martes, 17 de julio de 2012

CUENTOS ATÓMICOS, EN LA OBRA DE ANA MARÍA SHUA




Ana María Shua 

– …

–aunque lo dude usted, poco me inquietan las discusiones y propuestas literarias y académicas de los teóricos respecto al nombre conveniente para los minicuentos. Su escurridiza ligereza formal y de contenidos, su velocidad para conectarse con universos internos de los lectores, los hacen dignos de la cantidad de nombres recibidos. La narradora argentina Ana María Shua, prefiere el de Minificciones, vocablo adoptado luego de utilizar en un comienzo el de Cuentos brevísimos.

– …

–¿no conoce más de cinco? Clara señal de importarle más los parloteos con minicuentistas, que el minicuento mismo. Le nombraré 20, sin especificarle cuáles narradores los propusieron en sus textos aportando ideas a la confusión, pero también a la holgura y la teoría del nombre para el género:  Cue, Cuentículo, Cuento bonsái, Cuento jíbaro, Cuento ultracorto, Ficción mínima, Ficción súbita, Microcuento, Microrrelato, Microficción, Minificción, Nanoficción, Relato de taza de café, Relato hiperbreve, Haikuento, Relato vertiginoso, Cuento atómico, Instantáneas, Textículo, Ucronía. Un término fastuoso, melódico y que nadie ha tenido en la cuenta al escribir sobre tal expresión narrativa, es el de Epífano, formulado por el escritor colombiano  Juan Carlos Botero. Hay cerca de un centenar, cada  cual sustentado con seriedad o humorística desmesura literaria, por quien lo utiliza y confía en sistematizarlo. Ninguno otro de los géneros literarios goza de tan multifacética nominalidad. Estos breves textos se adaptan a decenas de nombres y con todos cumplen sus cometidos. Es una de las virtudes del minicuento: lo versátil de su nombre le facilita adaptarse a exigencias, cualidades y defectos del narrador  o el lector.

– …

– sí, en particular a las fantasías de los críticos, a su lenguaje vacío, a la más gozosa de las argumentaciones hermenéuticas y aclaratorias soñadas por usted. Su ironía me induce a evocar el magnífico cuento El marciano, de Bradbury, en su libro Crónicas marcianas. El protagonista es un ser con habilidades empáticas facilitándole cambiar de imagen sin esfuerzo. Se transforma en los seres rememorados  por quienes se le aproximan.  Este singular marciano, sensible y dúctil a las nostalgias y sufrimientos de cuantos lo rodean, sobrelleva continuas mutaciones, adoptando el aspecto de personas significativas para los individuos próximos a él. Pasa de mano en mano. Va de emoción en emoción y de sentimiento en sentimiento, soportando las formas delirantes del ideal de los colonos bajo  su influencia, hasta fallecer, exhausto entre el gentío suplicante y exigente.

Es uno de los más estremecedores cuentos leídos en mi vida. Turbador, perfecto en su estilo y su argumento, en lo poético de su contenido. Léalo si quiere. Volviendo a su pregunta… ocurre igual con los microrrelatos cuando se relacionan con lectores capaces de apreciarlos, bien para leerlos nada más, o bien para estudiarlos, dándoles un lugar concreto en el desarrollo de  la ficción. Ellos se configuran y toman la forma –como en el cuento del norteamericano– más querida del lector, del observador y el estudioso, diseccionándolos.

– …

tres nombres me agradan y los empleo sin excluir ninguno. Por el contrario, los aderezo con otros que el desarrollo de un ensayo me exija: Minificción, minicuento y microrrelato. Los fusiono y manejo a mi manera, considerando un poco al lector, aunque sin contemplaciones si este se embrolla. A cada cual corresponde ahondar sobre la cuestión del nombre, si le incumben dichas sutilezas.

– …

–  de todas maneras, bienvenidos a las complejidades literarias y teóricas  del género cuantos elijan cualquiera de sus facetas para discurrir sobre ellas. El cuento atómico, con una de sus  horticultoras más ingeniosas en lengua castellana, nombre obligado de cualquier antología y de estudios sobre el microrrelato, Ana María Shua, es el más gráfico por su pequeñez formal: de cero a veinte palabras.  En cuanto  ha transcurrido del siglo XXI, son profusas, eruditas y cerebrales las aproximaciones teóricas a la minificción. Todas legítimas y relativas a su vez. Extraordinarias por sus conceptualizaciones, sus malabares lingüísticos, su singular estética, la originalidad de los investigadores preparados para competir en las exégesis, pretendiendo ser más originales que cuantos con anterioridad han escrito sobre  ella o sobre la obra de un minicuentista en particular. Son muchos los defensores y contrincantes del minicuento a quienes prefiero darles la razón de inmediato, antes que seguir leyéndoles o escuchándoles sus necios argumentos.

–…

– sí, ese cuento atómico de Monterroso, mal citado por usted, como lo hicieron tantos, entre ellos Mario Vargas Llosa y continúan malcitándolo muchos más, es el prototipo clásico: siete palabras expandiéndose y contrayéndose, implosionando y explotando hasta niveles de realidad y de ficción indeterminables. Luego de esta entrevista, tal vez usted vaya y escriba algo semejante, practique su propio juego con El dinosaurio. O querrá imitar alguno de  los cuentos atómicos de Ana María. En alguna parte, el astrofísico Fred Hoyle alertó al mundo diciendo: “Se pueden escribir cinco líneas que destruirían la civilización”. El desarrollo del microrrelato es la paulatina destrucción, en pocas líneas, del universo de las grandes narraciones, mediante algunos centenares de palabras, una página, veinte vocablos y mucho espacio en blanco antes de la palabra, en la palabra y luego de la palabra. De La sueñera me agrada este, con 20 palabras:

                                                                             73

Habéis desobedecido mi orden, dijo el Señor a Adán y Eva. Y sin darles otra oportunidad, los despertó de golpe.

El tema religioso bíblico, lo encontrarán con frecuencia en toda la obra de Ana María. También  es un perfecto cuento atómico, con su introducción, nudo y desenlace tradicionales para el cuento largo, este:

                                                                           149

En su sueño, el ventrílocuo es muñeco. El muñeco, en cambio, suele soñar con la mujer del ventrílocuo.

– …

–  ella nunca los ha escrito bajo tal matiz conceptual, empleando dicha nomenclatura. Aún más, a partir de nuestro diálogo, si lo escucha y le agrada, tendrá calificativo para sus textos más breves. Por ejemplo este, uno de los minicuentos recientes de Shua, representante de la teoría del Clic. “Yo creo en ella”, señala Ana María, “las minificciones necesitan espacio, aire alrededor. Tienen que estar solas en la página y también necesitan espacio cuando se las lee. Una minificción necesita unos 20 segundos de silencio para que se produzca  ese clic de comprensión en la mente”:




Maremoto busca profeta.


Tres palabras para una historia en veinte letras. Ningún título. Nacen con esa forma y medida. Lo que hago es cambiar muchas palabras, pulirlo y tratar de perfeccionarlo”, señaló Shua a Soledad Gallego,  indagando sobre las posibilidades infinitas de la minificción. Bruñir, sustraer, desarraigar lo superfluo, prescindir de una parte de lo necesario. Huyamos, la cazadora de silencios está aquí, gritan por el lenguaje, los párrafos y las frases, cuando Shua comienza a escribir una minificción. Un cuento atómico sin rodeos, comprimido al extremo para permitir su reescritura en la imaginación del lector, con vigorosa identidad discursiva y semántica capaz de hacerlo funcionar como microrrelato.  No son muchos por el estilo y nunca se propuso escribirlos bajo tal medida, considerando la abundante obra de la narradora bonaerense.

– …

– el tiempo de lectura y escritura, sí cuentan. Hoy por hoy, son factores básicos del proceso literario. Dijo Paul Valery esto, aplicable a las microficciones: “Ya ha pasado el tiempo en que el tiempo no contaba. El hombre contemporáneo ya no trabaja en cuanto no es abreviable”. A lo cual hace inteligente acotación Walter Benjamin: “De hecho, ha logrado incluso abreviar la narración. Hemos asistido al surgimiento del short story que, apartado de la tradición oral, ya no permite la superposición de las capas finísimas y translúcidas, constituyentes de la imagen más acertada del modo y manera en que la narración perfecta emerge de la estratificación de múltiples versiones sucesivas”.

– …

– andan dispersos, sin continuidad consciente por parte de la autora, en algunos de sus libros. En Botánica del caos (2000) y Temporada de fantasmas (2004) no hay ningún cuento atómico.  En el primero,  la minificción más breve tiene 23 palabras y, en el segundo, 27.

– …

– esos no son de microrrelatos. La muerte como efecto secundario, es una novela suya publicada en 1997. Tome notas. Debía traer escritos algunos puntos de referencia y darle más seriedad a su trabajo. Informarse mejor, antes de llevar a cabo entrevistas como esta. En cuento ultracorto, los títulos publicados son: La sueñera, minicuentos comenzados a escribir en 1974, desde sus 23 años de edad, pero editados en 1984. Es la obra más valorada por su autora, debido a  la  espontaneidad con la cual fue escrita pero, sobre todo, porque no se esforzaba en publicarla. Pensaba y actuaba solo  para el texto. Aquí incluye los primeros cuentos atómicos en una serie que los convierte, después de Crímenes ejemplares (Méjico, 1957) de Max Aub, en pioneros del subgénero en Latinoamérica. Ninguno tiene título y están  encabezados con números de 1 a 250. Los atómicos son 14, el primero de los cuales en veinte palabras, máxima longitud del cuento atómico, dice:
                                                                           
    41

El sueño es privilegiado territorio del pecado. Terrible lugar donde se cumplen y se castigan los sueños que nada satisface.

Posiblemente cuando comenzó a escribirlos, Ana María Shua no había leído la citada obra  y mucho menos se hallaba bajo la influencia de tal autor, cuyos microrrelatos también carecían de título.  Fueron escritos en el exilio mejicano, haciendo de Aub el padre del cuento atómico en lengua española.

– …

– este de 18 palabras irradia el estilo de Max: “Lo maté en sueños y luego no pude hacer nada hasta que lo despaché de verdad. Sin remedio”. Le recomiendo la serie Epitafios. En algún reportaje debe estar el reconocimiento de Monterroso a su obra. Si no existe, es forzoso inventarlo cuanto antes, para gloria y descanso del espíritu innovador de Aub en la minificción. Luego de La sueñera, viene Casa de geishas (1992) donde hay cinco cuentos atómicos, entre los cuales figura uno célebre, citado e imitado con reiteración y cuyo texto se convertiría en título de un volumen con cerca de 900 páginas, el cual contiene toda su narrativa ultracorta y algunos inéditos (800 textos), escrita hasta 2009:

                                   
                                       ¡Huyamos!

         ¡Huyamos, los cazadores de letras est´n  aqu´!


Otro, desolado, de erótica y sentimental frustración o, por el contrario, si se considera el dorso del microrrelato, capaz de convertirse en la cínica evocación cuantitativa de una prostituta o una curtida ninfómana haciendo cuentas de los hombres con quienes no consiguió hacer sexo. Se incluye en el libro Casa de Geishas (1992) y de él podría decirse, con palabras de Shua al ser entrevistada por Graciela Pucci y María Capasco: “Las minificciones son como traslúcidos fantasmas de los sentidos. Si se las mira de frente desaparecen. Hay que aprender a atrapar, desde una lectura atenta y distraída al mismo tiempo, su significado siempre evanescente”:

                                                        El vasto número

3452, 3453, 3454… Cuenta, para dormirse, el vasto número de los hombres (los imagina saltando una talanquera) que nunca fueron sus amantes.

Estos microrrelatos sí llevan título. En Botánica del caos (2000) y Temporada de fantasmas (2004) no se encuentra ningún atómico. En el primero, el más breve es de 27 palabras. En el segundo,  contiene 23. Más adelante viene la recopilación titulada Cazadores de letras (2009) y el libro Fenómenos de circo (2011).

– …

– ¿se refiere a Thomas Bernhard?
– …
– estoy de acuerdo con usted y con él, y puede aplicarse al sentido del cuento atómico: desde varias décadas atrás, se nos imposibilita sobrellevar nuestra época como un todo. Solo cuando la confrontamos fraccionada y la vivimos en sus partes sin intentar entender la globalidad de cualquier evento, nos resulta tolerable.

– …

– debía preguntárselo a ella misma y no a mí. Shua considera la escritura de hiperbreves “un trabajo de minero. Hay que seguir una veta, encontrar una buena piedra en bruto, pulirla hasta que brille. Se puede explicar el trabajo de cortarla y pulirla, pero la parte de la exploración minera es bastante misteriosa”.

–…

– ¿traía una agenda? Discúlpeme por haberle dicho lo de tomar notas.  Déjeme leer en voz alta ese párrafo por usted señalado, el cual sitúa a la narradora por completo en nuestra época. Voy a leerlo en voz alta, para ambos:

Hay algo que yo adoro y es el género de la minificción. Está teniendo enorme difusión en estos últimos tiempos, en buena parte gracias a internet. Por sus características, es un género adecuado para leer en pantalla. A medida que el soporte mejore y  se haga más agradable, como va a suceder, suplantará al libro. Y no me rasgo las vestiduras. Me parece que va a ser absolutamente positivo. Será una revolución comparable a la  producida por la invención de la imprenta. A mí me preocupa de la literatura, el texto. El soporte no me interesa en absoluto”  El sustentáculo del cuento atómico será aquella tecnología donde el fragmento prevalece para una sociedad, según señaló Bernhard, incapaz de afrontar la época como un todo.

 – …

– de acuerdo, por eso el minicuento como género, asciende. Conquista amplios espacios literarios  contra la desidia de los editores. Asume categorías estéticas, literarias, lingüísticas, filosóficas y  sociológicas de las cuales carecía medio siglo atrás. Toma un lugar fundamental en la literatura y la narrativa contemporáneas. Imposible ignorarla o subvalorarla, hoy por hoy, convirtiéndose en la forma literaria de más viable asimilación, para entrar en contacto con ella a través de múltiples medios. El lector más apático a la lectura, puede ser atrapado por  la presencia física del microrrelato en la hoja de papel o en la pantalla de un computador. Los cuentos tradicionales requieren de lugares específicos para su asimilación, mientras el relato vertiginoso es género de los no–lugares de la lectura. Este de 14 palabras, de Shua, remite a un Shakespeare próximo a Chuang Tse:

                                                                                   94

Lady Macbeth confiesa en sueños el crimen cometido en la vigilia. O al revés.

– …

– los nombres de minicuento, microrrelato y minificción, incluyen diversas presentaciones, variados ropajes de la ficción breve. Uno de estos vestidos decidí llamarlo Cuento atómico. Como tantos estudiosos, lectores y escritores de minificción, cedí a la tentación de un nombre nuevo. Ponerle otro más al microrrelato para acomodarme, con este aporte, en algún modesto lugar de la minificción municipal. La teoría del género gana otra aproximación más, abriéndoles otros espacios de interpretación a los exegetas, como  le ocurre al dinosaurio de Monterroso cuyo perímetro literario se expande cada vez más, con centenares de páginas parodiándolo e interpretándolo.

La designación de cuento atómico nació como juego de nombres para el minicuento, pero  de manera paulatina y zanjada fue volviéndose idea seria. En mis andanzas, hallé centenares de ficciones breves que no superaban las 20 palabras al relatar una historia. Autores consagrados, escritores nuevos con propuestas serias o centenares de personas dispuestas a experimentar con el minicuento, tenían textos por lo regular de cinco a veinte palabras escritas a propósito, o tal vez sin saberlo, como en el caso sobresaliente de Ana María Shua a lo largo de sus libros de microrrelatos.

– …


– … la lectura y escritura del Cuento atómico,  en cuantos ejercen tal obsesión narrativa haciéndola parte esencial de su cotidianidad literaria, es disciplina ineludible para no extinguirse abrumados verbalmente por los cuentos extensos. Categórico recurso contra  el sedante efecto de largas narraciones escritas para quitarnos buena parte de la vida. Los cuentos tradicionales malversan significativa porción de nuestra existencia. ¿Qué nos producen esos centenares de extensos relatos leídos a lo largo de una vida breve? ¿Por qué razón consagrar tanto tiempo a dichas obras? ¿Los autores merecen que nos involucremos con sus extendidos dramas reales o inventados? Todo cuento atómico es respuesta negativa  a estos tres interrogantes. Ana María, desde La sueñera, es maestra de la intertextualidad y la metaliterariedad:


                                                                   103

La vida es sueño, reflexiona el engañado Segismundo. Como si no tuviera, precisamente él, suficientes pruebas de lo contrario.

–…

– no ponga semejante cara con la lectura del anterior texto. En su libro Breve manual para reconocer minicuentos, Violeta Rojo afirma sin ruborizarse, luego de un erudito y reflexivo recorrido por la teoría y práctica del microrrelato: “Como lectores podemos plantearnos que minificción es cualquier texto breve que tanto el autor  como los lectores reconozcan como tal. Lo único que tengo claro es que el rasgo distintivo que verdaderamente agrupa a todos los textos que llamamos minificción es la brevedad. Por tanto, minificción sería cualquier texto breve que alguien considere como tal”. En Casa de Geishas, subrayo este, de los cinco incluidos:

                                                                 El que no espera

La tranquila seguridad de saberse muerto y que alguien venga a golpear (¡con impaciencia!) en la tapa del cajón.

–…

– difícil saberlo y cuanto más lea al respecto, según le sucedió a Violeta, menos claro tendrá el tema. ¿Un ejemplo? Se me ocurre el siguiente y la pregunta puede hacérsela cualquiera, ¿minicuento o chiste? ¿Dónde comienza el uno y termina el otro? ¿Cuáles son las diferencias exactas, en la forma o en el contenido? Leámoslo como microcuento y observemos su efecto en nosotros mismos. Leámoslo como chiste y aumentará la perplejidad sobre el sustrato narrativo del texto:

                                                                    Una rubia

Bush y Rumsfeld están sentados en un bar, bebiendo ambos de la misma botella de cerveza. Entra un hombre quien, sin ninguna compostura, se acerca a preguntarles:

– ¿Qué hacen aquí?
– Planeamos la III Guerra Mundial  –revela Bush.
Con evidente sorpresa, el hombre interroga:
 – ¿En serio? Cuéntenme cuál va a ser su objetivo.
– Bombardearemos con armas nucleares a 140 millones de musulmanes y a una rubia –g Rumsfeld.
– ¿Una rubia? ¿Y por qué desean matar a una rubia? –se conmueve el hombre.
 Bush se vuelve entonces hacia Rumsfeld, corroborándole:
– ¿Lo ves? A nadie le importan 140 millones de musulmanes muertos.

–…

el matemático Herman Weyl afirma: “No es de extrañar que cualquier pedacito de naturaleza elegida (estas gafas o cualquier otra cosa) posea un factor irracional el cual no podemos ni podremos explicar jamás. Lo único que conseguimos hacer es describirlo, como en la física, proyectándolo sobre el telón de lo posible”.  El cuento atómico es un lapidario conjunto de veinte o menos palabras, proyectándose sobre el telón de lo alusivo. Milimétrico en sus consecuencias. Penetrante en su sentido. Puntual en la descripción de una imagen o suceso. El humor puede convertirlo en fina caricatura de un objeto encarnando cualquier ímpetu humano, como en este cuento atómico de 19 palabras, en Casa de Geishas: 

                                                                         108

Yo contra los huevos fritos no tengo nada. Son ellos los que me miran con asombro, con terror, desorbitados.

– …

– sí, es la particularidad de la minificción, más válida cuando se escribe un cuento atómico demandando alta reducción del contenido y rechazando cualquier tentativa de amplitud. El desbordamiento de conceptos y descripciones, los prolijos rodeos donde el autor desea exteriorizarse, son para el cuento tradicional. Herramientas básicas de textos donde este necesita enmarañar pensamientos claros tras de exuberantes palabras. O embrollar palabras con las ideas. De otra manera, considera no contar una historia, no ser escritor de tiempo completo, o que cuanto muestra carece de importancia y no van a entendérselo.
El cuento atómico en Ana María Shua es invitación a leerse a sí mismo en la página en blanco. Por consiguiente, un reto de lectura y escritura para observar la mente en blanco  y percibir, desde aquí, otras voces del drama, niveles subterráneos de la interpretación, nuevas facetas del signo bajo diferentes perspectivas de la historia relatada, como en este atómico de ocho palabras:

                                                                   213

                                       Toda bruja tiene su escoba o la desea.

Esa escoba, es símbolo de fertilidad donde el madero representa al órgano viril y las fibras son el monte de Venus, unión de lo masculino y femenino, plena de esotéricas leyendas, como en Grecia antigua donde, durante la fiesta de antesterias, almas de difuntos visitaban las casas de los humanos para recibir ofrendas y luego ser ahuyentadas barriéndolas con la escoba.

– …

– con sus veinte o menos palabras, este subgénero  de la ficción súbita es vía directa para transformar un párrafo en capítulo; para concebir un renglón como párrafo descubriéndole las historias descritas por el escritor o  las señales ofrecidas por este. Un cuento atómico no va más allá de tres renglones ciñendo un drama con preámbulo, nudo y conclusión, comprimidos al máximo por el narrador.
Lo ocurrido con Joyce es ejemplo de la sinopsis necesaria para escribir un cuento atómico. Un amigo que fue a visitarlo, encontró al escritor inclinado sobre su escritorio, en postura de absoluta impotencia. “¿Qué te pasa, James?”, le preguntó, “¿es por el trabajo?”. Joyce hizo un gesto de asentimiento, sin levantar la cabeza para mirarlo. El trabajo, sí. El arduo oficio de escritor. ¿Podía haber otro motivo? El visitante insistió: “¿Cuántas palabras has escrito hoy? De bruces sobre el escritorio, Joyce reconoció compungido: “¡Siete!”.  “¿Siete?, James, ¡eso  está muy bien, al menos para ti!”, trató de confortarlo su amigo. “Sí”, replicó el novelista, levantando su cabeza, “supongo que sí… ¡pero no sé en qué orden ponerlas!”.

– …

–  los cuentos atómicos son fruición individual de la historia, el incidente y el argumento que siempre actuarán como apertura, paso inicial hacia ninguna parte dentro de lo formal, pero una odisea cuando el lector supone y relaciona y agudiza sus propias fantasías, participando en el juego propuesto. Ana María, parodiando a Kavafis, plantea travesuras literarias como esta:

                                                                      161

Cuando sientas con narices plenas un progresivo atronar de cornamusas, sabrás que te estás aproximando a mi ciudad.



Interrupción de un viaje o un camino, capaces de convertir en cuestión momentánea la perspectiva de un éxodo, Shua revalida, con su ficción breve, que toda lectura extensa es éxodo y todo minicuento feliz arribo a la tierra prometida. No relata cuanto el lector espera se le describa con lujo de detalles, incitándole más bien a imaginar y crear sus propias fantasías. Concede jerarquía activa al lector, de aquí su relevancia dentro de la minificción contemporánea en lengua castellana.

– …

– en un cuento atómico, el escritor comienza el viaje con el lector, pero en el intervalo de las veinte o menos palabras, lo deja a su libre arbitrio literario, filosófico, social o sicológico. La escritura se independiza de lo cuantitativo y se transforma en cualidad, sin la servidumbre de las imágenes o el palabrerío sobrepuesto dentro de la narración. Un cuento atómico es lo narrado, sin la narración. ¿Descubrir y explicárselo todo al lector? ¿Y si se le deja solo y a partir de una imagen evocadora se le enseña a penetrar en sus historias particulares? Como en el haiku, el cuento atómico respeta los intrínsecos universos asociativos del lector consigo mismo y con el texto entre sus manos.

– …            
                                            
– tal forma narrativa permite vislumbrar, entre vocablo y vocablo, los despeñaderos lingüísticos y semióticos del relato. Es un fractal literario, objetivo y subjetivo, formal y abstracto, no comprensible desde elementos propios del cuento tradicional. Se proyecta en el espacio creador de quien lo escribe o lo lee, mediante remembranzas y alusiones, fluctuaciones, contundencias de sus imágenes e incidentes. Ciento por ciento, dicha condensación narrativa es irracional, debido a su perfil no explicativo, a los vacíos creados y extraños horizontes extendidos frente a la mirada del lector.

Una poética anécdota, adecuada para transformarse en cuento atómico, es el recuerdo del escritor Pierre Hourcade, quien estuvo cerca de Pessoa al final de su vida. Declara, perplejo ante la evanescente presencia de Fernando: “Nunca al despedirme, me atreví a volver la cara; tenía miedo de verlo desvanecerse, disuelto en el aire”. Fueron numerosas las veces que Fernando se diluyó en el aire diurno o nocturno de Lisboa, en diferentes lugares, pero pocas personas lo percibieron. Quienes tuvieron la fortuna de vivir tal experiencia, como Aleister Crowley cuando acompañó al poeta por una de las céntricas calles de la ciudad, le dieron extensiones mágicas que en realidad no tenían. Esta afirmación es un estupendo cuento atómico (18 palabras) de fantasmas. Octavio Paz, en un ensayo sobre el escritor portugués reconoce algo semejante cuando lo descubre un “taciturno fantasma del mediodía portugués”.

– …

– los cuentos atómicos estructurándose desde mediados del siglo XX,  vuelvo y le cito a Max Aub, padre del subgénero, pero fusionados a la literatura y la poesía desde millares de años  cuando Dios dijo: “Hágase la luz” (verbo, artículo y sustantivo con exclusión total de adjetivos)  son el placer individual de cuanto en materia narrativa siempre será comienzo, paso inicial hacia ninguna parte. Interrupción consciente del viaje. Viaje por entre los significados. Camino hacia los significantes. La tarea del escritor, afrontándolos con circunspectos estilo y forma, es no contar cuanto el lector espera se le relate con exceso de pinceladas.

 La función de todo cuento atómico es avivar la imaginación del lector hacia sus propias vivencias y su imaginación. Es confianza total en quien lo lee, en su pericia literaria y sus referentes culturales. Al lector se le deja solo. Pocos minicuentistas tan expertos en este oficio, como Ana María. Sabe acompañar al lector hasta el momento preciso de abandonarlo a su suerte. A partir de una imagen escueta y evocadora, se le induce a penetrar en la historia que lee, pero también en sus historias personales, capaz de recrearlas a partir de lo ofrecido por el narrador. Como el haiku lo hace, en cierta forma el cuento atómico respeta los íntimos universos asociativos del lector consigo mismo, con el texto en sus manos y con cuanto el escritor especifica.

Las palabras del título no cuentan dentro de las veinte del texto. En ocasiones, un cuento atómico contiene solo el título, como de manera sarcástica lo representaron en textos suyos Giovanni Papini, en La industria de la poesía; y Gesualdo Bufalino, en El malpensante, con un texto llamado Cuadros. Los cuentos con estructura atómica, son textos narrativos aguijoneando la imaginación del lector hacia sus particulares fantasías. Es la estética certeza del narrador de que no hay ningún motivo por el cualse vea obligado a expresarle todo al lector.

Roland Barthes, explica como el texto literario no está acabado en sí mismo sino hasta cuando el lector lo convierte en objeto de significado con naturaleza plural. Un cuento atómico, a veces sin comienzo ni final  siempre una especie de relato inacabado que por su brevedad se transforma en texto sugiriendo múltiples significados, de acuerdo con sus lectores. 

El principio dramático de “las tres unidades”, es decir, “un hecho en un lugar limitado, con un número limitado de personajes”, dentro del cuento atómico se decanta al máximo para redondear la historia. Este delicado subgénero del microrrelato, es la máxima mutación que el cuento tradicional ha sufrido durante su historia. Es la implosión formal del contenido. Los atómicos que Ana María escribió, son suficientes para mostrarla como una de las pioneras más importantes de tal forma narrativa, extendiéndose día tras día en la lengua castellana.

–…

– ¡Sí!





viernes, 13 de julio de 2012

VERSÍCULOS DEL DEMONIO (5)




5 Revisa los múltiplos sin pensar en el perfume del jazmín.


2 Observa en conjunto las patas de cada buitre que salga de tu piel.


3 Arrúllale a la música algún violín aunque rujan los saxofones.

4 Busca por los parques solitarios y alguna estatua se apiadará, antes del anochecer.


5 ¿Por qué sólo ahora se atrevió a monologar el vino?


6 No pierdas tu tiempo con los muertos, con los vivos ni con los otros.


7 Todo precipicio es una mujer. Consúltalo con el desierto y aprende.


8 Cuando intentes escapar, recuerda que el único lugar seguro es por sobre los verdes guaduales.


9 Lo mejor es no hacer de tu memoria un cementerio pero en caso contrario cuelga campanas.



VERSÍCULOS DEL DEMONIO (4)





4 No temerás a los escarabajos que suben por la pared porque leerás el mensaje de aquellos que caen.


2 Cada persona que se cruza contigo por el andén, es el barrote de una jaula.


3 Ayudarte a que anclemos en las horas antes que las devore el día.

Entré en mí y al cerrar ventanas y puertas descubrí que seguía afuera.


4 Al bombillo no le importan los poemas ni el poeta.


5 Convierte en agujas de polen tus dedos y téjele esperanzas al niño.


6 Reconcíliate con las caídas para no despertar el rencor de los abismos.


7 Podrían proponerte cambiar los atardeceres por un cuadro de Dalí.


8 De los pobres hombres sus voces que tampoco tienen cuerpo.


9 En qué lugares de la palabra busca encontrarse la gente. Si sucede algún encuentro, nada sucede.



VERSÍCULOS DEL DEMONIO (3)





3 Prende una hoguera y aliméntala con hojas de hierbabuena.


2 Acaricia sus manos para que se detengan los relojes.


3 No permitas que la muerte monde tus naranjas. Arrójale semillas del fruto que se desliza hacia el anochecer.

4 Tu insomnio sólo servirá para adivinar dónde termina y comienza la noche en sus ojos.


5 Extiende los brazos por sobre los árboles y entra en la casa donde descansan los patines.


6 Esos perros también ladran donde los escucho un miércoles de ceniza.


7 Desnúdala. Sube al bote y navega sobre el bosque de nubes rojas.


8 Si tus palabras se desgarran sin pronunciarlas, es Alejandra Pizarnik que anuda sus gritos con un hilo de luz de luna.


9 Cúbrete el rostro cuando pase frente a ti el desfile de monjas ancianas flagelándose con las camándulas.


VERSÍCULOS DEL DEMONIO (2)





2 Dios puede ser ese perro callejero que se rasca las pulgas. Acarícialo.

2 No vayas a la montaña. Espera que ella decida venir a ti. Es cuestión de siglos.


3 Cierra pronto los atardeceres aunque te ardan las llaves y aúllen los cerrojos.


4 Podrías contar de tres en tres, recordar a Blake y anudarte la corbata.


5 Cuando te extravíes recuerda que ya estabas perdido.


6 Al final del sótano encontrarás una almohada de seda o  la tumba  de un sufí.


7 Las viejas cortinas siempre colgarán blancas aunque no haya ventanas.


8 Bésala cuando se silencien las campanas.


9 No olvides que tú y ella tuvieron cita en el recuerdo.


VERSÍCULOS DEL DEMONIO (1)





1 Si el árbol se confiesa, no sigas de largo: conviértete en ave o estrena plumaje.


2 Toda piedra del camino tiene algo de ti. Reclámalo con dulzura.


3 Descubre los jueves en cualquier aguacero.


4 Recuerda los verdes –sin gritos- cuando se vayan por la fruta descompuesta.


5 No todos los pasos van hacia la muerte. Hay huellas de cuanto viene.


6 Verás que la gente camina y se saluda o se odia de alguna manera.


7 Pregúntales por qué a las bicicletas blancas.


8 Encuentra palomas o arañas de cualquier color sobre los techos grises.


9 Desconfía de las miradas que expresan los automóviles y los sacerdotes.



miércoles, 27 de junio de 2012

POR FAVOR, PAVOR





A. la memoria de John Coltrane, por A Love Supreme                                                              
                                                                                             

Por favor, Pavor, si tienes una hora para mí, no para él,
sálvalo de despeñarse en los trechos oscuros del día.
Pero sobre todo, en los rincones de la noche
que él considera luminosos. Por favor, Pavor, si tienes
un minuto para mí, no para él, sálvalo de hallar cerradas
las  puertas del silencio en su saxofón. Pero sobre todo, sálvalo
de encontrar atrancados los recintos del lamento en su garganta.
Por favor, Pavor, si tienes un segundo para mí, no para él,
sálvalo tan pronto escuche el ritmo que escruta y por el cual delira.
Sálvalo, Pavor, por favor, aunque me restes del tiempo que tienes para mí.
Por favor, Pavor, protégelo de encontrar la salida de su laberinto.
Afuera lo esperan todos aquellos minotauros del jazz
que preguntan por él durante los insomnios del saxofón.
Por favor, Pavor, sálvalo del oleaje que pronto vendrá del fondo
de su  música y condúcelo a salvo hasta la orilla de las copas quebradas.


LAS 48 LEYES DEL PODER





                                                         
“En general. La sensación de no tener poder sobre la gente y los acontecimientos es  insoportable para nosotros –cuando nos sentimos impotentes, nos sentimos abatidos-. Nadie quiere menos poder: todo el mundo quiere más. Tenemos que parecer justos y decentes. Así que necesitamos ser sutiles: agradables, pero astutos; democráticos, pero arteros”, propone el escritor estadounidense Robert Greene, especialista en estrategia, poder, sexo y seducción.

Enérgico ejemplo, él mismo, de la práctica y realización total de cuanto presenta en sus obras. Su libro Las 48 Leyes del poder (Espasa Calpe, S.A. Madrid, 2000) si no fuese por lo funesto, se podría afirmar que tal tratado de cinismo contemporáneo es un manual sicológico-político del más descarnado humor negro.

En realidad, esta densa obra con más de 500 páginas de lecciones, sugerencias, recomendaciones, consejos para arrollar a otros, y prevenir que nos atropellen donde desempeñamos algún cargo, es una sarta de 48 formidables bofetadas a todo principio ético durante el ejercicio del poder. O para alcanzar el poder y sostenerse en él. Aunque dudo mucho que pueda hablarse de ética y poder juntos.
Glosar el citado manual para el éxito contemporáneo, puede considerarse premeditado acto de inmoralidad literaria o sadomasoquismo bibliográfico, de no ser porque incalculables personas ejercen sobre otras, de manera sutil, indirecta o frontal, la filosofía allí predicada.

 Millares de individuos, en todos los oficios, practican sin recato tales leyes, respaldados por argumentos del triunfo social y la competencia aunque ignoren su formulación y enunciados y no hayan leído la desfachatada obra de Greene, donde estas 48 leyes se desarrollan pormenorizadas, con fruición literaria y regodeo sicológico.

A  Robert debe abonársele su sinceridad para hablarnos sin mojigatería. Seguro de ser escuchado con atención por quienes viven sus enunciados y se reflejan en la síntesis de teorías, pensamientos y filosofías arraigadas a la historia del poder en el mundo.

 Dice el autor: “Tome las 48 Leyes del poder como un manual sobre las artes del engaño. Las leyes están basadas en los escritos de hombres y mujeres que han estudiado y se han hecho expertos en el juego del poder. Estos escritos abarcan un período de más de tres mil años y proceden de civilizaciones tan dispares como la antigua China y la Italia del Renacimiento”.

 La Ley 2, no confiar demasiado en los amigos y saber utilizar a los enemigos, enseña: “No hay que fiarse nunca de los amigos- lo traicionan a uno con mayor rapidez porque sienten envidia con facilidad. También se convierten en unos mimados tiránicos. Pero si se contrata a un antiguo enemigo será más leal que un amigo porque tiene más que demostrar. De hecho, hay mucho más que temer de los amigos que de los enemigos. Si no se tienen enemigos, hay que encontrar la forma de granjeárselos”.

Manual para corruptos en ascenso, o altamente posicionados aspirando a no descender de los estratos jerárquicos donde treparon. Este libro iconoclasta, formula y explica un selecto conjunto de leyes que resumen lo peor de la condición humana, cuando de adquirir y conservar el poder se trata:

1. Nunca le haga sombra a su amo
2. Nunca confíe demasiado en sus amigos; aprenda a utilizar a sus enemigos
3. Disimule sus intenciones
4. Diga siempre menos de lo necesario
5. Casi todo depende de su prestigio; defiéndalo a muerte
6. Busque llamar la atención a cualquier precio
7. Logre que otros trabajen por usted, pero no deje nunca de llevarse los laureles
8. Haga que la gente vaya hacia usted y, de ser necesario, utilice la carnada más adecuada para lograrlo
9. Gane a través de sus acciones, nunca por medio de argumentos
10. Peligro de contagio: evite a los perdedores y los desdichados
11. Haga que la gente dependa de usted
12. Para desarmar a su víctima, utilice la franqueza y la generosidad en forma selectiva
13. Cuando pida ayuda, no apele a la compasión o a la gratitud de la gente, sino a su egoísmo
14. Muéstrese como un amigo pero actúe como un espía
15. Aplaste por completo a su enemigo
16. Utilice la ausencia para incrementar el respeto y el honor
17. Mantenga el suspenso. Maneje el arte de lo impredecible
18. No construya fortalezas para protegerse: el aislamiento es peligroso
19. Sepa con quién está tratando: no ofenda a la persona equivocada
20. No se comprometa con nadie
21. Finja candidez para atrapar a los cándidos: muéstrese más tonto que su víctima
22. Utilice la táctica de la capitulación. Transforme la debilidad en poder
23. Concentre sus fuerzas
24. Desempeñe el papel de cortesano perfecto
25. Procure recrearse permanentemente
26. Mantenga sus manos limpias
27. Juegue con la necesidad de la gente de tener fe en algo, para conseguir seguidores incondicionales
28. Sea audaz al entrar en acción
29. Planifique sus acciones de principio a fin
30. Haga que sus logros parezcan no requerir esfuerzos
31. Controle las opciones: haga que otros jueguen con las cartas que usted reparte
32. Juegue con las fantasías de la gente
33. Descubra el talón de Aquiles de los demás
34. Actúe como un rey para ser tratado como tal
35. Domine el arte de la oportunidad
36. Menosprecie las cosas que no puede obtener: ignorarlas es la mejor de las venganzas
37. Arme espectáculos imponentes
38. Piense como quiera, pero compórtese como los demás
39. Revuelva las aguas para asegurarse una buena pesca
40. Menosprecie lo que es gratuito
41. Evite imitar a los grandes hombres
42. Muerto el perro, se acabó la rabia
43. Trabaje sobre el corazón y la mente de los demás
44. Desarme y enfurezca con el efecto espejo
45. Predique la necesidad de introducir cambios, pero nunca modifique demasiado a la vez
46. Nunca se muestre demasiado perfecto
47. No vaya más allá de su objetivo original; al triunfar, aprenda cuándo detenerse
48. Sea cambiante en su forma

Fatal y seductoramente atractivas estas leyes. Un limpio espejo frente al cual podemos mirarnos despacio, con detalle, sin pérdida de ninguno de nuestros rasgos. Va directo a subterráneos emocionales e ideológicos del hombre, donde no llegan ni gobiernan la moral, la religiosidad ni los valores humanos tradicionales.

Con sus raciocinios y la manera atrevida  de abordar zonas oscuras del ser humano con su irrefrenable y diaria ansiedad de poder, desmigaja cuanta enseñanza le hayan dejado somníferos libros de ética, de autoayuda y superficial espiritualidad.

 Mirando de soslayo, para que nadie advierta cómo se nos desliza la máscara de personas virtuosas y humanitarias, sentimos que al solo enunciado de cada ley algo íntimo nuestro queda perceptible, dejando descubierto al individuo deseoso de aplicar el poder en cualquier rango social, político, económico, intelectual, religioso o cultural donde esté presente.

Greene, al darle cuerpo a tales leyes, puntualizándolas y conceptualizándolas sin miramientos moralistas de ninguna clase, estructurándolas de manera lapidaria y desconcertante por la exposición tan clara que hace de la sicología del poder, en realidad cuanto hace es diseccionar franjas del ser humano que por convencionalismo se ocultan o niegan.

Son seductoras tales leyes. Aunque no se tenga poder, de una u otra manera emergen disimuladas o patentes en la diaria convivencia de los seres humanos. Era ineludible una obra de tal categoría entre millares de inútiles libros de valores y civilidad, de religiosidad nueva era, de negocios para la autoayuda saturando el mercado bibliográfico.  Triviales conferencias y seminarios motivacionales inundando la radio, la televisión, los auditorios, revistas y periódicos, con sus latosas prédicas de transformación personal.

Las 48 leyes del poder, es un libro que  no debe faltar en la biblioteca ni en las interrelaciones cotidianas de ningún líder, de ninguna persona soñando con escalar socialmente, sin escrúpulos de ninguna índole. El grueso volumen es de cómoda lectura. Presenta la Ley, seguida de una aforística sentencia y del desarrollo teórico mostrando las claves del poder. El ejemplar que comento, tiene notas al margen, citas bien rebuscadas y evocadoras, donde el autor esgrime frases de  Goethe, Maquiavelo, Voltaire, Tácito, Montaigne, Clausewitz y Nietzsche, entre otros, para justificar y darle sustento teórico a sus digresiones.
Si alguna autoridad educativa decidiera convertirlo en texto de estudio para escuelas, colegios y universidades, su lectura superaría cualquier Best Seller en la historia de la literatura. Son fáciles de practicar día tras día, en un cotidiano ceremonial de la auténtica sagacidad social, una o más de sus leyes, convirtiéndolas en oraciones matinales y nocturnas.

Las 48 Leyes del poder resume, señala y hace tangible sin eufemismos, las estrategias para confrontar y anular a nuestro prójimo. Para llegar al sitio donde se pretende o conservar el lugar donde se pervive. Encantador libro para la gente de nuestra época. Para quienes deseen visitar su blog, en inglés, pueden ir a powerseductionandwar.com  en el cual pueden hallar una serie de interesantes ensayos sobre el poder. Recomiendo uno en siete partes: The Descent of Power An Interptretation of the Global Economic (El origen del poder: una interpretación de la crisis económica mundial).
  

UN CIRCO POBRE Y MI TIPLE



                                                                 

Voy a relatar la escena más desconsolada que he visto en mi vida de tiplero ambulante por estos pueblos del Quindío…

 A Génova, uno de los municipios más pequeños del citado departamento, el pueblo cafetero cordillerano más atiborrado de verdes cuyas montañas limitan con las nubes y con el vuelo de los gallinazos más osados, donde la única verdemántica que conocí en mi vida me pronosticó mediante la lectura de hojas de yerbabuena que alguien me regalaría la letra para dos de mis composiciones musicales antes de fallecer Shakira, llegó un circo pobre. Muy pobre. Demasiado pobre y por eso tal vez levantaba siempre su pequeña y raída carpa en pueblos arrinconados, pequeños y pobres.

 Me contrataron para tocar tiple mañana y tarde. Una extraña forma de publicidad que no me disgustó porque ofrecieron pagarme con las tres comidas del día. Y porque este tiple, así viejito como lo ven, es mi única compañía. No conocí a mis padres, pero cuando interpreto alguna pieza musical en este berraco tiple, llegan a mis ojos las imágenes de una buena mujer campesina y un buen hombre obrero de la construcción, que tal vez fueron mis padres. No lo sé. Tampoco se lo he preguntado a mi tiple porque se pone muy triste y esto no es bueno para ninguno de los dos.

 Bajo un torrencial  aguacero, una mañana gris cuando nadie venía al circo porque todos en el pueblo habían entrado dos o tres veces y conocían de sobra los actos, llegó el fantasma de un intérprete de jazz. Imagínense ustedes, un intérprete de jazz en un pueblo donde la gente solo escucha al Charrito Negro, a Darío Gómez, a Luis Alberto Posada, Pipe Bueno, Johnny Rivera o Rómulo Caicedo. No era una persona, entiéndanme bien. Era un fantasma auténtico en horas de la mañana. Llegó directo al circo donde nadie lo reconoció. Pues qué les digo…Sin soberbia, yo sí lo reconocí desde cuando venía por la calle, mojado, chorreando agua como si nada pasara.

 A pesar de gustarme el tiple y vivir solo para este instrumento musical, me ha gustado el jazz. A nadie se lo digo. Es como un pecado, no sé. Vaya uno a saber de dónde me nace ese gusto. Lo he tenido a raya con las cuerdas de mi tiple. Lo reconocí pero nada iba a comentarle al dueño del circo. Para qué. Ellos creyeron que era una persona viva, sobre todo cuando les pidió el favor de dejarlo interpretar con su  trompeta varias canciones en mitad de la pista. Había un charco de agua allí pero al fantasma no le importó. Goteras por toda parte en esa carpa.

El fantasma sacó de un estuche su trompeta. Era Clifford Brown. Mientras interpretaba varias canciones yo no sé para quiénes, Clifford fue desvaneciéndose hasta quedar nada más el sonido de la trompeta resonando por todo el circo, Laura, con música de David Raskin. Entonces descubrieron que era un fantasma y se asustaron. Yo les dije, para calmarlos, no lo tomen a mal pero esa es la despedida. Mañana debemos irnos de este pueblo.

No voy a contarles nada más porque están poniendo caras de duda. A mí me pareció muy triste escuchar a un músico como Clifford, bajo la pobre carpa de un circo pobre, en un pequeño pueblo del Quindío, interpretar para nadie, o sería para mí, cinco de sus más populares temas. Al día siguiente, también bajo la lluvia, el circo levantó su carpa y se fue.  

HOJAS DE DIARIO 8




Lunes 11 de marzo.- Si en tu mente habita la poesía, hacia cualquier lugar donde observes encontrarás poemas escritos no con palabras, sino con formas, luces, sonidos, colores y líneas. Todos los contrastes que seas capaz de percibir y ante los cuales te sensibilices. Todas las relaciones entre estos. Delicados o vigorosos matices revelándote la presencia de Dios en el mundo y la presencia del mundo dentro de Dios.

Relatar dichos encuentros utilizando las palabras, los versos, las metáforas, el poema, es  tu siguiente paso  si deseas compartir el milagro. Entonces, en tu mente ya no habitará la poesía. Tu mente será la poesía.
Del poeta persa Rumi, este cuarteto de su libro Divane Shams, traducción de Amir Hossein Fetana, quien tradujo al persa la noveleta Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez:

El pájaro de mi corazón voló tanto,
Que me trajo un mundo de secretos.
Y salió por todas las direcciones
Que trajo los dos mundos en apenas una gota.
    
                                      




NI MEMORIA, NI PUTAS, NI TRISTES




Memoria de mis putas tristes, la nouvelle de Gabriel García, es una obra que no va más allá de sí misma y de sus maniobras publicitarias para atraer morbosos y superficiales lectores con tan dubitativo título. En esta noveleta la memoria del protagonista y, por ende, la del autor, nada evocan respecto al tema advertido. Una y otra, son indeterminadas en su particular nivel: Collado, confuso en la ficción; Gabriel García, desplegando insustancial descoloridos retratos de algún pueblo de la costa Atlántica, sin provecho para nadie.

Putas, si el lector espera encontrarlas describiendo sus agotamientos y ejerciendo sus particularidades eróticas, no hay por ningún lado. Rosa, la veterana proxeneta, ya no ejerce como tal, mientras Delgadina, la adolescente probándose en el oficio, narcotizada con un cocimiento de bromuro y valeriana, no es mancillada por su embelesado mirón. La única tristeza evidente es la del lector, ilusionado con la espera de lances voluptuosos o significativas historias que no aparecen a lo largo del libro ni se insinúan por lado alguno. Ni memoria. Ni putas. Ni tristes. Ni la virtuosidad literaria de un reconocido escritor del cual se esperaba una obra mejor.

Las putas no existen como personajes. Son escueta referencia de un timorato gacetillero, el protagonista, y de un escritor en franca decadencia narrativa: “Hasta los cincuenta años eran quinientas catorce mujeres con las cuales había estado por lo menos una vez. Nunca participé en parrandas de grupos ni en contubernios públicos, ni compartí secretos ni conté una aventura del cuerpo o del alma”. Lo único que Collado se atreve a referir, en un lenguaje donde García exterioriza el costeño procaz, es la sodomización a que somete a Damiana, “casi una niña”, relatada con rabanera prosa: “Tuve que aumentarle el sueldo con el cálculo de una monta al mes, siempre mientras lavaba la ropa y siempre en sentido contrario”.


Esta noveleta de Gabriel García será decepcionante para quienes, embaucados por el título, escruten confidencias del autor evocando pueblerinas meretrices, o quieran encontrarse con la magistralidad literaria de quien produjo para la narrativa latinoamericana El coronel no tiene quien le escriba, una de las más perfectas noveletas de la lengua castellana en el siglo XX.
La senilidad cronológica del personaje, es símbolo de la senectud literaria del escritor colombiano, evidente en sus últimas publicaciones. Afirmaba el notable y olvidado ensayista y novelista italiano Giovanni Papini, que la vejez es una culpa, “acaso la tristeza del viejo no sea otra cosa que el oscuro remordimiento del delito cometido contra sí mismo. El viejo está solo, de una soledad desconsolada, donde el aire se encuentra lleno de augurios homicidas y de ausentes que claman”.

Gabriel García fue incapaz de plasmar la afligida soledad del nonagenario quien, en el fondo, es él mismo, con oscuros remordimientos no exorcizados en su apresurada novela.

Carece esta obra de la dimensión narrativa perceptible en el lírico y sentimental flujo rítmico de El amor en los tiempos del cólera; no tiene la compleja y torrencial estructura de El otoño del patriarca, ni mucho menos la magistral elipsis con la cual El coronel no tiene quien le escriba se ubica entre las nouvelles más bellas e intensas, más dramáticas de la lengua castellana en el siglo XX. Repetido intento de novela breve donde García se queda corto, sin conseguir siquiera la belleza poética de Los funerales de la Mamá grande o de La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada.

El ímpetu metafísico en torno a cuestiones como la muerte, la soledad, el sexo y la vejez, notorio en la estupenda novela breve de Kawabata, modelo del colombiano, está ausente del texto de este, en cuya obra lo subjetivo concede excesivo espacio narratológico a lo objetivo, a las monótonas y bosquejadas descripciones con poco aporte para el ambiente argumental de la novela. Como indirecta persuasión para leer La casa de las bellas durmientes, esta noveleta de Gabriel García justifica su admiración por la del suicida japonés, en su deslucido conato por desarrollar una historia análoga, pero sin ninguno de sus elementos poéticos, filosóficos y sicológicos, ni la sutileza del lenguaje, ni la infausta levedad existencial y el concentrado erotismo que hacen del libro de Yasunari una obra maestra de la novela breve y del erotismo universal.

Esta, de Gabriel García, es una puesta en escena tropical, desteñida y templada, de un erótico evento propio de la estética, la sensibilidad y sexualidad taoísta, con la cual nunca ha tenido la menor proximidad teórica ni literaria. Por ningún lugar se observa aquí la oscilación erótica del novelista o su intento por despertarla en los lectores. Tal vez, como bien lo señaló su biógrafo oficial, el británico Gerald Martin, quien publicó en 2008 la primera biografía autorizada del novelista, García Márquez siente una enorme fascinación por el poder: «Él ha querido ser siempre testigo del poder y es justo decir que esa fascinación no es gratuita, sino que persigue determinados objetivos”. Entre estos propósitos, el erótico no fue ni será el más representativo de su obra.

jueves, 14 de junio de 2012

AGUACERO INJUSTO


                                                 

“Una marcha fúnebre suspendida en la delgada lluvia
                                                                                                                                              Yorgos Seferis

1.    No me pareció razonable
2.    que comenzara a llover en ese momento y no en otro.
3.    Llovía sin importar mis sentimientos.
 4.   Como si no estuviese presente. Como si no fuera yo un ser humano.
 5.    Con pantalones y camisa desgarrados. Triste no sé de qué ni desde cuándo.
 6.    Desolación. No cabe ninguna duda.
 7.    A nadie importaba si yo corría o caminaba lánguido.
 8.    O si me arrastraba. Cuando me llueve, solo existe en mi vida la lluvia.
 9.    Agua abofeteando la cara, golpeando el cuerpo,
 10.   introduciéndose por los rotos vidrios de las ventanas de mi casa.
11.    Nada más.
12.    Agua particular.  Lluvia tan mía,
13.    que a veces pretendo compartirla para no humedecerme tanto el alma.
14.    En vano, individuo considerándome persona entre la gente,
15.    busco obtener presencia bajo la lluvia, entre aguaceros,
16.    con las calles, andenes y parques cada vez más solos.
17.    Por la cantidad de lluvia penetrando en el alma,  puede calcularse
18.    el monto de tristeza saliendo a caminar por las calles, sin orientación fija.
19.    Toda soledad mía está forzada por el agua que cae.
 20.    Y a veces por el granizo.
21.    De este no hablo porque voy a llorar creyendo vivir solo en el mundo.
22.    Pensaré que las ciudades no tienen gente para habitarlas.
23.    Quienes pasan por mi lado son espectros, sueños de algún escritor encerrado en un sótano.
24.    Aguas de lluvia: el agua salpicante, para angustiar;
25.    el agua adelante, para humillarnos;
26.    El agua atrás, para exaltarnos;
27.    el agua por los lados, para devolvernos la fe;
28.    en este momento, el agua desde arriba, bendición de la más directa maldición.
29.    Hace frío pero no importa mientras llueva
 30.    y uno pueda estremecerse libre contra un muro o sostenido
 31.    por recuerdos de la niñez.
 32.    Cuando aguacera, como está aguacerando en este momento,
33.    -yo aguacero, tú aguaceras, él aguacera, nosotros nos inundamos-,
 34.    a nadie atañen inviernos de nadie.
 35.    Si yo estrenara ropa algún día, ese día no llovería.
 36.    A veces quisiera ser perro bajo la lluvia.
 37.    No me avergüenza confesar que una noche
 38.  cuando llovía demasiado y a las calles se les iba su gente por desaguaderos del metro, los     buses y los taxis,
39.    me puse en cuatro patas sobre el suelo
40.    y fui perro durante varias cuadras. ¡Ha sido el momento más feliz de mi vida!

martes, 12 de junio de 2012

CUANDO HACEN EL AMOR





             “Se miran, se presienten, se desean”
                                                                                                                                 
                                                                               
                                                                                Oliverio Girondo 




Son hombre y mujer. Lo saben y lo viven,
mas cuando hacen el amor…

se enleonan, se emperran, se elefantan,
se encanguran, se enratan, se entigran,
se enconejan, se engatan, se encebran,

pero también se besan y se dicen que se aman.

Se emballenan, se entortugan, se enjirafan,
se encerdan, se enrinocerontan, se enleopardan
se  embufalan, se encamaleonan, se emboan,

pero también se besan y se dicen que se aman.

Se empulpan, se ennutrian, se enzorran,
se engorilan, se entapiran, se encamellan,
se enlinzan, se enmangostan, se encoyotan,

pero también se besan y se dicen que se aman.

Se enlagartan, se ardillan, se engaviotan,
se enlangostan, se encigüeñan, se engorrionan,
se encabran, se enfaizanan, se engansan,

pero también se besan y se dicen que se aman.

Se endelfinan, se enkoalan, se enloban,
se enhienan, se enfocan, se enchitan,
se enmorsan, se empingüinan, se encondoran,

pero también se besan y se dicen que se aman.

Se enciervan, se enrenan, se embisontan,
se encastoran, se emburrecen, se armadillan,
se iguanan, se enmoscan, se lemuran,

pero también se besan y se dicen que se aman.

Se enabejan,  se encangrejan, se encaracolean,
se enmurcielaguean, se encomadrejan, se encuervan,
se antilopan, se enchacalan, se avestruzan,

pero también se besan y se dicen que se aman.

Se enyaguaretean, se empirañan, se entapiran,
se endantan, se embabosan, se encalamaran,
se ornitorrincan, se aguilean, se empaloman,

y aunque se engrifan, se unicornian y se endragonan,
siempre se besan y repiten que se aman.