miércoles, 27 de junio de 2012

LAS 48 LEYES DEL PODER





                                                         
“En general. La sensación de no tener poder sobre la gente y los acontecimientos es  insoportable para nosotros –cuando nos sentimos impotentes, nos sentimos abatidos-. Nadie quiere menos poder: todo el mundo quiere más. Tenemos que parecer justos y decentes. Así que necesitamos ser sutiles: agradables, pero astutos; democráticos, pero arteros”, propone el escritor estadounidense Robert Greene, especialista en estrategia, poder, sexo y seducción.

Enérgico ejemplo, él mismo, de la práctica y realización total de cuanto presenta en sus obras. Su libro Las 48 Leyes del poder (Espasa Calpe, S.A. Madrid, 2000) si no fuese por lo funesto, se podría afirmar que tal tratado de cinismo contemporáneo es un manual sicológico-político del más descarnado humor negro.

En realidad, esta densa obra con más de 500 páginas de lecciones, sugerencias, recomendaciones, consejos para arrollar a otros, y prevenir que nos atropellen donde desempeñamos algún cargo, es una sarta de 48 formidables bofetadas a todo principio ético durante el ejercicio del poder. O para alcanzar el poder y sostenerse en él. Aunque dudo mucho que pueda hablarse de ética y poder juntos.
Glosar el citado manual para el éxito contemporáneo, puede considerarse premeditado acto de inmoralidad literaria o sadomasoquismo bibliográfico, de no ser porque incalculables personas ejercen sobre otras, de manera sutil, indirecta o frontal, la filosofía allí predicada.

 Millares de individuos, en todos los oficios, practican sin recato tales leyes, respaldados por argumentos del triunfo social y la competencia aunque ignoren su formulación y enunciados y no hayan leído la desfachatada obra de Greene, donde estas 48 leyes se desarrollan pormenorizadas, con fruición literaria y regodeo sicológico.

A  Robert debe abonársele su sinceridad para hablarnos sin mojigatería. Seguro de ser escuchado con atención por quienes viven sus enunciados y se reflejan en la síntesis de teorías, pensamientos y filosofías arraigadas a la historia del poder en el mundo.

 Dice el autor: “Tome las 48 Leyes del poder como un manual sobre las artes del engaño. Las leyes están basadas en los escritos de hombres y mujeres que han estudiado y se han hecho expertos en el juego del poder. Estos escritos abarcan un período de más de tres mil años y proceden de civilizaciones tan dispares como la antigua China y la Italia del Renacimiento”.

 La Ley 2, no confiar demasiado en los amigos y saber utilizar a los enemigos, enseña: “No hay que fiarse nunca de los amigos- lo traicionan a uno con mayor rapidez porque sienten envidia con facilidad. También se convierten en unos mimados tiránicos. Pero si se contrata a un antiguo enemigo será más leal que un amigo porque tiene más que demostrar. De hecho, hay mucho más que temer de los amigos que de los enemigos. Si no se tienen enemigos, hay que encontrar la forma de granjeárselos”.

Manual para corruptos en ascenso, o altamente posicionados aspirando a no descender de los estratos jerárquicos donde treparon. Este libro iconoclasta, formula y explica un selecto conjunto de leyes que resumen lo peor de la condición humana, cuando de adquirir y conservar el poder se trata:

1. Nunca le haga sombra a su amo
2. Nunca confíe demasiado en sus amigos; aprenda a utilizar a sus enemigos
3. Disimule sus intenciones
4. Diga siempre menos de lo necesario
5. Casi todo depende de su prestigio; defiéndalo a muerte
6. Busque llamar la atención a cualquier precio
7. Logre que otros trabajen por usted, pero no deje nunca de llevarse los laureles
8. Haga que la gente vaya hacia usted y, de ser necesario, utilice la carnada más adecuada para lograrlo
9. Gane a través de sus acciones, nunca por medio de argumentos
10. Peligro de contagio: evite a los perdedores y los desdichados
11. Haga que la gente dependa de usted
12. Para desarmar a su víctima, utilice la franqueza y la generosidad en forma selectiva
13. Cuando pida ayuda, no apele a la compasión o a la gratitud de la gente, sino a su egoísmo
14. Muéstrese como un amigo pero actúe como un espía
15. Aplaste por completo a su enemigo
16. Utilice la ausencia para incrementar el respeto y el honor
17. Mantenga el suspenso. Maneje el arte de lo impredecible
18. No construya fortalezas para protegerse: el aislamiento es peligroso
19. Sepa con quién está tratando: no ofenda a la persona equivocada
20. No se comprometa con nadie
21. Finja candidez para atrapar a los cándidos: muéstrese más tonto que su víctima
22. Utilice la táctica de la capitulación. Transforme la debilidad en poder
23. Concentre sus fuerzas
24. Desempeñe el papel de cortesano perfecto
25. Procure recrearse permanentemente
26. Mantenga sus manos limpias
27. Juegue con la necesidad de la gente de tener fe en algo, para conseguir seguidores incondicionales
28. Sea audaz al entrar en acción
29. Planifique sus acciones de principio a fin
30. Haga que sus logros parezcan no requerir esfuerzos
31. Controle las opciones: haga que otros jueguen con las cartas que usted reparte
32. Juegue con las fantasías de la gente
33. Descubra el talón de Aquiles de los demás
34. Actúe como un rey para ser tratado como tal
35. Domine el arte de la oportunidad
36. Menosprecie las cosas que no puede obtener: ignorarlas es la mejor de las venganzas
37. Arme espectáculos imponentes
38. Piense como quiera, pero compórtese como los demás
39. Revuelva las aguas para asegurarse una buena pesca
40. Menosprecie lo que es gratuito
41. Evite imitar a los grandes hombres
42. Muerto el perro, se acabó la rabia
43. Trabaje sobre el corazón y la mente de los demás
44. Desarme y enfurezca con el efecto espejo
45. Predique la necesidad de introducir cambios, pero nunca modifique demasiado a la vez
46. Nunca se muestre demasiado perfecto
47. No vaya más allá de su objetivo original; al triunfar, aprenda cuándo detenerse
48. Sea cambiante en su forma

Fatal y seductoramente atractivas estas leyes. Un limpio espejo frente al cual podemos mirarnos despacio, con detalle, sin pérdida de ninguno de nuestros rasgos. Va directo a subterráneos emocionales e ideológicos del hombre, donde no llegan ni gobiernan la moral, la religiosidad ni los valores humanos tradicionales.

Con sus raciocinios y la manera atrevida  de abordar zonas oscuras del ser humano con su irrefrenable y diaria ansiedad de poder, desmigaja cuanta enseñanza le hayan dejado somníferos libros de ética, de autoayuda y superficial espiritualidad.

 Mirando de soslayo, para que nadie advierta cómo se nos desliza la máscara de personas virtuosas y humanitarias, sentimos que al solo enunciado de cada ley algo íntimo nuestro queda perceptible, dejando descubierto al individuo deseoso de aplicar el poder en cualquier rango social, político, económico, intelectual, religioso o cultural donde esté presente.

Greene, al darle cuerpo a tales leyes, puntualizándolas y conceptualizándolas sin miramientos moralistas de ninguna clase, estructurándolas de manera lapidaria y desconcertante por la exposición tan clara que hace de la sicología del poder, en realidad cuanto hace es diseccionar franjas del ser humano que por convencionalismo se ocultan o niegan.

Son seductoras tales leyes. Aunque no se tenga poder, de una u otra manera emergen disimuladas o patentes en la diaria convivencia de los seres humanos. Era ineludible una obra de tal categoría entre millares de inútiles libros de valores y civilidad, de religiosidad nueva era, de negocios para la autoayuda saturando el mercado bibliográfico.  Triviales conferencias y seminarios motivacionales inundando la radio, la televisión, los auditorios, revistas y periódicos, con sus latosas prédicas de transformación personal.

Las 48 leyes del poder, es un libro que  no debe faltar en la biblioteca ni en las interrelaciones cotidianas de ningún líder, de ninguna persona soñando con escalar socialmente, sin escrúpulos de ninguna índole. El grueso volumen es de cómoda lectura. Presenta la Ley, seguida de una aforística sentencia y del desarrollo teórico mostrando las claves del poder. El ejemplar que comento, tiene notas al margen, citas bien rebuscadas y evocadoras, donde el autor esgrime frases de  Goethe, Maquiavelo, Voltaire, Tácito, Montaigne, Clausewitz y Nietzsche, entre otros, para justificar y darle sustento teórico a sus digresiones.
Si alguna autoridad educativa decidiera convertirlo en texto de estudio para escuelas, colegios y universidades, su lectura superaría cualquier Best Seller en la historia de la literatura. Son fáciles de practicar día tras día, en un cotidiano ceremonial de la auténtica sagacidad social, una o más de sus leyes, convirtiéndolas en oraciones matinales y nocturnas.

Las 48 Leyes del poder resume, señala y hace tangible sin eufemismos, las estrategias para confrontar y anular a nuestro prójimo. Para llegar al sitio donde se pretende o conservar el lugar donde se pervive. Encantador libro para la gente de nuestra época. Para quienes deseen visitar su blog, en inglés, pueden ir a powerseductionandwar.com  en el cual pueden hallar una serie de interesantes ensayos sobre el poder. Recomiendo uno en siete partes: The Descent of Power An Interptretation of the Global Economic (El origen del poder: una interpretación de la crisis económica mundial).
  

UN CIRCO POBRE Y MI TIPLE



                                                                 

Voy a relatar la escena más desconsolada que he visto en mi vida de tiplero ambulante por estos pueblos del Quindío…

 A Génova, uno de los municipios más pequeños del citado departamento, el pueblo cafetero cordillerano más atiborrado de verdes cuyas montañas limitan con las nubes y con el vuelo de los gallinazos más osados, donde la única verdemántica que conocí en mi vida me pronosticó mediante la lectura de hojas de yerbabuena que alguien me regalaría la letra para dos de mis composiciones musicales antes de fallecer Shakira, llegó un circo pobre. Muy pobre. Demasiado pobre y por eso tal vez levantaba siempre su pequeña y raída carpa en pueblos arrinconados, pequeños y pobres.

 Me contrataron para tocar tiple mañana y tarde. Una extraña forma de publicidad que no me disgustó porque ofrecieron pagarme con las tres comidas del día. Y porque este tiple, así viejito como lo ven, es mi única compañía. No conocí a mis padres, pero cuando interpreto alguna pieza musical en este berraco tiple, llegan a mis ojos las imágenes de una buena mujer campesina y un buen hombre obrero de la construcción, que tal vez fueron mis padres. No lo sé. Tampoco se lo he preguntado a mi tiple porque se pone muy triste y esto no es bueno para ninguno de los dos.

 Bajo un torrencial  aguacero, una mañana gris cuando nadie venía al circo porque todos en el pueblo habían entrado dos o tres veces y conocían de sobra los actos, llegó el fantasma de un intérprete de jazz. Imagínense ustedes, un intérprete de jazz en un pueblo donde la gente solo escucha al Charrito Negro, a Darío Gómez, a Luis Alberto Posada, Pipe Bueno, Johnny Rivera o Rómulo Caicedo. No era una persona, entiéndanme bien. Era un fantasma auténtico en horas de la mañana. Llegó directo al circo donde nadie lo reconoció. Pues qué les digo…Sin soberbia, yo sí lo reconocí desde cuando venía por la calle, mojado, chorreando agua como si nada pasara.

 A pesar de gustarme el tiple y vivir solo para este instrumento musical, me ha gustado el jazz. A nadie se lo digo. Es como un pecado, no sé. Vaya uno a saber de dónde me nace ese gusto. Lo he tenido a raya con las cuerdas de mi tiple. Lo reconocí pero nada iba a comentarle al dueño del circo. Para qué. Ellos creyeron que era una persona viva, sobre todo cuando les pidió el favor de dejarlo interpretar con su  trompeta varias canciones en mitad de la pista. Había un charco de agua allí pero al fantasma no le importó. Goteras por toda parte en esa carpa.

El fantasma sacó de un estuche su trompeta. Era Clifford Brown. Mientras interpretaba varias canciones yo no sé para quiénes, Clifford fue desvaneciéndose hasta quedar nada más el sonido de la trompeta resonando por todo el circo, Laura, con música de David Raskin. Entonces descubrieron que era un fantasma y se asustaron. Yo les dije, para calmarlos, no lo tomen a mal pero esa es la despedida. Mañana debemos irnos de este pueblo.

No voy a contarles nada más porque están poniendo caras de duda. A mí me pareció muy triste escuchar a un músico como Clifford, bajo la pobre carpa de un circo pobre, en un pequeño pueblo del Quindío, interpretar para nadie, o sería para mí, cinco de sus más populares temas. Al día siguiente, también bajo la lluvia, el circo levantó su carpa y se fue.  

HOJAS DE DIARIO 8




Lunes 11 de marzo.- Si en tu mente habita la poesía, hacia cualquier lugar donde observes encontrarás poemas escritos no con palabras, sino con formas, luces, sonidos, colores y líneas. Todos los contrastes que seas capaz de percibir y ante los cuales te sensibilices. Todas las relaciones entre estos. Delicados o vigorosos matices revelándote la presencia de Dios en el mundo y la presencia del mundo dentro de Dios.

Relatar dichos encuentros utilizando las palabras, los versos, las metáforas, el poema, es  tu siguiente paso  si deseas compartir el milagro. Entonces, en tu mente ya no habitará la poesía. Tu mente será la poesía.
Del poeta persa Rumi, este cuarteto de su libro Divane Shams, traducción de Amir Hossein Fetana, quien tradujo al persa la noveleta Memoria de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez:

El pájaro de mi corazón voló tanto,
Que me trajo un mundo de secretos.
Y salió por todas las direcciones
Que trajo los dos mundos en apenas una gota.
    
                                      




NI MEMORIA, NI PUTAS, NI TRISTES




Memoria de mis putas tristes, la nouvelle de Gabriel García, es una obra que no va más allá de sí misma y de sus maniobras publicitarias para atraer morbosos y superficiales lectores con tan dubitativo título. En esta noveleta la memoria del protagonista y, por ende, la del autor, nada evocan respecto al tema advertido. Una y otra, son indeterminadas en su particular nivel: Collado, confuso en la ficción; Gabriel García, desplegando insustancial descoloridos retratos de algún pueblo de la costa Atlántica, sin provecho para nadie.

Putas, si el lector espera encontrarlas describiendo sus agotamientos y ejerciendo sus particularidades eróticas, no hay por ningún lado. Rosa, la veterana proxeneta, ya no ejerce como tal, mientras Delgadina, la adolescente probándose en el oficio, narcotizada con un cocimiento de bromuro y valeriana, no es mancillada por su embelesado mirón. La única tristeza evidente es la del lector, ilusionado con la espera de lances voluptuosos o significativas historias que no aparecen a lo largo del libro ni se insinúan por lado alguno. Ni memoria. Ni putas. Ni tristes. Ni la virtuosidad literaria de un reconocido escritor del cual se esperaba una obra mejor.

Las putas no existen como personajes. Son escueta referencia de un timorato gacetillero, el protagonista, y de un escritor en franca decadencia narrativa: “Hasta los cincuenta años eran quinientas catorce mujeres con las cuales había estado por lo menos una vez. Nunca participé en parrandas de grupos ni en contubernios públicos, ni compartí secretos ni conté una aventura del cuerpo o del alma”. Lo único que Collado se atreve a referir, en un lenguaje donde García exterioriza el costeño procaz, es la sodomización a que somete a Damiana, “casi una niña”, relatada con rabanera prosa: “Tuve que aumentarle el sueldo con el cálculo de una monta al mes, siempre mientras lavaba la ropa y siempre en sentido contrario”.


Esta noveleta de Gabriel García será decepcionante para quienes, embaucados por el título, escruten confidencias del autor evocando pueblerinas meretrices, o quieran encontrarse con la magistralidad literaria de quien produjo para la narrativa latinoamericana El coronel no tiene quien le escriba, una de las más perfectas noveletas de la lengua castellana en el siglo XX.
La senilidad cronológica del personaje, es símbolo de la senectud literaria del escritor colombiano, evidente en sus últimas publicaciones. Afirmaba el notable y olvidado ensayista y novelista italiano Giovanni Papini, que la vejez es una culpa, “acaso la tristeza del viejo no sea otra cosa que el oscuro remordimiento del delito cometido contra sí mismo. El viejo está solo, de una soledad desconsolada, donde el aire se encuentra lleno de augurios homicidas y de ausentes que claman”.

Gabriel García fue incapaz de plasmar la afligida soledad del nonagenario quien, en el fondo, es él mismo, con oscuros remordimientos no exorcizados en su apresurada novela.

Carece esta obra de la dimensión narrativa perceptible en el lírico y sentimental flujo rítmico de El amor en los tiempos del cólera; no tiene la compleja y torrencial estructura de El otoño del patriarca, ni mucho menos la magistral elipsis con la cual El coronel no tiene quien le escriba se ubica entre las nouvelles más bellas e intensas, más dramáticas de la lengua castellana en el siglo XX. Repetido intento de novela breve donde García se queda corto, sin conseguir siquiera la belleza poética de Los funerales de la Mamá grande o de La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada.

El ímpetu metafísico en torno a cuestiones como la muerte, la soledad, el sexo y la vejez, notorio en la estupenda novela breve de Kawabata, modelo del colombiano, está ausente del texto de este, en cuya obra lo subjetivo concede excesivo espacio narratológico a lo objetivo, a las monótonas y bosquejadas descripciones con poco aporte para el ambiente argumental de la novela. Como indirecta persuasión para leer La casa de las bellas durmientes, esta noveleta de Gabriel García justifica su admiración por la del suicida japonés, en su deslucido conato por desarrollar una historia análoga, pero sin ninguno de sus elementos poéticos, filosóficos y sicológicos, ni la sutileza del lenguaje, ni la infausta levedad existencial y el concentrado erotismo que hacen del libro de Yasunari una obra maestra de la novela breve y del erotismo universal.

Esta, de Gabriel García, es una puesta en escena tropical, desteñida y templada, de un erótico evento propio de la estética, la sensibilidad y sexualidad taoísta, con la cual nunca ha tenido la menor proximidad teórica ni literaria. Por ningún lugar se observa aquí la oscilación erótica del novelista o su intento por despertarla en los lectores. Tal vez, como bien lo señaló su biógrafo oficial, el británico Gerald Martin, quien publicó en 2008 la primera biografía autorizada del novelista, García Márquez siente una enorme fascinación por el poder: «Él ha querido ser siempre testigo del poder y es justo decir que esa fascinación no es gratuita, sino que persigue determinados objetivos”. Entre estos propósitos, el erótico no fue ni será el más representativo de su obra.

jueves, 14 de junio de 2012

AGUACERO INJUSTO


                                                 

“Una marcha fúnebre suspendida en la delgada lluvia
                                                                                                                                              Yorgos Seferis

1.    No me pareció razonable
2.    que comenzara a llover en ese momento y no en otro.
3.    Llovía sin importar mis sentimientos.
 4.   Como si no estuviese presente. Como si no fuera yo un ser humano.
 5.    Con pantalones y camisa desgarrados. Triste no sé de qué ni desde cuándo.
 6.    Desolación. No cabe ninguna duda.
 7.    A nadie importaba si yo corría o caminaba lánguido.
 8.    O si me arrastraba. Cuando me llueve, solo existe en mi vida la lluvia.
 9.    Agua abofeteando la cara, golpeando el cuerpo,
 10.   introduciéndose por los rotos vidrios de las ventanas de mi casa.
11.    Nada más.
12.    Agua particular.  Lluvia tan mía,
13.    que a veces pretendo compartirla para no humedecerme tanto el alma.
14.    En vano, individuo considerándome persona entre la gente,
15.    busco obtener presencia bajo la lluvia, entre aguaceros,
16.    con las calles, andenes y parques cada vez más solos.
17.    Por la cantidad de lluvia penetrando en el alma,  puede calcularse
18.    el monto de tristeza saliendo a caminar por las calles, sin orientación fija.
19.    Toda soledad mía está forzada por el agua que cae.
 20.    Y a veces por el granizo.
21.    De este no hablo porque voy a llorar creyendo vivir solo en el mundo.
22.    Pensaré que las ciudades no tienen gente para habitarlas.
23.    Quienes pasan por mi lado son espectros, sueños de algún escritor encerrado en un sótano.
24.    Aguas de lluvia: el agua salpicante, para angustiar;
25.    el agua adelante, para humillarnos;
26.    El agua atrás, para exaltarnos;
27.    el agua por los lados, para devolvernos la fe;
28.    en este momento, el agua desde arriba, bendición de la más directa maldición.
29.    Hace frío pero no importa mientras llueva
 30.    y uno pueda estremecerse libre contra un muro o sostenido
 31.    por recuerdos de la niñez.
 32.    Cuando aguacera, como está aguacerando en este momento,
33.    -yo aguacero, tú aguaceras, él aguacera, nosotros nos inundamos-,
 34.    a nadie atañen inviernos de nadie.
 35.    Si yo estrenara ropa algún día, ese día no llovería.
 36.    A veces quisiera ser perro bajo la lluvia.
 37.    No me avergüenza confesar que una noche
 38.  cuando llovía demasiado y a las calles se les iba su gente por desaguaderos del metro, los     buses y los taxis,
39.    me puse en cuatro patas sobre el suelo
40.    y fui perro durante varias cuadras. ¡Ha sido el momento más feliz de mi vida!

martes, 12 de junio de 2012

CUANDO HACEN EL AMOR





             “Se miran, se presienten, se desean”
                                                                                                                                 
                                                                               
                                                                                Oliverio Girondo 




Son hombre y mujer. Lo saben y lo viven,
mas cuando hacen el amor…

se enleonan, se emperran, se elefantan,
se encanguran, se enratan, se entigran,
se enconejan, se engatan, se encebran,

pero también se besan y se dicen que se aman.

Se emballenan, se entortugan, se enjirafan,
se encerdan, se enrinocerontan, se enleopardan
se  embufalan, se encamaleonan, se emboan,

pero también se besan y se dicen que se aman.

Se empulpan, se ennutrian, se enzorran,
se engorilan, se entapiran, se encamellan,
se enlinzan, se enmangostan, se encoyotan,

pero también se besan y se dicen que se aman.

Se enlagartan, se ardillan, se engaviotan,
se enlangostan, se encigüeñan, se engorrionan,
se encabran, se enfaizanan, se engansan,

pero también se besan y se dicen que se aman.

Se endelfinan, se enkoalan, se enloban,
se enhienan, se enfocan, se enchitan,
se enmorsan, se empingüinan, se encondoran,

pero también se besan y se dicen que se aman.

Se enciervan, se enrenan, se embisontan,
se encastoran, se emburrecen, se armadillan,
se iguanan, se enmoscan, se lemuran,

pero también se besan y se dicen que se aman.

Se enabejan,  se encangrejan, se encaracolean,
se enmurcielaguean, se encomadrejan, se encuervan,
se antilopan, se enchacalan, se avestruzan,

pero también se besan y se dicen que se aman.

Se enyaguaretean, se empirañan, se entapiran,
se endantan, se embabosan, se encalamaran,
se ornitorrincan, se aguilean, se empaloman,

y aunque se engrifan, se unicornian y se endragonan,
siempre se besan y repiten que se aman.




jueves, 17 de mayo de 2012

PEÑAS BLANCAS, LOCOMBOO Y NACUCO



            

A pesar de ser su principal riqueza topográfica, muchos calarqueños no valoran ese monumento natural espléndido, colmado de históricos matices y fecundado por la mítica ensoñación, que es Peñas Blancas, situado en el corregimiento de La Virginia, del nombrado municipio. Codiciando alegóricas riquezas ocultas en sus entrañas, los quindianos han perdido de vista la apreciación de sus auténticos e intasables tesoros, allí siempre visibles para personas que con espiritual sensibilidad peregrinen por estos parajes.

Siglos atrás, Peñas Blancas fue santuario de los indios Pijao. Centro ceremonial de ofrendas e inmolaciones en honor de dioses solares, donde por igual se veneraban altas figuras de su panteón religioso como Locomboo y Nacuco, o ídolos secundarios por el estilo de Lulomoy y Eliani. Su privilegiada ubicación y su estructura ideológica resaltada por las naturales pinceladas blancas, impresas con intensidad sobre las pulimentadas lajas verticales, se han vuelto tan comunes para los habitantes de la región, que se hace necesario redescubrirlas, insistiendo por todos los medios sobre el imponderable valor cultural, ecológico, turístico e histórico que dichas peñas poseen.

Es el único sitio de su género en el Quindío que, con leyenda e historia propia, atavía además su magnificencia paisajística con la literatura que a su alrededor han escrito autores como Rodolfo Jaramillo Ángel, Antonio Cardona, Jaime Lopera, Argelia Osorio y Héctor Ocampo Marín, elementos de los cuales carecen otros bellos ámbitos del departamento.

Lugar de ceremonias Pijao, Peñas Blancas era -y continúa siéndolo- irradiante centro de Poder chamánico desde donde los mohanes orientaban diversas actividades del citado pueblo aborigen. “El control de los poderes sobrenaturales, estaba en manos de los mohanes, verdaderos shamanes, que tenían como misiones fundamentales predecir el resultado de las futuras campañas y curar las enfermedades”, precisa Samuel Lucena Salmoral, el investigador que más se ha ocupado de los Pijao en la conquista, gracias a la oportunidad que tuvo de conocer numerosos documentos inéditos en el Archivo de Indias, en Sevilla, España.

En las grutas de Peñas Blancas se efectuaban prácticas mágico-religiosas en honor de las dos principales divinidades de la mencionada comunidad: Locomboo y Nacuco.El cacique Calarcá fue un influyente hechicero, iniciado en los milenarios secretos precolombinos de los mohanes, quienes “constituían una categoría social muy respetada por el Pijao”, según anota Lucena. Peñas Blancas, dentro del territorio dominado por estos, fue el santuario más célebre y reverenciado  no solo por las funciones religiosas que desempeñaba, sino porque también era centro de las actividades de resistencia de Calarcá contra los españoles. Fue oratorio ocasional de los Putimae, Quimbaya, Bulira, Maito, Cacataima  y los Otaime.

A Locomboo se le describe con rasgos propios de una deidad benévola y propicia. Tiene el significado , no se sabe si lingüístico o religioso, de “abuela del tiempo y abundancia del mismo”, creadora de todas las cosas menos del mundo, En su honra, los Pijao celebraban en las laderas de Peñas Blancas una fiesta anual donde, con paja menuda confeccionaban la figura de una persona, la cual se rellenaba con legumbres, frutas y masato. La subían hasta el sector más inclinado de las laderas circundando a Peñas Blancas, y luego de calcular y marcar en el suelo hasta dónde podría rodar, arrojaban el muñeco cuesta abajo  corriendo todos tras él. Quienes llegaran primero que el muñeco al sitio demarcado, tendrían buena suerte el año venidero. Los rezagados, sufrirían un año funesto.

Tal ceremonia mágica, lúdica y deportiva, tenía un director. Antagónico a Locomboo, era Nacuco, dios malévolo, principio personificador de lo  material, creador del mundo, preservador de la realidad concreta del río y la montaña, del árbol y el ave, el maíz y la batata, la piedra y la semilla. Lucena Salmoral escribe: “Este dios existió en la realidad yfue un indio de grandes poderes sobrenaturales, ya que predecía el futuro y hacía milagros”.

El cacique y mohán Calarcá, hacía parte de la cadena iniciática entroncada con Nacuco,  de aquí su encarnado amor por la tierra y la imposibilidad para aceptar la adversa presencia del invasor ibero. Previo un sencillo ritual chamánico que dispone para soportar la extrañeza de otra realidad, quienes acampen en determinado sector de Peñas Blancas acompañados de rectitud mental, limpios de corazón,  de cuerpo y de sentimientos, experimentarán en altas horas de la noche o comienzo de la madrugada, un particular susurro reverberando a lo largo y ancho de las Peñas. Se distingue con absoluta claridad de cualquier otro sonido. Son claras y peculiares voces de lenguaje incomprensible, pero cuyas modulaciones ejercen reconfortante alivio corporal. Gozoso sentimiento de unificación con el mundo cuyo efecto sedante puede durar hasta siete horas. Son los etéreos rumores del intemporal diálogo que en Peñas Blancas sostienen Locomboo y Nacuco. Conversación melodiosa, absorbente e impositiva.

EL TRINO DEL DIABLO



Si usted es apático a las célicas sonoridades del violín, no lea esta anécdota sobre el extraño origen de una de las más famosas sonatas para dicho instrumento, el preferido del diablo según relatan los demonólogos. Su protagonista fue Giuseppe Tartini (1692 – 1770) músico en cuya vasta obra resaltan más de 150 conciertos para violín. Autor de varios tratados de música. Su perfecta afinación y la destreza de su arco, alcanzaron cimas de inconocible magistralidad. Una de sus particularidades, era la destreza con que hacía los trinos y los dobles trinos.

Su más famosa obra se llama El trino del diablo. Hoy por hoy, cuando se  endilgan a este los desvaríos que comete el hombre, tal composición adquiere contemporaneidad al reconocérsele al oscuro condenado algunas de sus virtudes estéticas, compartidas por él con determinados artistas a lo largo de la historia, como lo sucedido al aventuroso músico italiano. Le prevengo: no se deje incitar por esta glosa ni por afectos hacia las implicaciones sicológicas y órficas del violín. Evite escuchar el cautivante contenido de tal sonata porque puede despertarle fuerzas dormidas que tal vez l convenga dejarlas así. Por suerte, no le encontrará fácil aunque por ahí circule, perturbadora, plena de místicas evocaciones, entre lo mejor de la música clásica, rememorando epopeyas religiosas a los solitarios del espíritu.

Cuando tenía 21 años de edad, circunstancias amorosas obligaron a Tartini a huir de su hogar. Vestido de peregrino se dirigió hacia Roma. En el transcurso del viaje se alojó durante unas semanas en el monasterio de Francisco de Asís donde practicó austeridades con los monjes y mediante monacales rigores cristianos moderó su impetuoso carácter. Una noche, en la contemplativa paz de su celda, soñó que el diablo entraba a la austera habitación, tomaba su violín y con un estilo extravagante, incitador, desconcertante por la características de la ejecución, interpretaba hasta sus mínimos detalles una fantástica pieza musical que hechizó a Tartini, quien desde el sueño asistía embriagado de dicha al desarrollo del mágico concierto. Tan pronto finalizó, el diablo sonrió retador para que despertara y repitiera cuanto él había hecho.

Tartini despertó sobresaltado. Con las notas de la sonata repercutiendo en su mente y  su corazón, se precipitó hacia el violín, dispuesto a no dejar perder la más pequeña nota de su luciferina experiencia. Aunque reprodujo gran parte de la onírica vivencia, otro porcentaje fue imposible traerlo hasta la vigilia creadora. Compuso allí, en el sacro ámbito del monasterio, la Sonata del diablo o El trino del diablo, como se  conoce en la actualidad. Obra de innovaciones técnicas e inauditos recursos formales  marcando el principio de una época para el arte del violín. Los efectos encerraban habilidades desconocidas por los violinistas de aquel tiempo (1713).

Así narró Tartini, al astrónomo Lalande, su experiencia:

Una noche en 1713, soñé que había hecho un pacto con el diablo, sometiéndolo a mi servicio. Mis deseos eran satisfechos por tal criado a quien le di un violín para que interpretara algunas bellas melodías. Mi asombro no tuvo límites al escucharle una sonata singular y hermosa como jamás pudiera concebir. La ejecutó con superioridad e inteligencia. Experimenté tanta sorpresa y arrobo, que perdí la respiración. Esta sensación violenta me despertó. Tomé entonces mi violín con la esperanza de reproducir cuanto escuché pero fue en vano. La pieza que produje es la mejor que haya compuesto, pero es inferior a la soñada. Hubiese roto mi violín y abandonado para siempre la música, si no me hubiera sido posible experimentar los goces de que ella me procuraba.

Doscientos noventa y nueve años después de compuesto El trino del diablo, afloran indescriptibles emociones en quienes escuchamos tal pieza con ceremonial reverencia.


SUBRAYAR UN LIBRO






Abre un libro, Eurídice, y descubre en él que raras veces se confiesa una persona con tanta sinceridad, como cuando lo subraya. Solo al libro subrayado puede creérsele que el lector penetró su contenido. Subrayar es incorporar en tu ser la esencia del libro y la sustancia dramática del autor. Es averiguar cuanto este silenció o escribió en voz baja, llamándonos a diálogos secretos, mediante esos delatores tatuajes que le trazamos a determinadas frases. Subrayar es mirar de frente al autor contarle de nuestras personales identificaciones con su relato. Subrayar, Eurídice, no es solo resaltar determinadas confidencias del escritor, sino también sobresaltarnos con nosotros mismos al vernos reflejados en la frase ajena.

Subrayar un libro es demostrar que leemos con todos los sentidos; es reverenciar lo escrito en la página transformada en altar donde ofrendamos las potencialidades de nuestro pensamiento, tus pensamientos y tus emociones, Eurídice. Quien no subraya un libro pierde la dimensión transpersonal de la lectura. No va más allá de signos, palabras y conceptos impresos. Abstenerse de subrayar es eludir los fantasmas del autor. Me acongojan las personas que dicen haber leído un libro, y al observar el ejemplar lo veo limpio, sin la menor acotación al margen, como si aún sufriera la orfandad que demuestra cuando está en la librería.

Deduzco que tal lector emboza centenares de miedos, es incapaz de confesarse en público. Lee para esconderse de otros y de sí mismo. Un libro sin subrayar es una blasfemia bibliográfica. Quien sobrevoló aquellas páginas no se detuvo a explorar las potencialidades ontológicas y físicas del verbo. Son timoratos de la página impresa a quienes les interesa más conservar del libro su ofensiva pulcritud, que dialogar con su autor y con cuantos luego puedan mirar este subrayado.

Porque hacerlo, Eurídice, es demolerle muros al lenguaje para abrir nuevos caminos a la lectura, la interpretación y la intuición a través del texto. Subrayar un libro es decirle al escritor que estamos con él, que no camina solo en el laberinto de signos y frases que construyó.

Subrayar es darle calor al párrafo prendiéndole fuego a silencios que se manifiestan cuando te detienes en la lectura, para celebrar el ritmo íntimo y público del subrayado. Autor y lector reducen lejanías con el sutil puente de la línea, recta o torcida, leve o intensa que se le borda a la frase que nos impresionó induciéndonos a resaltarla. Subrayar un libro es hacerlo tuyo. Es vernos en cuanto clama el otro. Es encontrarnos con algo del otro que desconocíamos, allí en la visión en la visión individual del otro. Se ama un libro cuando se le acaricia y recorre con subrayados. Cuanto más se subraya mayor es el impacto emocional que ejerce sobre uno. El contacto fisiológico entre el ser del libro y el espíritu de la persona, se produce mediante el ceremonial del subrayado, puesto que es un rito no apto para todo lector. ¿Qué frases subrayaría Jesucristo del evangelio o de algunos libros que tratan sobre él?... ¿Dónde se detendría Sócrates a subrayar los diálogos de Platón?...

Subrayar es un acto de erotismo bibliográfico que desconocen aquellos con pánico a ensuciar el libro. ¡Pobrecitos los libros que no arrancan una caricia al lapicero de sus indiferentes lectores! Subrayar es concertar una cita para dentro de un día o diez años después. El acto de trazar la línea bajo la frase es una acción lúdica de encantamiento, con percusiones holísticas que no voy a revelarte, Eurídice, que tú misma debes experimentar subrayando decenas de páginas y de libros. Te lo aseguro: la línea que se traza en la página, también se está trazando en tu destino. Lo aconsejable es no subrayarlo si lo subrayas sin pasión, sin la convicción de identificarte allí con tus más íntimas verdades.



LA MÚSICA DE AYESHA RADH






Aunque parezca egoísta, hay un motivo obligándome  a no prestar a nadie la secreta música de la intérprete y compositora Ayesha Radh. Ni a mis mejores amigos. Durante un tiempo, fue necesario el silencio sobre su obra, su vida, su pensamiento místico y su desconcertante discografía circulando solo entre determinadas personas. Entre algunos grupos, desafortunadamente propietarios de los derechos y hasta de las enseñanzas Nada-yoga de  la angelical cantante. Sendero que conduce del sonido audible al sonido inaudible o más ultrasutil.  

Ahora, algo es permitido escribir para manifestar en público el asombro, puesto que la música de Ayesha está entre lo milagroso que ha ocurrido en mi vida. Su conciencia órfico-espiritual impregna las metáforas devocionales y mántricas de sus canciones, transformándolas en técnicas de meditación poco usuales en oriente y occidente. Ningún tipo de música que hasta la fecha he escuchado, se parece al Nada-yoga de Ayesha.

Con ninguna he logrado experimentar los momentos de lucidez y beatitud, la percepción alerta que con ella vivencio. Dejo constancia: no soy su discípulo. No pertenezco a ninguna secta oriental ni mucho menos tengo maestros de ningún tipo. En materia de búsquedas interiores, soy un irredento lobo estepario. Ningún gurú está interesado en mí y yo no soportaría a ninguno entrometiéndose en mi solitario sendero. Ni Ayesha, aunque su adolescente hija perturbe mi poesía, mi sexo, mi filosofía...

Es heterogénea la música devocional que poseo. De India. China. Tibet. Japón. Bhajans, mantras, ragas de múltiples comunidades religiosas orientales. La música sufí de Alí Khan Nusrat Fateh. Los ghazales de Nashenas. Los cantos místicos de Shahjahan. Música islámica del ritual Zikr. La hechizante obra musical de Zul-Funun (Bada-i guya). Los cantos devocionales de Krishna Das. Todos me acompañan de día o de noche. En momentos de racional intelecto ocupando mi obra. O en momentos de vacío, donde el escritor desaparece por completo.

Sin embargo, ¿cómo no asombrarme, a partir del conocimiento de dicha música y sus funciones sicológicas y emocionales, sus cualidades místicas y sus efectos fisiológicos, con la voz y las composiciones musicales de Ayesha? ¿Cómo no asombrarse uno con las mágicas tonalidades  de instrumentos raizales de India acompañándola, en particular con el embriagador e hipnotizante  sonido de las tablas, el sitar y la tambura, en insólitas combinaciones que no habíamos escuchado ni siquiera en Ravi Shankar?

Luego de escucharla, no son los mismos el sonido del viento ni el alma de la flauta. En ocasiones, se acompaña con la voz de su hija. La mirada de su hija. El movimiento de manos y brazos y vientre de su hija... Los gestos lúbricos de la boca de su hija, Aishwarya Devdas, iguales que cuando en la soledad de una finca quindiana, me ruega incitante y voluptuosa que continúe leyéndole y releyéndole varias rubaiyyat de Omar Jayyam.

Ayesha es el viento suave o tempestuoso de la música. Y es la música del viento de las montañas del Quindío o del Himalaya, cuando esta cantante decide revelar los secretos propios del Nada-yoga, ese tántrico y sacro conocimiento ancestral con elementos incorporados del mantra-yoga y del kundalini-yoga. ¿Cómo no asombrarse uno con su magistralidad interpretativa, si luego de escucharla no son los mismos los sonidos de la lluvia, ni el murmullo del río, ni el llanto del niño campesino en horas de la noche? Es la lluvia haciendo música con la lluvia  que no alcanzó a caer. Es la música haciendo lluvia con la música que  Ayesha y su hija no alcanzaron a interpretar.

Al escuchar a Ayesha, practicante de Nada-yoga, otras son la neblina de Salento o de Génova, otras las cigarras y los amaneceres cuando viajo hacia Barcelona, mi sitio de trabajo.. Otros son los salmos de las hojas desprendiéndose de los árboles. Otro es el concierto del tulipán africano que encuentro por las veredas de Calarcá y con cuyas flores adorné la cabellera larga de Aishwarya.

No vuelven a ser los mismos Bach, Mozart o Vivaldi. Tampoco vuelve a ser el mismo Paganini, cuando escucho la sublime voz de la nad yogini Ayesha Radh. Si algunas de las múltiples técnicas de meditación que me han otorgado tienen validez en la medida que las practico, la relacionada con la música de Ayesha y el ritual de Maithuna con su hija, sin ninguna duda,  ha sido la más efectiva en mis búsquedas y realizaciones.

Cuanto es melodioso en la naturaleza, tras escuchar cualquiera de las composiciones de Ayesha, adquiere ritmos que no habíamos escuchado, cual si de la escala conocida surgieran otras, de carácter intramolecular. Con Radh no sucede lo afirmado por Gandhi: "La música de la vida corre el riesgo de perderse en la música de la voz".  En esta, la música de la vida se encuentra en  su voz. Es su voz. Su música es de vibraciones en espacios donde solo debía existir el silencio, la respiración de Dios o el vuelo del pequeño insecto multicolor.

¿Cuáles metáforas emplear para dar una mínima idea del efecto de su música? Ella es el suspiro de los quartz. Es la oración de los leptones. Es la luz declarándole su amor a la especie humana mediante ecuaciones religiosas. Es un computador de décima generación canalizando los cantos de Orfeo. Ayesha...¡eres un coro de ruiseñores vocalizando cantos gregorianos! Hari Om. Hari Om. Hari Om.



RASGOS DE PERSONAS AUTORREALIZADAS


                           




Sidney M. Jourard y Ted Landsman, sicólogos humanísticos, son autores del libro La personalidad saludable (Editorial Trillas, Méjico,1997), minucioso y documentado estudio sobre el tema del desarrollo de la personalidad y los factores responsables del desarrollo personal saludable. Está escrito en lenguaje accesible para el profano en sicología, sin detrimento conceptual para los especialistas en tal ciencia.

Su estructura didáctica, cada capítulo con una introducción, un desarrollo y un resumen, hace de la obra una acertada guía para el análisis y observación del desarrollo de la personalidad, introduciéndonos en los modelos teóricos de quienes dedicaron su vida al tratamiento de los problemas emocionales.

Un importante planteamiento de la personalidad saludable, es el de Abraham Maslow, quien explica que la clave para adquirirla es satisfacer necesidades básicas. La realización del yo, no es meta en sí misma, sino producto del propio talento en la búsqueda de la verdad, el amor, la belleza y la justicia. Sin misión concreta en su vida, la persona se frustra al desconocer sus virtudes y capacidades recónditas, asegura Maslow.

El trabajo significativo y productivo, puntualiza este, contribuye al desarrollo de la personalidad saludable. Mediante el estudio de personas a quienes Maslow consideró en proceso de autorrealización, verificó los 15 rasgos esenciales de conducta, propios de individuos capaces de afrontar con inteligencia, comprensión y voluntad, todo tipo de situaciones en su vida cotidiana.

1. Percepción más eficaz de la realidad: El individuo capta fácil los engaños y la carencia de honestidad en quienes lo rodean.

2. Alto grado de aceptación de sí mismo y de los demás: La persona no se siente avergonzada de ser aquello que es, ni se desanima con los defectos ajenos.

3. Espontaneidad, sencillez y naturalidad: El individuo es menos complejo en sus pensamientos, emociones, sentimientos y conducta. Evita involucrarse en conflictos y opta por compañeros que no restrinjan su libertad.

4. Concentración en los problemas: La persona no es problema para sí misma ni para los otros, actitud que le permite dedicarse a cualquier actividad sin interferencias interiores.

5. Necesidad de intimidad: La soledad interior o exterior nunca es dolorosa para la persona. Por el contrario, disfruta de ambientes  que la propicien paraacrecentar en ellos sus virtudes y disciplinas.
6. Alto grado de autonomía: El individuo posee la capacidad de ser leal consigo mismo, con sus ideas, sus sueños y proyectos, sin temor a la crítica ni al rechazo.

7. Frescura continua de apreciación: Es el asombro del individuo ante el mundo. Su amor y reverencia ante cuanto lo rodea. Percibe los detalles singulares en lo común.

8. Experiencias pico: Así denomina Maslow los estados místicos u oceánicos. Es la capacidad de trascender el yo y experimentar otros estados de conciencia.

9. Sentimiento de hermandad: Sensaciones de identificación con lo total. Unificación religiosa con la naturaleza y los seres humanos.

10. Relaciones íntimas con unos cuantos amigos íntimos o personas amadas: Es la capacidad de entrega que la persona tiene, aunque se muestre selectiva con sus relaciones.

11. Estructuras democráticas del carácter : Comprensión de los demás y su aceptación como individuos, no por su raza, posición social, jerarquías o dinero-

12. Fuerte sentido ético: Este se desarrolla al máximo y permite que haya discriminación ecuánime entre el bien y el mal.

13. Sentido del humor: No confunde el alborozo, lo tragicómico, con la burla, con lo grotesco, lo obsceno o ridículo.

14. Creatividad: Rompe con esquemas y goza al crear y abrir nuevos caminos a la imaginación.

15. Resistencia a la presión cultural: El individuo no se somete a los dictados de la moda, a los caprichos sociales ni mucho menos a los patrones culturales vigentes o que los medios de comunicación quieran imponerle.

Estos quince rasgos son característicos de una personalidad saludable, sin importar la edad. Poseer buen número de los mismos, es aproximarse al tipo de ser humano que Maslow considera autorrealizado. Si usted, luego de severo autoanálisis descubre que no reúne por lo menos la mitad, su personalidad es letal y puede tener la certeza de estar perdiéndose el maravilloso espectáculo de la vida. Le recuerdo lo sincero que fue John Donne cuando afirmó: “Yo olvido a Dios y sus ángeles por el ruido de una mosca, por el paso de un por el rechinar de una coche, puerta”. Que la vida nos llene de tales olvidos y nos facilite percepciones semejantes de lo cotidiano.