su cuerpo se hendían devoradoras, insaciables para Pablo, con la condición de que este no intentara besarla en la boca, golosa felatriz y maestra en el absorbente arte de adoratha, “nunca toleró que yo la besara, nunca permitió que yo posase mis labios sobre los suyos, o que mi lengua recorriese su hilera de dientes, o explorara el cofre de su boca, recuerdo la noche en que me dijo que yo podía disponer de su cuerpo, ocuparla incluso cuantas veces quisiera por su arrabal redondo y erguido, o desfogarme entre sus labios, si me placía, pero que no intentara besarla en la boca”, confiesa Neruda, que ha vivido y a quien luego de conocerle su actitud discriminatoria con su hidrocefálica hija Malva Marina, no doy fiabilidad en todo cuanto cuenta y canta, por ejemplo, los bosquejos poéticos que de Josie Bliss cinceló en los poemas a ella dedicados, lúbrica muchacha de Rangún tal vez no tan maligna ni obsesiva, ni tan criminal como la evoca el chileno, exteriorizando racismo y machismo cuando, refiriéndose a las birmanas, subraya, “las mujeres, material indispensable para el organismo, son de piel oscura, de un olor distinto”, prostitutas de Rangún que además de Bliss, se deslizaron por su lecho, “amigas de varios colores pasaban por mi cama de campaña sin dejar más historia que el relámpago físico”, jóvenes de sensualismo resuelto y complaciente, desbordadas, cuya menguada condición socio-económica las impulsaba a convertirse en efímeras amantes de banqueros, diplomáticos, comerciantes y empresarios británicos, con quienes buscaban alicientes de estabilidad y protección, como sostiene en su ensayo la socióloga Eda Cleary, honrando la imagen de Bliss, dejando en entredicho los ariscos retratos que Pablo bosquejó de Josie la cual, durante ocho meses, manejó con el mestizo latinoamericano energías sexuales que exigen a la mujer no dejarse besar la boca, labios relamiendo cualquier cálida y húmeda zona del cuerpo, menos este inmaculado territorio de tradiciones animistas donde la fusión de la boca masculina y la femenina, mezclando la inhalación y la exhalación, no estaban permitidas por razones de oscuro tantra.

Netflix, ¡oh, Netflix!



¿Sófocles? ¿Shakespeare? ¿Balzac? ¿Dostoievski? ¿Kafka?


Desde remotos dramas griegos induciéndonos a la catarsis descrita por Aristóteles, hasta las crudas novelas contemporáneas de autores que conmueven al lector con turbulentas pasiones de sus personajes, al compararlos en argumentos, temas y complejidad sicológica, en ambientación de territorios donde, desplegando sus fatalidades, convulsionan como símbolos sociales de épocas y culturas, ninguno de los citados autores tiene el potencial suficiente para trastornarnos con emociones contradictorias, como determinadas series de Netflix, la más prominente religión tecnológica del entretenimiento cinematográfico. Sus audaces equipos de trabajo saben qué deseamos. Qué tememos. Con qué y con quiénes nos identificamos, espectadores anhelantes de arquetipos desde dónde equilibrar nuestra insignificancia. Receptores de nihilismos desesperados frente a la pantalla, episodio tras episodio, fascinados por la ficcional belleza de dicha narrativa crossmedia. “Algunas teleseries han construido, capítulo a capítulo, auténticas bibliotecas de narrativa, poesía y ensayo”, expresa Jorge Carrión en su libro de obligatoria lectura, Teleshakespeare. Netflix emplea fórmulas efectivas para despertar individuos. O sumergir en gratas somnolencias a la masa cautiva de sus programas. Series que despiertan infrecuentes adicciones al empujarnos hacia la médula irracional del alma humana con sus horrores y virtudes. En la medida que incorporemos las series de Netflix en nuestra cotidianidad, adquirimos conciencia de algo más allá de lo rutinario. O nos zombificamos, peor que los especímenes en The Walking Dead, a la deriva por ciudades y montañas. Admiro y rechazo a Netflix cuando los personajes de sus series me enrollan en la sicológica gama de sensaciones, malestares y alegrías, contraponiéndome con filosofías que mientras en los libros son desdibujadas, aquí tienen cuerpos apetecibles, escenarios envidiables y pasiones seductoras. Considero a Netflix el más recursivo Think Thank de emociones del hombre contemporáneo, simiente de una nueva forma de ver y aceptar o rechazar el mundo. Conoce a fondo nuestras frustraciones. Parece una escuela esotérica cuyos ceremoniales son los medios de información. Series entrelazadas o independientes, conectándose entre ellas con propósitos conocidos solo por los grupos tras de sus magistrales propuestas. Netflix, culto transhumanista que congrega sus fieles en los templos del televisor, el celular o el computador, para hacernos parte del ceremonial. Netflix es perfección del control de las emociones humanas. Hago parte de esos millones de personas que dejan de hacer otras actividades por quedarse varias horas siguiendo episodios en una o más series determinadas. Todo lo tiene cuantificado, cualificado para socavar la sensibilidad del ser humano. Cualquier manipulación de la sociedad, tiene mapas precisos en Netflix. Sus atractivas propuestas de alta calidad en fotografía, con referencias políticas, artísticas, sociológicas y científicas, sin descontar las históricas, son capaces de detenerle a uno la lectura de cualquier libro. Netflix, sendero visual hacia otras dimensiones del conocimiento moderno.

Parecer bien



Por donde uno vaya o donde uno esté siempre hay que parecer bien. Parecerle bien a los demás, aunque no sepamos quiénes son los demás y lleguen y desaparezcan. Hay que parecer bien con los zapatos que calzas, con los tatuajes que cargas, con la forma de peinarte y gesticular. 


Parecer bien con los lugares donde entras a tomar un café o almorzar, y a descansar del esfuerzo que haces por parecer bien con el automóvil que compraste, o el sitio donde te hacen la manicure. Debes parecer bien con la forma de mover el culo al caminar, despreciando a los demás pero esperando que te aprecien. Con las marcas de tus camisas o tus blusas. Debes parecer bien con los libros que lees y los autores que prefieres y nombras a quienes no leen. Con la música que escuchas. Con la manera de opinar sobre los sucesos del día en tu pueblo y las noticias internacionales. No importa lo que en realidad eres, siempre hay que parecer bien en los actos públicos, en el odioso lugar donde trabajas, ante tus jefes y subalternos. Hay que parecer bien ante tus hijos, tu esposa y tu amante. Hay que parecer siempre bien a otros, quienes también, desde por la mañana hasta el anochecer, se desviven por parecer bien perfumándose, haciéndose los indolentes, creyéndose los más elegantes, sintiéndose los más hermosos, pensándose los triunfadores los elegidos los doctorados los de alta clase social los espirituales los vegetarianos los inteligentes políticos los salvados por Dios. Por donde uno vaya y sin saber por qué, parece que siempre hay que parecer bien, sentados o caminando, aprisa o despacio. Nadie quiere parecer mal ante los deformes, los feos o los ignorantes. No parecer mal a quienes parecen haber nacido solo para estorbar, para que quienes siempre buscan parecer bien, contrasten lo bien que parecen al lado de aquellos. Todos queremos parecer bien, aunque día tras día estemos peor con el tipo de gente que nos rodea. Y hay tantos, tan insensatos, tan torpes, que siguen queriendo parecer bien con cuanto en el pasado intentaron parecer bien, haciendo parte de grupos ecológicos, políticos, culturales, religiosos, deportivos, esotéricos, donde parecer bien frente a los otros creyéndose de mejores familias, sintiéndose más inteligentes, es lo único que importa. Parecer bien, aunque por la noche lleguen a sus miserables alcobas y se derrumben en la soledad de sus camas, donde intentarán dormir cansados de parecer bien. En sueños intentarán seguir pareciendo bien. Y ya muerto, alguno por compasión hacia ese individuo que siempre quiso parecer bien, querrá que el cadáver parezca bien. (Cali, junio 16 de 2017. Hotel Nevada, al amanecer, riñendo bajo la lluvia con Bukowski en su libro Ruiseñor, deséame suerte).

domingo, 22 de octubre de 2017

Los poemas de Nietzsche por Umberto Senegal

Los poemas de Nietzsche


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"Total percepción del instante. Filosofía zen que no imaginamos en el creador de Zaratustra".



Dice Friedrich en uno de ellos: “Solo soy un creador de palabras: /¿qué importan las palabras? / ¿qué importo yo?”. Poemas lacónicos la mayor parte.
Lapidarios en sus enunciados de riguroso conceptualismo donde poeta y filósofo no se rechazan, pero este preanuncia su mensaje vital. Y señala en otro: “Restos de estrellas:/de estos restos formo mi mundo”. El primero, con tres versos. El segundo, con dos. Y este de uno solo, como para reflexionar dónde comienza y termina la poesía y dónde es lúcida o se torna irracional la filosofía: “Una taberna junto a cada tienda”. Nietzsche, poeta de estrofas y versos circunscritos a la corriente postromántica quien participando, a sabiendas o no, de temas, ideas y estética del simbolismo de libre versificación, intenciones metafísicas y el lenguaje como instrumento cognoscitivo, tiene entre sus poemas este, que es un haiku perfecto, con sus tres líneas y objetiva descripción, aunque el filósofo nunca se aproximó a tal forma poética nipona: “Un cansado viajero,/al que recibe un perro/con recio ladrido”. Total percepción del instante. Filosofía zen que no imaginamos en el creador de Zaratustra.
Este volumen con la poesía completa del filósofo alemán, traducido y prologado por Laureano Pérez Latorre, reúne de manera minuciosa y sistemática todos los poemas escritos como tales por Nietzsche, desde sus 25 años de edad hasta los 44. Gran parte de estos, axiomáticos. De hermética forma y contenido, adoptando el tenue ropaje del aforismo para presentarse más desnudos. Se autocuestiona como poeta: “Mientras hacía versos a brincos /¡epa! de estrofa en estrofa, /di en reír y reír de improviso, /y me duró un cuarto de hora. /¿Tú, un poeta? ¿Tú, un poeta? / ¿Tan mal te funciona el seso? / “Sí, señor, usted es un poeta” /, respinga el picamadero”.
Recorrido vital por la estética y filosofía del Nietzsche demasiado humano, confesando en uno de dichos textos: “Ved al niño entre gruñidos de cerdos, /desamparado, encogidos los pies. /Tan solo le salen lloros sin cuento, /¿sabrá erguirse y andar alguna vez?”. Poemas llenos de interrogantes. En la medida que el filósofo ajusta su enfoque del mundo, decrecen el tono y las palabras del poeta sin que por ello lo lírico, como tal, deje de cumplir su intención literaria.
En cada verso, estrofa y poema, se gestaba la dionisiaca música discursiva de Zaratustra, plena de tropos y figuras literarias en rica mezcla de arcaísmos, etimologías y rimas de reconocida riqueza dialectal. ¿Dónde clasificar, por ejemplo, este chirriador final de estrofa, entre jitanjáfora y borborigma?: “¡Pitas, titas, /pi, pi, pi; / titas, pitas, /pi!”. ¿Presentía Friedrich su desvarío, como aquella tarde cuando junto al mar gritó iracundo, utilizando voces análogas para increparle por su bramido a las olas? Hay que leer al poeta lacerado, para entender mejor al filósofo, Ecce homo fundido entre palabras con lodo y relámpagos.

Lejos de Roma por Umberto Senegal

Lejos de Roma

 "De muchas maneras, todos estamos distantes de la Roma metafórica, exiliados en esta vida y este mundo".

Título de uno de los más seductores libros del narrador colombiano Pablo Montoya, donde compartimos el exilio al cual fue sometido el poeta Ovidio, desterrado de Roma por orden del emperador Augusto. “Llegar a Tomos es como llegar a la morada de la muerte”. “He llegado a Tomos, puerto del espanto”. Tristes, tituló sus desconsolados cinco libros de elegías, caminando desengañado de su sociedad, de la vida y la poesía. En la tribulación del exilio, abrupto sendero hacia el olvido, sin eludir el pesimismo que se le convierte en continuas alucinaciones, Publio escribe sus poemas en la playa. Sobre la arena.
Sus lectores son los cangrejos que, una y otra vez, pasan en entrecruzadas direcciones sobre sus versos en latín. De las más consistentes y hermosas novelas breves publicadas en Colombia. Lenguaje, fondos, personajes y trama que refinan la actual atmósfera narrativa colombiana infectada de frivolidades y desproporciones, son los sentimientos de Pablo-Publio en equilibrada simbiosis de poesía y filosofía, buscando respuestas en aquella época remota, que sean legítimas para gente de la nuestra, desplazada de su tierra y víctima de atrabiliarias formas de poder. Varios personajes afloran con resumido vigor para afirmar el destino de Ovidio, lejos de Roma, imaginado por Montoya, quien se desplaza libre por su novela, sin eruditos soportes históricos. Esta obra no pretende, por fortuna, convertirse en arqueológico vestigio de museo ficcional. Presenta al poeta, Ovidio el hombre humillado quien por culpa de su obra y sus ideas, en contradicción con las del emperador, es expatriado.
A lo largo de la trama, la noveleta está impregnada por la desacralización de las nociones políticas, sociales y religiosas de patria, componente ideológico reiterado en toda la obra de Montoya. Su destilada prosa poética, radiante y cadenciosa, permite observar tonalidades formales de cuanto resalta: personas, objetos, ideas, datos precisos, la imaginación del autor desplazándose subjetivo por rincones reales o ficticios de Tomos, moviéndose por su superficie como fantasma pronto a esfumarse. Esteticismo poético y narrativo de rigurosa factura, porque Pablo no expresa solo lo bello sino también lo metafísico que surge de la confrontación con el aislamiento, el abandono, la melancolía por lo perdido y la carencia de interlocutores para compartir el sentimiento de lo poético.
De muchas maneras, todos estamos distantes de la Roma metafórica, exiliados en esta vida y este mundo. Auscultando afinaciones narrativas poco frecuentes entre los nuevos narradores colombianos, lenguaje e ideas de la novela se nivelan y articulan con precisión. Su melodioso uso del punto seguido, es primordial factor de estilo que alcanza magistrales niveles de expresión literaria. Novela atípica dentro de la actual narrativa colombiana, extenuada temáticamente por las burdas orientaciones proficientes de algunas editoriales, esta es otra forma de percibir la historia y relatarla.

Ecobachaco de Peñas Blancas por Umberto Senegal

Opinión / Octubre 21 de 2017 / 3 Comentarios

Ecobachaco de Peñas Blancas

"...Dos ojos blancos pintados en el exterior, en torno a las circulares ventanas..."



En uno de sus poemas, escribió el santo Milarepa: “No hagas nada con el cuerpo, excepto relajarte; cierra firme la boca, observa silencio, vacía tu mente y no pienses en nada. Afloja tu cuerpo como bambú hueco y desahógate”. Lugar exclusivo para esto: el original ecobachaco de Peñas blancas. En la noche, si duermes; o durante el día, si lo aprovechas para alguna aislada práctica de interiorización y sosegado encuentro contigo mismo, dentro del circular ámbito construido con tierra en el Ecoparque Peñas blancas, solo te acompañarán cuatro alegóricas ranas de los grabados de Grass, coloreadas sobre la redonda pared del recinto. Dos pequeñas ventanas, también circulares, te relacionan con el paisaje. Por una de ellas, adviertes en la distancia a Calarcá y Armenia. Dos ojos blancos pintados en el exterior, en torno a las circulares ventanas. La construcción, a prudente distancia de la vivienda principal tiene al fondo la sacra presencia de las históricas e imponentes Peñas Blancas. Relajado dentro de esta habitación para una persona o máximo dos, la serenidad interior no es abstracta idea mística, religiosa o esotérica. Es sensorial presencia física para vaciar tu mente y transmutarte en el bambú hueco que señala Milarepa. Cuanto no vislumbras coreando mantras, balbuceando oraciones, visitando al psiquiatra, usando antidepresivos o consumiendo plantas enteógenas, ni intuyes leyendo significativos textos taoístas, sufíes o budistas, podrás experimentarlo allí, solo, sin luces, dentro del acogedor ecobachaco. Acompañado únicamente por el terco flujo de tus pensamientos. Hacia el atractivo sitio, sales desde La Virginia, en Calarcá, por un camino que puede transformarse, al ascender hasta  allí, en tu Camino de Santiago. Novedoso en su apariencia, este punto para la contemplación, enclavado entre árboles y silencio, amparado tras de sí por la energética presencia de Peñas Blancas, irradia el positivo encanto precolombino de Nacuco y Locomboo, deidades pijao. Si deseas, puedes acompañarte de una lámpara solar. Su original forma permite convertirte, allí dentro, en beneficiario de la energía montañosa y rocosa, conectándote con chamánicos voltajes de energía que fluyen pródigos del interior de las peñas. En esta matriz terrosa, tienes la certidumbre de haber hallado el sitio para expulsar tus pensamientos, tu desconsuelo con el mundo y tu desasosiego. Tal construcción, idea del infatigable apacentador de árboles propietario del citado Ecoparque, Javier Salazar, recibió el Premio Alianzas para la innovación, de Colciencias y Confecámaras 2017, por su propuesta como construcción exótica, artesanal, ancestral y natural. Con tan austero y fascinante recinto del silencio, como no existen dos en Colombia, el Quindío tiene uno de los más singulares atractivos para personas que buscan sitios de recogimiento interior, lejos de la ciudad. Receptáculo material del silencio y la soledad donde cada uno experimentará sus realidades o fantasías internas.

lunes, 25 de septiembre de 2017

EN UN LUGAR DEL EROTISMO. Umberto Senegal

EN UN LUGAR DEL EROTISMO
Umberto Senegal

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Para algunos pocos diletantes del placer y delicatessen de la eroticidad, lo fascinante del sexo converge en el principio y el desenlace del acto sexual. Cuanto sucede entre tales extremos, es la predecible fase brutal del encuentro, invariable en su instintivo desenfreno. La energía trepidando en este momento, es diferente. Lo erótico se evidencia en las pulsaciones del preludio: palabras, fragancias, agitaciones, humedades y caricias. Y en estremecimientos del desenlace, donde a los protagonistas de tan sutil variedad erótica les aflora cuanto a la mayoría les languidece en sus encuentros. Nuevas sensaciones. Acrisolados tanteos del propio cuerpo y del ajeno. Para incontables individuos, dicho acto se apretuja en el agotamiento de cuanto sucede entre el comienzo y el final, donde la pareja resbala sin imaginación. Jadeante. Urgida entre el pulposo remolino de carne. Ahí termina el precipitado éxodo material por los rincones del cuerpo. De aquí  los tristes finales de uno y otro. Animal post coitum triste, dogmatiza el axioma. Les sucede esto porque, al no extender el tiempo del preámbulo y no saber cómo llegar más allá del lapso final, cuanto practican en el intermedio no trasciende las características del rudo apareamiento. Sus reacciones orgánicas no son diferentes a las de cerdos, gallos, ratas o perros. Es la actitud erótica de la pareja, pero en particular de la mujer como seductora, el componente que aporta categorías de mayor intensidad al encuentro sexual. Lo erótico, con sus mixtos niveles de posesión y entrega, jamás va a presentarse durante ese intermedio donde la carne hurga solo carne; donde el torbellino de fuego consume lo poético y sugerente del sexo. Tantra auténtico es conocer, mujer y hombre, las posibilidades de extender al máximo el preámbulo, hacia el centro. Y luego desplegar este centro al máximo, después del final.  Las adeptas de Safo conocen más de estos preámbulos que los fogosos nietos de Sileno. Ni una pareja de mariposas copulando, ni un par de hipopótamos apareándose, por atractivos que puedan ser, tendrán características eróticas. El ser humano, con acceso a este nivel de la sexualidad, no disfruta sin embargo dichos potenciales de energía. Hombres y mujeres ignoran que la genitalidad femenina se extiende por todo su cuerpo. Las zonas de carne y placer pueden dilatarse hasta el ámbito sentimental. En el tao del sexo y el tantra de la vía izquierda, Vama Marga, las situaciones eróticas de absorbente seducción ponen al eros mutuo en evidencia. Al hecho de la mujer subir su ropa y  mostrar la parte más reservada de su cuerpo, en Grecia antigua se le llamaba anasurma. En este intermedio, la pareja pierde lucidez al acrecentarse la materialidad. Solo se requiere disfrutar el cuerpo del otro no como meta sino como medio. 

LOS HAIKUS DE LAURA. Umberto Senegal

LOS HAIKUS DE LAURA
Umberto Senegal

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En algún distante pasado de sus lecturas como poeta, Laura Victoria Gallego se encontró con el haiku. Se observaron. Se sintieron afines de alguna manera. Y sin preguntarse mucho el uno por el otro, durante algún tiempo compartieron la obvia y profunda presencia del mundo. Sin historias literarias de por medio. La suya fue una concurrencia tan significativa, tan determinante no solo para su vida sino para la forma de escribir su poesía, que sin inflexibilidades métricas exigidas por la ortodoxia de tal poema pero intuyendo cuanto el haiku como filosofía de la vida revela del propio ser y cuanto a este le rodea, Laura lo adoptó estéticamente, con la certeza de haber hallado en su camino literario una forma de vivir, pensar y sentir, de confrontar la presencia el mundo con sus eventos concretos y pasajeros,  que no se las proporcionaban otros géneros poéticos propios de la lengua castellana. Lo adoptó como expresión literaria de temas, pensamientos, ideas, silencios, alegrías o tristezas que no podía ni quería manifestar con otras formas poéticas tradicionales.Y fueron amigos y confidentes durante algún tiempo. No fue un encuentro fortuito ni superficial. Luego de varios años, sin despedidas ni rupturas, por naturales ajetreos de la vida y exigencias ajenas a lo poético, cada quien siguió por su camino. A todos nos sucede algo similar tan pronto, en esta sencilla estrofa, intuimos y nos conmueven universos que ignorábamos. “También puedo escribir centenares de estos poemas”, dicen muchos. Una de las misteriosas cualidades del haiku: hacer sentir poeta a quien lo lee. Comunicarle un infrecuente sentimiento poético, religioso o filosófico que surge de aquello que en apariencia no contiene rasgos estéticos. Sin embargo, en Laura Victoria su encuentro pretérito con el haiku, donde escribió muchos de estos, sembró imperecederas semillas de aquella paz interior, sosiego contemplativo del espíritu y los sentidos, para vivir el mundo con más proximidad y autenticidad, entre la serena sencillez que solo un encuentro lúcido con el haiku puede proporcionarle a la persona. Bassui se iluminó cuando escuchó correr el agua de un riachuelo. Dicen las escrituras zen: “Cuando un hombre sencillo adquiere conocimiento, se hace sabio. Cuando un sabio adquiere comprensión, se hace sencillo”. Esta pintora y poetisa quindiana desentraña, con el transcurso de los años y su reencuentro con el haiku, otros niveles de sus vivencias poéticas. Laura escucha a diario cuanto por el mundo le habla, le susurra o se silencia, dejándole ver la majestuosa sencillez de lo real. Remolinos de pétalos. Más de un centenar de gráciles haikus, momentos de éxtasis, contemplación estética de aquello que parece trivial o insulso; paz y alegría existencial ceñidas a los tres versos, a la brevedad e ineludible sugerencia de dichos poemas.



PÁJARO DE PIEDRA: BIBIANA BERNAL. Umberto Senegal

PÁJARO DE PIEDRA: BIBIANA BERNAL
Umberto Senegal

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 “Quizá hay un ave, un canto y una mujer/diferentes cada día,/y solo la oscuridad se repite”. La distancia menos desgarrada entre muerte y vida es el recuerdo. Remotas o aledañas, las evocaciones están más cerca de aquella que de la vida. Por eso lastiman. Mortifican en el cuerpo y desesperan el alma. Donde las encontremos, como poetas o lectores de poesía, ellas prefieren los vacíos. Y es aquí donde las encuentra y de donde las desarraiga Bibiana Bernal, la más representativa, activa y trascendente de las nuevas escritoras quindianas, para enseñarnos la naturaleza de sus cantos. De sus silencios. Como se deslizan los vuelos de unos y otros por este consistente libro, Pájaro de piedra, premio de poesía Gobernación del Quindío, 2016. Sin aire. Sin nubes. Pero pájaro libre, sus remembranzas con otros horizontes. ¿El nido donde reposan dichas aves? Un libro de poesía como este, de meticuloso lenguaje y depurada arquitectura formal. Íntimo en sus evocaciones melancólicas, pero capitulando con cuanto observó H.G. Gadamer respecto a la poesía de Hölderlin y Stefan George: “El Yo poético no es, como se suele creer, el Yo del poeta, sino, casi siempre, ese Yo común de cada uno de nosotros”. Congoja en la búsqueda de la expresión literaria mediante el recuerdo, la palabra, y la conciencia del presente: “Se muere tantas veces,/se acumula tanta muerte,/se olvidan los alumbramientos”. Un poema o un verso, o el conexo conjunto de 38 breves textos de orfebrería minuciosa donde cada evocación y momento presente son aleteos sicológicos y filosóficos de dicha ave en vuelo por este profundo libro, hacen del poemario uno de las más consolidados dentro de la nueva poesía regional. A lo largo de sus poemas, es diálogo revelador de las incertidumbres metafísicas de la autora. O del lector que sabe escucharla. Hay que caminar por sus poemas como se camina bajo árboles que dejan caer sus hojas sobre nosotros. Tal vez por esto los textos que comprenden el componente Tierra, son mayoría. Niñez y adolescencia de la autora, asoman cautelosas exponiendo desgarraduras de su alma, sus vivencias familiares y amorosas con velados erotismos no exentos de infortunio y pesadumbre. Concluimos la lectura del libro y la poetisa no se va. Sigue junto a otros poetas. Su  voz literaria,  siempre al nivel de sus lecturas de célebres autores universales, conversando con ellos en cafés donde se sienta a corregir un poema o a leer una noveleta. A bosquejar el sitio por donde vuelan délficas aves de piedra, fuego, tierra o agua, abandonando los espacios de la metáfora y transfigurándose en fatalidades de su vida cotidiana. En el fondo de sus poemas y sus saudades, Empty Space Dance, de Balanescu Quartet.



HAIKU DO, EN VICTORIA EUGENIA GÓMEZ. Umberto Senegal

HAIKU DO, EN VICTORIA EUGENIA GÓMEZ
Umberto Senegal

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La corporeidad literaria del haiku no es solo de carácter sensual, sino espiritual. Seres humanos, animales, la naturaleza con sus signos y cualquier objeto que observemos reverentes, abren la percepción del haijin a revelaciones de un nivel de conciencia privilegiada.  “Cuando las puertas de la percepción están limpias, todo se ve tal como es: infinito y eterno”, afirmó Blake. Intuición suya aplicable a la escritora cartagüeña Victoria Eugenia Gómez quien, con sosegada modestia aflorándole al escribir sus 68 visuales haikus, enuncia en ellos con poética magistralidad cuanto desde la infinitud genera su permeable asombro vital. Por su persistencia formal en el género, es la más notable poetisa de haiku femenino en Colombia. Durante varios lustros, con prudente entusiasmo, he presenciado su proceso de compenetración con tal estrofa. Aunque heterodoxa en su tratamiento, reconoce la necesidad estética y temática de algunos principios ancestrales del haiku. Y los emplea con naturalidad. “Todo haijin debe comenzar su camino asumiendo que la finalidad de este quehacer que ahora emprende, es llegar a armonizarse con la naturaleza”, señala el experto Vicente Haya. Victoria Eugenia carece de aquellos funestos yoes deletéreos para quienes garabateamos prosa o poesía. Siempre silenciosa. Sin arrogantes posturas intelectuales, al lado del haijin Fernando López ha hecho un inteligente recorrido por el género.  Espectadora activa de la belleza humilde, compartiendo espacios y teorías con escritores nacionales e internacionales del género, la suya no es cómoda curiosidad por escribir tal tipo de poesía según sucede con tantos que perciben, transitorios, los sentidos taoístas o zen y la nuclear fuerza estética del haiku. Su primer libro es ejemplo concreto de haiku Do. Desarrollo y madurez de su particular escritura de dicha forma literaria, no como cerebral ejercicio literario sino como facultad interior de diálogo con el mundo, por el estilo de Sonome, Shushiki, Sute-jo. En particular, manteniendo la línea expresiva de Hoshino Tatsuko (siglo XX), fundadora de una divulgada revista de haiku, exclusiva para mujeres. Lunajera (Rompesilencios Ediciones. Cartago, 2012) es vocablo creado por la autora, con íntimos significados encubiertos por la alusiva imagen de la luna. Prologado por el ensayista, poeta, traductor y estudioso del haiku universal, David Lanoue: “Ella percibe las cosas cotidianas que la mayoría de nosotros ignoramos”. Victoria Eugenia, Primera Dama del haiku en Colombia. Escrita sin apetencias literarias pero con la certeza de quien experimenta satori poético donde los demás solo advierten lo obvio, su obra acrisolada ocupa, dentro de la poética del haiku en español, un lugar de antología entre mujeres que lo han escrito en Colombia e Hispanoamérica. Escritora que nada espera de sus haikus, cristalinos espejos capaces de reflejar otros entornos del mundo visible. “¡Cuántas garzas!/ Solo dos flores/ en el urupán”.







VIENTOS ENCONTRADOS: POESÍA SOCIAL. Umberto Senegal

VIENTOS ENCONTRADOS: POESÍA SOCIAL
Umberto Senegal


Vientos encontrados, reciente libro del narrador y poeta montenegrino César Carvajal Henao, agrupa 30 poemas, escritos durante diversos períodos de su incesante actividad literaria. Heterogénea extensión y métrica para moldear, con expresión crítica, mixtos sentimientos, siempre desde su evidente filiación política implicada con el pueblo, las clases trabajadoras, el obrero, el campesino y todos quienes de una u otra manera son relegados por el poder,  abusados por los gobiernos y atropellados por sistemas económicos inicuos. “Quiero un grito que expanda llamaradas/y encienda las conciencias apagadas”, escribe el poeta  deseando, más adelante, que esta voz “se transforme en la triunfal proclama/ de luz, de cambio, de justicia”. En cualquiera estrofa que elija, la palabra de César lleva siempre la impronta social cuyo propósito, más allá de lo estético, engloba lo doctrinal de aquella poesía que pretende  el adoctrinamiento de un receptor de categoría colectiva y naturaleza popular. Para alcanzar los sentimientos y emociones de tal tipo de destinatario, la expresión del mensaje poético, como sucede no solo con este libro de Carvajal sino con toda su obra, desde Voz telúrica, en poesía, hasta Las hostias que bajaban del cielo, cuentos, responde a presupuestos gramaticales y significativos lo más objetivos posibles, propiciando tanto la claridad de ideas expuestas como lo concreto de temas elegidos para compartir con el lector, sin importar su categoría intelectual o académica. Para facilitar la comprensión del poema y del mensaje contenido en este. Uno muy significativo: Abajo las armas en manos de los locos. De alguna manera, al asumir posiciones definidas frente a la injusticia, refleja su quehacer político traducido en versos que hablan del hombre libre. Junto a poemas de amor paternal, fraternidad familiar y melancolía, afinados mediante el verso libre, al evocar canciones de juventud como en su armonioso poema A veces se me olvida que estoy triste, su poesía atestigua también la perennidad del amor, el atrevimiento del erotismo y la cotidianidad de los desencantos. Son muchos años de producción infatigable. Sin presunciones intelectuales. Inquebrantable con aquello que desea comunicar. César afronta, con su escritura, la realidad descarnada del dolor de patria traduciéndolo en estrofas con ritmos dispersos y un sentir donde, sin grandilocuencias literarias, busca el tema de protesta: “Que la palabra no sea vil aliada/de gobiernos oscuros y de sátrapas”. Libro decidido, confirmación de un tópico que la crítica refrenda: la poesía social es política. Su escenografía poética abarca el alma del individuo, los sentimientos de cualquier ser humano que ama o teme. O el dolor de los animales maltratados, como en su poema contra la depravada faena de la tauromaquia. Poesía social, esta de Carvajal Henao, que puede inscribirse en el ámbito crítico de Casaldáliga, Gelman, Benedetti o Cardenal.


CASTRILLÓN: TRES LIBROS. Umberto Senegal

CASTRILLÓN: TRES LIBROS
Umberto Senegal

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Si mediante recapitulada imbricación diegético sociosemiótica de sus tres recientes libros, Dionisio Aymará: El asombro y la agonía (2014); Palabras reincidentes (2014); Obra poética: Julio Alfonso Cáceres (2014), yo aprovechara para esta glosa vocablos de la Tabla de conceptualización literaria diseñada por Castrillón, a partir de la tabla de conceptualización creativa de Broughton, Carlos Alberto sería el copartícipe primero de mi sardónico juego; el segundo, otro Carlos Alberto: el narrador y caricatógrafo Villegas Uribe; y el tercero, un Carlos Alberto más: el poeta Agudelo Arcila. Tales libros denotan su eminente categoría de estudioso y crítico con ilustrada visión para valuar el devenir literario de nuestra región y otros territorios de Colombia y del mundo. Los enfoques lingüísticos de sus juicios, sustentados en el estudio sincrónico de la literatura; su raciocinio literario, como ocurre con el ensayo previo a la compilación de los cuatro poemarios de Cáceres;  la metódica ecuanimidad para examinar un texto en prosa o verso desde autorizados puntos de vista de la pragmática, convalidando sus dictámenes en marcos referenciales concretos, según se observa en su estudio sobre el poeta venezolano Dionisio Aymará, con quien Castrillón cruzó correspondencia, apuntalado en teorías propias del sistema metafórico de Lakoff y Johnson, le dan valía literaria. “El aislamiento del poeta y su desdén por las expresiones nuevas, han hecho difícil que se reconozca su labor dentro de la tradición a la que por estética y tiempo  pertenecería”, aclara Castrillón, expandiendo el ensayo que sobre dicho poeta incluye en Palabras reincidentes, al lado de metódicos estudios sobre los haikus de David Lanoue; la fractalidad en los microrrelatos de Daniil Harms; Ortega y Gasset proponiéndose leer a España desde el Quijote; la metáfora del viaje en la poesía de Alba Lucía Ángel; el ensayo sobre la obra y vida de Reinaldo Arenas, fundamental para quienes investiguen las novelas y cuentos del narrador cubano; y Domitila Barrios, una de las cinco mujeres que abatieron la dictadura del general Hugo Banzer. En el Quindío, lo evidencian estos tres libros junto con otros de investigaciones preliminares, las indagaciones críticas de Carlos Alberto son referentes inexcusables para conocer, entender y juzgar tanto la producción individual de escritores regionales, como la evolución socioliteraria de aquellos mecanismos lingüísticos configuradores del mapa literario regional. Aymará, Cáceres y el heterogéneo conjunto de escritores relacionados en sus libros, no son piezas sueltas de la perspectiva de Castrillón sobre la literatura y sus compromisos con la sociedad, la palabra y la belleza. Por el contrario, tal quehacer intelectual es constante búsqueda, desde la academia o a partir de su introspectiva experiencia lectora, de la configuración cronotópica desacralizante, proteica y receptiva, testimonial o teorética, del trabajo que cumplen los escritores actuales y que realizaron cuantos nos precedieron con sus libros.

BLISS NO BESABA EN LA BOCA. Umberto Senegal

BLISS NO BESABA EN LA BOCA

Para Chiara Lenzi, descubriendo otro Neruda


Josie Bliss, la voluptuosa joven birmana de piel oscura que acicalaba su cabello con hibiscos y alamandas, la siempre lúbrica Josie de anillos en los labios, quien inspiró con sus pasiones eróticos  poemas a Neruda cuando este fue Cónsul Honorario en Rangún, Bliss, delirante remembranza de sexo derramado y mujer moldeada a su antojo por Pablo, en Residencia en la tierra, Extravagario y Memorial de Isla Negra, Josie, amorosa niña de Mandalay pronta para saltar, sin pudorosos estremecimientos, a pantera en celo, experta en lujuriosas técnicas ancestrales del tantra asiático y el budismo Theravada, todo lo consentía, las entradas de su cuerpo se hendían devoradoras, insaciables para Pablo, con la condición de que este no intentara besarla en la boca, golosa felatriz y maestra en el absorbente arte de adoratha, “nunca toleró que yo la besara, nunca permitió que yo posase mis labios sobre los suyos, o que mi lengua recorriese su hilera de dientes, o explorara el cofre de su boca, recuerdo la noche en que me dijo que yo podía disponer de su cuerpo, ocuparla incluso cuantas veces quisiera por su arrabal redondo y erguido, o desfogarme entre sus labios, si me placía, pero que no intentara besarla en la boca”, confiesa Neruda, que ha vivido y a quien luego de conocerle su actitud discriminatoria con su hidrocefálica hija Malva Marina, no doy fiabilidad en todo cuanto cuenta y canta, por ejemplo, los bosquejos poéticos que de Josie Bliss cinceló en los poemas a ella dedicados, lúbrica muchacha de Rangún tal vez no tan maligna ni obsesiva, ni tan criminal como la evoca el chileno, exteriorizando racismo y machismo cuando, refiriéndose a las birmanas, subraya, “las mujeres, material indispensable para el organismo, son de piel oscura, de un olor distinto”, prostitutas de Rangún que además de Bliss, se deslizaron por su lecho, “amigas de varios colores pasaban por mi cama de campaña sin dejar más historia que el relámpago físico”, jóvenes de sensualismo resuelto y complaciente, desbordadas, cuya menguada condición socio-económica las impulsaba a convertirse en efímeras amantes de banqueros, diplomáticos, comerciantes y empresarios británicos, con quienes buscaban alicientes de estabilidad y protección, como sostiene en su ensayo la socióloga Eda Cleary, honrando la imagen de Bliss, dejando en entredicho los ariscos retratos que Pablo bosquejó de Josie la cual, durante ocho meses, manejó con el mestizo latinoamericano energías sexuales que exigen a la mujer no dejarse besar la boca, labios relamiendo cualquier cálida y húmeda zona del cuerpo, menos este inmaculado territorio de tradiciones animistas donde la fusión de la boca masculina y la femenina, mezclando la inhalación y la exhalación, no estaban permitidas por razones de oscuro tantra.






26 MUJERES. Umberto Senegal

26 MUJERES
Umberto Senegal




La Corporación de Cultura y Turismo y la Asociación Amigos del Museo de Arte, exponen en la Galería de la plazoleta Centenario el trabajo artístico de 26 mujeres quindianas, y algunas foráneas radicadas en nuestra región, cuyas obras de heterogéneo contenido establecen algunos puntos  de referencia para deliberar sobre la producción y propuestas que en tal campo desempeñan las mujeres en nuestro departamento. La idea de convocar este variado grupo, surgió de María Cristina Mejía, incorporando en dicho espacio algunas pintoras de señalado itinerario regional y nacional, junto a otras que inician, con paso inequívoco, su labor artística. Ninguna parecida a otra. No hacen parte de escuelas, agrupaciones o movimientos plásticos determinados. Cada cual desde sus virtudes y falencias, hasta donde lo facilitan la disciplina e indagaciones por las esferas del arte, incorporando en sus técnicas el universo particular que afiance sus estilos con los temas elegidos y su percepción crítica del mundo y la sociedad. Firmes en el trabajo que realizan en la privacidad de sus hogares. Solas u orientadas por reconocidos maestros en el arte de la pintura. Sin intención feminista de las curadoras, algo que ovaciono, la totalidad temática de la muestra excluye ciento por ciento la figura masculina como elemento protagónico de las composiciones. En los cuadros expuestos por estas artistas, no figura el hombre como hijo, como padre, amante o metáfora. Lo más varonil es un gallo, en la obra de María Teresa Cruz, contrastando con los bucólicos retratos sáficos y con las dos mujeres embarazadas. Tal mecanismo del enfoque estético femenino, prescindiendo del ingrediente patriarcal, lo celebro al provenir de mujeres que crecieron entre códigos y modelos, monomanías religiosas o políticas, prejuicios, dogmas y exclusiones generados por el poder masculino subvalorando su trabajo artístico. Sin embargo, con excepción de la semidesnuda cubierta por un velo, y la desnuda de invitadoras nalgas evocándonos el macizo culo de la Muchacha en la ventana, de Dalí, en  la mayoría de cuadros prevalecen el pudor, los valores tradicionales expresándose mediante formas y contenidos que no riñen con la sociedad ni la cuestionan. El denominador común: rostros, paisaje urbano o rural, objetos, animales y, consecuente con la exposición, el cuerpo femenino desde lo figurativista hasta el arte abstracto, cruzando por el collage y el fotografismo, con la mujer como vital centro y periferia del arte, deslindada del poder masculino. Dialogué fructuoso con el trabajo de Laura Victoria Gallego, mirándome en los ojos de su indígena;  con el de Silvia Arango, presintiendo a Penélope por allí cerca; con la atormentada adolescente de Adriana Pérez; Lucy Restrepo, con su proximidad a Boris Indrikov; Pilar Fajardo, Marielly Jiménez, Lina María Muñoz, Luz Denis Hernández, Rosa Alicia Labourt, Mónica Salazar, Natasha Zabala y Pilar Fajardo. 26 destinos.

domingo, 18 de diciembre de 2016

PUEBLOS, PARQUES, POETAS
 Umberto Senegal
                                                                       
Para Jorge Iván García, en un parque sin nombre


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Que cada quien establezca un catálogo individual y organice su inventario de libros y poetas para dialogar con ellos en parques de pequeños municipios, si a sus intereses literarios le atañen los pueblos, los parques y la poesía. Por las mañanas. O cuando los ocasos ceden sus penumbras a las luces nocturnas. No todos los poetas concurren al conjuro de parques provincianos. A tal liturgia de lectura, que practico reiterado dentro y fuera del Quindío, el poeta elegido asiste cuando desde mi contemplación peregrina este lugar se transfigura en ámbito de serenidad y belleza. La intelectual complejidad de dicho ejercicio, no es efímero devaneo literario: un poeta y un libro suyo para dialogar con ambos en el parque de un definido pueblo. Entre otros, tengo catalogados los municipios de mi región. En Pijao, de Federico García Lorca, Poeta en Nueva York. En Circasia, de Edgar Lee Masters, Antología de Spoon River. En Génova, de Matsuo Basho, Sendas de Oku. Libros y poetas para un mes. Al siguiente, varían, pero los elijo a partir de tales lecturas. Cada poeta, desde alguno de sus versos envía la metafórica señal indicándome a quién deberé leer después. En Calarcá, de Huidobro, Altazor. En Salento, de Walt Whitman, Hojas de hierba. En Filandia, de Yannis Ritsos, Forma de la ausencia. Los experimento como actos subconscientes de semejanzas emocionales. Complementaciones estéticas, ontológicas y semióticas de lenguajes, signos y musicalidades recíprocas, a través de un sujeto -el lector- capaz de convocar mediante el trance poético un conjunto de autores en espacios geográficos propicios. En Córdoba, de Wislawa Szymborska, El gran número. Fin y principio y otros poemas. En Armenia, de Fernando del Paso, PoeMar. En Montenegro, de Mahmud Darwish,  Menos rosas. En Quimbaya, de César Vallejo, Trilce. Algo sintomático en momentos de lucidez o hechizo: los poemas leídos en horas de la mañana, releyéndolos al atardecer o en la noche me provocan diferentes sentimientos. En Tebaida, de Silvya Plath, Árboles en invierno. En Buenavista, de Fernando Pessoa, Poesía completa de Alberto Caeiro. Del hilo conductor por este laberinto de autores, libros y parques pueblerinos, desconozco su racionalidad pero intuyo un factor Ariadna, que me permite no extraviarme. ¿Qué poetas me harían su médium en parques de azorinescos pueblitos españoles, griegos, rusos o chinos?  Luego de este acto de meditabunda lectura, salgo a recorrer callecitas del pueblo visitado. A contemplar sus casas y escuchar cuanto ya no emerge de los poemas, sino de alguna pared de bahareque, un techo con tejas de arcilla o la gente provinciana con la cual Dios evidencia sus declaraciones de amor por el ser humano. ¿En cuál parque de Herisau me espera Walser?  
POÉTICA DEL SÍ
Umberto Senegal

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Timbiquí. Taraira y Tibú. Tarazá  y Totoró. Guapí. Orito y Piamonte. Murindó, Sardinata, Río Viejo y Lloró. Para quienes caminar por atajos de las montañas o trasladarse por poblados de Colombia es cosmología de espiritualidad y júbilo, cotidiana religiosidad de los sentidos y poética metafísica del espíritu, acompañados por la presencia perenne de Basho, las contemplaciones de Thoreau y las descripciones de Nooteboom, el triunfador y fraterno del plebiscito abrirá puertas que se nos obstruían para encontrarnos con lugares del país donde la prevención imposibilitaba viajar. Rincones de extrema vulnerabilidad. Dabeiba y Lejanías. Mapiripán y Sipí. Barbacoas. Caruru y Cumaribo. Juradó y Bagadó. Segovia. La Macarena. Calamar. Miraflores y Mitú. De vulnerabilidad alta  o media alta. Comarcas que sobrellevaron embates de impetuosa violencia, asistirán, ahora, al reverdecer del turismo como no lo habían vivido durante décadas de abandono y pesadumbre. Una de las líneas de tiempo del postconflicto, llamada Plan de Choque o Victorias tempranas para la paz, según la denomina la Fundación Paz y Reconciliación, donde el pueblo comienza a distinguir algunos de los cambios, considero que será visible para todos en los espacios turísticos.  “No se trata de las transformaciones estructurales a mediano y largo plazo, pero sí de la creación de condiciones que las prefiguren y contribuyan a la indispensable construcción de un clima de confianza nacional e internacional sobre el proceso. En otras palabras, es una acción comunicativa en la que, aún no habiéndose desarrollado las transformaciones estructurales de fondo, la población logra percibir que algo ha cambiado y, de esta manera, construye esa expectativa favorable que acrecienta la legitimidad del proceso”, señala el sociólogo Ariel Fernando Ávila en su ensayo: Lo que hemos ganado. Coordinador del Observatorio de Conflicto Armado de la Corporación Nuevo Arco Iris, consultor de diferentes instituciones nacionales e internacionales. Cuenta con más de treinta publicaciones, producto de investigaciones en temas de conflictos armados internos y de baja intensidad, así como en seguridad urbana. Statitas Kalivas, teórico de los conflictos armados cuyos planteamientos deben estudiar quienes exigen sólidos argumentos sobre el tema, al mencionar las causas locales y regionales que afectan un país, nos muestra la influencia directa que implica esto sobre el aspecto social turístico. Son 281 municipios donde las FARC han hecho presencia. Y otros 300 con manifestación de economías ilegales. Dentro del proyecto Victorias tempranas, la creación de infraestructura local con vías terciarias y navegabilidad fluvial, será uno de tales componentes turísticos para colombianos y extranjeros que los visiten.  Optimista y polifónico Sí, en torno al cual tintinean prosodias, acentos y silabas de ríos, hondonadas, valles, montañas, alcores y serranías, con sus topográficos sortilegios de fauna y flora, entre cadencias de mapalé y bambuco y cumbia y joropo. Pasillos y vallenatos.