- Los bellos poemas, cuentos y
novelas que siempre olvido.
- Los excelsos poemas, cuentos y
novelas aún no escritos
- Los subrayados que tracé en mis
libros y no volveré a ver ni a leer.
- Los subrayados que pude haber
delineado en mis libros y no tracé, por falta de atención o escasez de
sensibilidad al leer.
- Los deplorables textos escritos
por otros y por mí.
- Los textos que críticos,
editores y reseñistas pretenden hacerme pasar por excelentes textos.
- Los malos poemas recordados en los
buenos momentos.
- Los buenos libros antiguos y
modernos que nunca leeré y de los cuales nunca conoceré siquiera sus
títulos. Ni sus autores.
- Los escritores afines con
quienes nunca me conoceré. No habrá una sola palabra entre ellos y yo.
- Alguien a quien pudieran gustar
mis textos pero jamás sabrá que existo y escribo.
- Los libros que nunca se
escribirán.
- Los buenos libros escritos que
jamás se publicarán.
- Los malos libros exaltados por
la publicidad y los reseñistas mercenarios.
- Los poetas silenciosos,
trabajando su obra por el gusto de escribirla sin esperar lectores. Ajenos
a intrigas y codicias de editores.
- Los poetas que hablan demasiado.
- Los silencios de veredas
quindianas sin poetas para escucharlos y cantarlos haciendo coro a las
aves.
- Los millares de libros en
bibliotecas públicas y privadas esperando lectores que nunca llegarán.
- Las lecturas siempre
postergadas, cediéndole espacio a la rutina hogareña o laboral.
- Los libros desplazados por otros
libros, sin causarnos remordimientos.
- Nuestros libros, al lado de la
producción mundial de libros.
- Los escritores amigos leyéndonos
siempre sus textos inéditos, sin preguntarnos jamás por los nuestros.
- Los versos leídos, inspirándonos
otros versos que no somos capaces de escribir, pensados y nada más.
- Las páginas, párrafos y líneas
no corregidas, siempre susceptibles de múltiples correcciones.
- Los libros malinterpretados y
los poemas incomprendidos.
- Los buenos libros que pude leer
si no hubiera tenido prejuicios contra sus autores.
- Los malos libros a los cuales
dediqué tiempo sólo por solidaridad literaria con sus autores.
- Los libros en otros idiomas, sin
traducir al español, y que moriré sin verlos traducidos.
- Los libros escritos solo para
vivir vida de inéditos.
- El avance de los medios
tecnológicos que sustituirán al libro.
- La limitación intelectual de
quienes no ven más allá de sus condicionamientos literarios.
- Los poetas del Quindío.
- Los novelistas del Quindío.
- Los cuentistas del Quindío.
- Los minicuentistas del Quindío.
- Mis haikus floreciendo entre el realismo
sucio.
- El realismo sucio llamándome a
diario desde el fondo de mis textos.
- Los soberbios columnistas de
periódicos y revistas capitalinos juzgando la literatura nacional.
- El pobre manejo que del lenguaje
hablado y escrito hacen los periodistas.
- Los versos y poemas soñados que
soy incapaz de traer hasta la vigilia.
- Los subrayados que otras
personas hacen en mis libros.
miércoles, 4 de abril de 2012
MOTIVOS DE TRISTEZA LITERARIA
RETRATOS URBANOS: LA MODELO
"Ella terminó bachillerato el
año pasado, en el colegio de aquí. Es mi hermana mayor, Lorena. En mi casa
somos siete y Lorena es la más bonita de todas.
Yo también soy bonita, me dice mi
mamá cuando me ve triste porque no tengo champú para mi cabello. Soy la más
pequeña pero ya casi cumplo los 11.
Siete sin contar a mi abuelita, que
se la llevaron de la casa antes de morir y desde entonces mi abuelo toma mucha
cerveza, mucha y a veces aguardiente, él vive con nosotros en un ranchito que
se armó en el patio, con desechos.
Mi hermana Lorena fue la reina del
colegio. Quería ser modelo desde la edad mía y cuando ganó para reina en la
semana de la cultura del colegio, los profesores le dijeron que ese era el
primer paso para realizar sus ideales. Varios profesores se lo dijeron y le
ayudaron a comprar la corona y el
vestido para la coronación.
Lorena está ahora trabajando en una
panadería, la de doña Rosario. Antes estuvo vendiendo lápices pero no le fue
bien y le quedaron debiendo mucha plata. Está muy gordita de la barriga. Yo
creo que ya no sirve para modelo. Lorena no quiere trabajar más en la panadería
porque le toca madrugar a las cinco de la mañana.
Ahora está lavando el baño de mi tío.
Yo también quiero ser modelo pero todos me molestan en la escuela porque dicen
que soy gay".
sábado, 31 de marzo de 2012
ESCUCHANDO A MOTHER DE JOHN LENNON
Le cantaste a tu madre y a tu padre.
Los fantasmas no retornan, amigo Lennon. Yo todavía tengo a mi madre pero un
día no creí en lágrimas de mi padre y lo dejé solo, abatido sobre el largo
sillón en la biblioteca. Te cantaste, cuando esas memorias de madre lejana y
padre que no llegaba, no podían continuar en el silencio y suplicaban una
guitarra, una voz.
Solo queda la canción. Mother, producto
de un proceso sicoterapéutico del citado músico con Janov, creador de la
Terapia Primal, hoy por hoy desacreditada, mediante la cual los pacientes encontraban sus auténticos
sentimientos re-experimentando el dolor emocional.
Tienen que marcharse todos de nuestro
lado para reconocer uno la inminencia de la soledad. Cuatro fúnebres campanadas
iniciales tañen todavía, cuando tú y ellos siguen muertos. Cuatro campanadas
llamando a réquiem de la ternura, del te- dije- madre; te- dije- padre; te-
dije- hijo; no- te- dije madre; no –te-
dije- padre; no- te- dije- hijo, al cual solo acudo yo volviendo una y otra
vez sobre el tema, con lágrimas donde mi padre tampoco estaba cuando le llamé,
pero donde -ya adulto- tampoco estuve yo cuando él sollozó su último amor de
senectud.
Me descalabran esas campanadas. Ni tú ni ellos estuvieron cuando debían
estar. Por algún motivo, alguno se iba, despacio o corriendo, de frente o de
espaldas, cuando los demás lo necesitaban. Allí cerca, fue difícil no dejarse
impregnar por las distancias y cada uno, tu madre, tu padre, tú mismo siendo un
niño, cargaron caminos por donde los otros no iban.
UN RELATO DE FILOSOFÍA ANALÓGICA
Este es uno de los evocadores microrrelatos sufís que me agrada
relatar a mis niños de escuela, aunque no los comprendan; a mis compañeros
profesores, aunque afirmen entenderlos; a cuantos estén dispuestos a
escucharlos o se nieguen a conocer tal tipo de literatura objetiva.
En particular a cuantos cargan
cemento…plomo o excrementos en su alma, en su sensibilidad, fondeados en la
sordidez de sus limitaciones del Conocer y del Ser.
Este tipo de ancestrales historias,
hace parte de la monumental colección de formulaciones terrestres más
importantes y secretas, pero a la vez transmitidas en su momento a la
humanidad, donde se almacenan y trasmiten determinadas ideas para el desarrollo
sicológico del ser humano. “En nuestros
días”, señala el neosufí Idries Sha, “no son muchos los individuos capaces de
utilizar correctamente las historias”, y enfatiza, “es un método muy antiguo, aún irremplazable, para
dar forma y transmitir un conocimiento que no puede expresarse de ninguna otra
manera”.
Filosofía analógica. Historias como
la presente y otras para compartir con quienes florezcan por estos escondrijos,
no de mi alma sino de la sabiduría sufí, me socorren para no dejarme absorber
por la sociedad y la época donde sobrevivo. Se encuentra en una breve antología titulada Losmejores relatos
derviches, editorial Long Seller, Argentina (2001), Clásicos de bolsillo.
Un príncipe le dijo a un erudito: “La
conversación de aquel sufí que está allá es tan frívola y general que no creo
que pueda ser auténtico”. El erudito le contestó: “Oh, Emir de Jeques, debes
saber que existen tres formas de Conocimiento Profundo: el conocimiento
profundo conocido por todos; el conocimiento profundo que se da a través del
habla compleja y el conocimiento profundo que se transmite por medios
aparentemente frívolos. Las bromas de aquel sufí han hecho cien santos;
mientras que otros hombres, de aspecto serio y palabras amenazantes, han
hecho…cadáveres. Cierta vez se le dio a un hombre la oportunidad de beber del
Agua de la Vida y se rehusó porque no le gustó la forma de la copa. Si eres
hombre de “formas”, ¿por qué hablas de “profundidad?”.
martes, 27 de marzo de 2012
DECÁLOGO DEL ESCRITOR
1. Cuanto
piensas escribir, tomará otros caminos al escribirlo. Síguelos sin titubear. No
sometas tu escritura a nada ni a nadie. Circunscríbete a tu escritura.
2. Si
aprendes a mirar, el vuelo del zancudo te revelará las intenciones de Dios
contigo y con el mundo. Entonces, cualquier renglón escrito será significativo
para ti, aunque lo ignoren críticos, lectores y editores.
3. Si no
sabes mirar, cambia de oficio. La escritura no es para ti. La poesía no es para
ti. Ninguna letra te pertenece, en realidad. Es fácil: mira hacia afuera cuando
no soportes mirar hacia adentro. Y observa hacia adentro cuando descubras que
todo lo de afuera ya está escrito: lo narró el Creador.
4. Escribe
siempre, aunque no tengas a la mano un lápiz, una hoja o un computador. Escribe
con la mente, escribe sin palabras, pero escribe. En sueños o despierto. Muerto
o vivo, escribe.
5. Habla
solo. Escúchate en medio del ruido de los demás. Debes desarrollar la habilidad
de abstraerte entre la multitud o de mimetizarte con ella.
6. Unos
antes y otros después… todos los escritores pasarán al olvido. Escribe sin
esperar reconocimientos. Esos escritores que te parecen inmortales, pronto
caerán en el olvido. Sus obras, nadie las leerá. Hay millares detrás en iguales
condiciones. Mira la historia de la literatura para no envanecerte.
7. No te
preocupes en preguntarte por qué escribes. Toda respuesta es verdadera, por
contradictoria que parezca si escribes con amor y pasión y no lo haces por
dinero ni por cuestiones sociales. No te
preocupes en responderte por qué escribes. Toda respuesta es falsa.
8. No te
importe dejar textos inconclusos. No fuerces nunca el texto, pero corrígelo
para alcanzar un poco más de belleza.
9. Escribe,
corrige, vuelve a escribir y torna a corregir. Estarás aproximándote a tu
estilo.
10. Cuanto
dije en este decálogo no es válido para ti. Improvisa el tuyo y síguelo o infríngelo. De todas
maneras, hay decenas de decálogos del escritor y a nadie le importa uno más o
uno menos.
miércoles, 21 de marzo de 2012
DE PERROS Y DE LIBROS
¿De dónde surgen determinados temas invitando a escribir, a consultar y compartir con
hipotéticos lectores a quienes tal vez el asunto mencionado los deje
indiferentes? Se materializan en todo lugar y conversación porque los temas convocan
siempre al escritor. Se presentan por sí mismos. Viajan desde diferentes
lugares de la realidad o la imaginación. Desde un libro, o desde un lugar
específico en ámbitos por donde transita el escritor. Sólo se requiere su
interés por cuanto le asombra, sin menospreciar objetos ni ideas, sin
subvalorar personas o circunstancias por distantes que parezcan de su
sensibilidad.
El escritor debe emocionarse con el tema y valorarlo desde disímiles
puntos de vista. El escritor en su oficio, debe repensarlo y recrearlo a partir
de la idea original. De la imagen generada en su habitación o por la calle o
desde el libro en sus manos. La búsqueda de información al respecto, debe ser
placentera y amplia, profunda, sin convertírsele en tarea forzosa e ingrata. Cuando un tema no
se abandona mentalmente y se integra a los sentimientos del autor y a su cotidianidad,
por frívolo que parezca atrae elementos enriquecedores de lo indagado.
Interesantes asociaciones no tardan en presentársele.
De esa trama para compartir,
emergen temas afines convirtiendo el acto literario, el hecho de la escritura,
en evento mágico, de incalculables variables sicológicas y lingüísticas, henchido de posibilidades poéticas y narrativas. Tales semejanzas reduplican
las perspectivas del tema, maneras de enfocarlo, sus relaciones con los géneros
literarios pero, en particular, nos sensibilizan con emociones, sentimientos e
ideas no previstos.
La anterior reflexión sobre
algunos elementos del proceso literario, vale como exordio para relatar mi
encuentro temático con los perros en Caicedonia, Valle del Cauca. Con el
escritor neodadaista Carlos Alberto
Agudelo Arcila, dialogábamos discurriendo sobre posibles títulos para uno
de sus tantos libros de poemas inéditos. Al cabo de algún tiempo y después de
varios títulos, entre juegos de retozonas palabras, vocablos canoros y
chirriadores, conceptos vagos, frases ostentosas y nombres improcedentes,
saltó, batiendo su larga cola, el de Perros
metafóricos, a raiz de la obsesiva aparición de estos en la rutilante
poesía de Agudelo Arcila. Perros como perros y perros como metáforas.
Perros como símbolos y perros para personificar variadas condiciones
del ser humano. A ambos nos atrajo el título. En ejercicio de memorización y a
partir de recordar en aquel momento el libro de poesía Los perros románticos, del chileno Roberto Bolaño, escudriñamos obras
literarias en cuyos títulos se utilizara la palabra perro. La atención recayó
en dicho ejercicio. La idea de perros bibliográficos en poesía, cuento y
novela, mutó en fantasmal perro literario deambulando por la sala, el corredor
y la cocina, mirándonos directo a los ojos, olisqueándonos los zapatos y retando
nuestra memoria. En ese momento, no recordamos más allá de seis títulos, entre
ellos: Los perros hambrientos, de
Ciro Alegría; Ojos de perro azul, de
Gabriel García Márquez; La ciudad y los
perros, de Mario Vargas Llosa; El
coloquio de los perros, de Cervantes y Los
perros de la guerra, de Frederick Forsyth. Bajo los sillones se echaba
Luna, perrita de la familia Agudelo atenta al palabrerío del par de escritores
ladrando para sus adentros. Subsistió el título: Perros metafóricos.
Breve como el de Bolaño y reflejando intenciones filosóficas y estéticas de
Carlos Alberto en su libro.
De regreso a Calarcá, como perro propio, la idea de estos animales en
títulos de obras literarias jadeó tras de mí, melosa e insistente, invitando a
buscar más libros en los citados campos cuyos títulos incluyeran la palabra perro, en singular, plural, femenino o
masculino. No excluí tal obsesión. Todo tema es sugestivo si se circunscribe en
un marco determinado, enriqueciéndolo con información clara. Para el juego de
la literatura, no hay temas trascendentes o vanales. La intensidad del texto
depende de la pasión puesta por el escritor. No puedo dejar de recordar, al
escribir sobre perros, tres chistecitos cándidos aprendidos en mi infancia.
El primero. Un perro aconseja a
otro: “Te ves muy desganado, debías ir donde el veterinario”. “Ya fui y me dijo
que orgánicamente estoy bien”. “Entonces visita al siquiatra”. “No, porque mi
amo me tiene prohibido subirme a los sofás”.
El segundo, un poco trágico. Un señor entró a una cantina y en voz alta
dijo: “¿Quién es el dueño del gran danés que está afuera? Mi chihuahua lo mató…
¡Se le quedó atrancado en la garganta!”.
Y el tercero… Un perro está en venta. Un cliente se acerca y el animal
le advierte : “Mi amo me pega y no me da de comer. Me tiene envidia porque he
ganado varios premios y medallas. No me deja dormir ni me lleva a pasear. Hoy
cumplo cinco meses sin aparearme”. El cliente, estupefacto, se dirige al dueño
diciéndole: “Oiga, este perro es una maravilla. ¿Por qué quiere venderlo?”. “Es
muy mentiroso y manipulador”, responde aquel.
Tan pronto llegué de Caicedonia
-por aquellos días no tenía internet en mi hogar- revisé el índice de
autores de la célebre Colección Austral, Espasa-Calpe de Madrid, entre cuyos
1.298 títulos del libro consultado solo encontré dos con la exigencia requerida: La señora
del perro, de Anton Chéjov y El perro
del hortelano, de Lope de Vega. Nada más, entre tan copiosa bibliografía. Encontré, sí,
cabras, toros, esfinges, leones, bueyes, sirenas, tigres, ciervos y ruiseñores.
Nuevos temas. Otras ideas solicitando atención y párrafos. Buscando aterrizar
en las páginas en blanco. Entre todos, el perro es el animal frecuente en
títulos de obras literarias. Prevalece sobre los demás animales. Conservo entre
mis notas de agenda y tareas para realizar, un fabuloso zoológico de títulos
con tales características.
En otros catálogos revisados, no encontré uno solo. Esto aumentó mi
interés por la indagación propuesta. Luego apareció internet, con sorprendentes
resultados y sitios semejantes a los del propósito en mente. Por allí trajinaban
jaurías protagonistas de obras
literarias antiguas y modernas. El mejor amigo del hombre no descansaba en el
hogar nada más. También hacía parte de su existencia en la literatura. El
placer literario de la consulta da intensidad al hecho de la escritura.
Revitaliza textos incrementando sus posibilidades de expresión. Un elemento
básico para el escritor en su oficio, debe ser la tenacidad con cuanto pretende
decir, con las palabras próximas a nacer o con aquellas en desarrollo.
No contemplo la posibilidad remota de un periodista, un columnista, un
poeta, cualquier trabajador de la palabra, afirmando carecer de temas para
escribir. Algo inaudito. Además de
internet, otras fuentes nutrieron mi
obsecación en jubiloso recorrido por libros y autores de varios siglos,
experiencia que no quedó solo dentro del
ámbito literario. En la calle, cuando observo perros y los relaciono con
fastuosos títulos encontrados, hay en
tal percepción otros niveles de fraternidad para con estos. Dejan de estar
distantes de mi conocimiento. Surge con ellos una familiar proximidad donde el
afecto nos hermana.
Mi imaginación los engalana con cualidades resaltadas por títulos de
los libros. En perros reales cercanos a mi rutina de profesor y escritor,
encarnan metáforas del afecto y la lealtad. Para mí es una fiesta cotidiana de sensaciones,
sentimientos e imágenes transformándome a cada perro en una revelación de la
vida. Este ejercicio, dándoselo a conocer a estudiantes de escuelas, colegios y
universidades, sensibles frente a tales compañeros del hombre, podría
convertirse en factor de inducción para la lectura y el respeto hacia los
perros parias. No recopilé títulos en otros idiomas. Solo en español.
Los perros llevan junto al hombre 14.000 años acompañándole y
justificándole su sentido de la amistad. ¿Cuál amante de los perros y la
literatura, extravagante y cariñoso, coleccionaría libros de cuentos, poesía,
novela, teatro y ensayo, donde los títulos tengan la palabra perro? Conozco
centenares de manías y decenas de maniáticos y colecciono coleccionistas de
todo tipo de objetos, pero tal vez el único capaz de hacerlo es Gog, personaje
excéntrico de dos satíricos libros del
escritor italiano Giovanni Papini. Entre las reglas de mi búsqueda, me propuse no incluir títulos de libros
ajenos a lo literario.Estos son algunos:
El perro rabioso, de Horacio Quiroga. Cuentos.
Corazón de perro, de Mijaiel Bulgakov. Novela.
Oscar, un perro entre los
hielos, de Nils Lied. Novela.
La balada de la playa de los
perros, de Cardoso
Pires. Novela.
Los perros de Riga, de Henning Nankell. Novela.
La dama de los perros, de María Eugenia Leefmans. Novela.
Perros héroes, de Mario Alfredo Bellatin. Novela.
Suerte de perros y otras
historias. José Fernández de la Sota. Cuentos.
El perro y la calentura, de Pedro de Espinoza.
El curioso incidente del perro
a medianoche, de Mark Haddon. Novela.
Los perros del paraíso, de Abel Posse. Novela.
La paseadora de perros, de Schnur Leslie. Novela.
Volveré con mis perros, de Ednodio Quintero. Cuentos.
La isla de los perros, de Patricia Cornwell. Novela.
La perromaquia, de Pisón y Vargas.
Perromaquia, de Nieto y Molina.
El perro de Baskerville, de Arthur Conan Doyle. Novela.
Los perros mudos, de Miguel Barnet. Fábulas.
Dos perros y una abuela, de Olga Morkman. Novela.
El perro acomplejado, de Altair Tejada. Cuentos.
Un perro amarillo, de Walter Mosley. Novela.
Perro blanco, de Romain Gari. Novela.
El perro canelo, de George Simenon. Novela.
El perro de Arturo, de Ginnete Anfousse. Novela.
El perro de colores, la oveja
negra y la liebre miedosa, de Irina Korschnow. Novela.
El perro de Dostoiewski, de Luis Martínez de Mingo. Novela.
El perro de Isabel, de Jesús Ballaz Zabalza. Cuentos. El perro de
Pablo y Ana. Cuentos.
Perro de mar Williams y el
norte congelado, este es el cuarto terrible cuento del espectro espeluznante, de Vivian French. Cuentos.
El perro de terracota, de Andrea Camilleri. Novela.
El perro del capitán, de Ricardo de la Vega y Oreiro. Teatro.
El perro del cerro y la rana
de la sabana, de Ana María Machado. Cuentos.
El perro diabólico, de Frederick Marryat. Novela.
El perro Dín-Dón, de Blanca de los Ríos. Novela.
Harry es un perro con las
mujeres, de Jules Feiffer. Novela.
El perro, el chivo y los
tigres, de Aquiles Nazoa. Cuentos.
El perro, el coyote y otros
cuentos mejicanos, de varios autores. Cuentos.
Un perro en la casa del amor, de Alex Fleites. Poesía.
El perro loco, de
José Luis Castillo. Novela.
El perro malo, de Enid Blyton. Cuentos.
Perro negro en Manila, de Alex Garland. Novela.
Relataré una anécdota de perros para hacer menos abrumador este canino desfile
de títulos, autores y géneros literarios donde predomina la novela. La encontré
en el Diccionario de rarezas,
inverosimilitudes y curiosidades, de Vicente Vegs, Barcelona, 1972, Editorial
Gustavo Gili. En la sección dedicada a la palabra perro, se cuenta la
historia “del fiel perrito alemán
llamado Schwarz. Su amo, un profesor de la Universidad de Heidelberg, le había
enseñado a ir al estanco y traerle una bolsita de tabaco.
Posteriormente, el
profesor se trasladó a otra ciudad, separada 128 kilómetros de la primera. Una
mañana, le ordenó al perro: “¡Ve por tabaco!”. El animalito se tiró al suelo
aullando y gimiendo, pero el profesor lo arrastró hasta la puerta abierta y el
perro partió. Pasaron tres semanas sin que regresara, apareciendo al cabo de
ellas, tembloroso y enflaquecido, llevando en la boca una bolsa de tabaco
cubierta de polvo, que dejó a los pies de su amo, muriendo después. Más tarde comprendió
el profesor que mientras él trató de que el perro fuera por el tabaco al estanco
más cercano a su nueva casa, el pobre animal creyó que debía ir al de
Heidelberg”.
Sigo con mi parcial lista:
Un perro negro, grande
y…peludo, de Andrés Guerrero. Novela.
Perro: o los bocados de la
calandria, de María Ángeles Mueso. Poesía.
Perro, perrito, de Daniel Penac. Cuentos.
El perro prodigio, de Richard Arthur Warren Hughes. Cuentos.
Pánico en la Scala: el perro
que ha visto a Dios, de Dino Buzzati . Novela.
Perro que no conozcas no le
pises el rabo, de Luis Martínez Alean. Proverbios y
refranes.
El perro que no sabía ladrar, de Gloria Fuertes. Cuentos.
El perro que nunca existió y
el anciano padre que tampoco, de Francisco Candel.
Novela.
El perro rastrero, de Francoise Sagan. Novela.
El perro sin terminar, de María Granata. Cuentos.
El perro tatuado, de Paul Maar. Cuentos.
Perro tiene sed, de Satoshi Kitamura. Cuentos.
Un perro tocando la lira y
otros poemas, de Euler Granda. Poesía.
El perro Viernes, de Hilary Mckay. Cuentos.
Perro y gato, de Ricardo Alcántara. Cuentos.
El perro y la golondrina, de Richard Creus. Cuentos.
Los perros de la risa amarilla, de Fernando Pinzón Pérez. Novela.
Perros de paja, de Rigoberto Gil Montoya. Novela.
Perros de paja: reflexiones sobre
los humanos y otros animales, de John Gray. Filosofía.
Perros de presa, de Juan Ramón Mercado. Cuentos.
Los perros del cortejo, de Rodolfo Relman.Poesía.
Los perros, el deseo y la muerte, de Boris Vian. Cuentos.
Los perros guardianes, de Paul Nizan. Filosofía.
Los perros ladran, de Truman Capote. Biografías.
El perro y la pulga, de Dimitr Inkiow. Cuentos.
El perro y las liebres, de Antonio Rodríguez Almodovar. Cuentos.
El perro ylosdemás, de Amelia Rodríguez.
Perromundo, deCarlos Alberto Montaner. Novela.
Los perros, de RobertCalder. Novela.
Perros ahorcados, de César Simón. Diario.
Los perros de Acteón, de Avel
Artis-Gener. Novela.
En mi agenda perrera gruñen decenas
de títulos más. Uno de ellos, Quién
patea un perro muerto, mi libro
de cuentos publicado en 2010 por la Biblioteca de autores quindianos. Solo en
castellano, el catálogo es voluminoso y muchos de tales encabezamientos inducen
a buscar y leer aquellos libros a los cuales se refieren. Escuchemos al
comediante Groucho Marx cuando asegura: “Fuera del perro, el libro es el mejor
amigo del hombre. Dentro del perro, quizá esté muy oscuro para leer”.
viernes, 16 de marzo de 2012
ESCENAS EN EL VIEJO ESTANQUE (2)
Eran dos las
ranas, saltando hacia el sereno estanque en la ermita del poeta Bashoo.
Nacieron y crecieron juntas. Croaban cuando era necesario croar, silenciándose justo
en el tiempo para silencios y cantos apagados entre la yerba o las albercas.
Croaban en
cualquiera de las estaciones. Y al amanecer croaban y croaban al anochecer. Con
luna llena, menguante o creciente, croaban. No sé las otras, pero este par de
ranas en mi historia croaban sin saber nada del haiku. Ignoraban la presencia
de poetas asombrados, escribiendo breves estrofas para plasmar la
transitoriedad del mundo, la excelsitud del instante, la simplicidad de la vida
y el decaimiento de las cosas.
Uno de ellos se
llamaba Issa. Con Issa o sin él, croaban las ranas cuando era tiempo para croar
aunque nadie escuchara sus melancólicas cantilenas. Issa escribió más de 200
haikus sobre ranas. Quince le dedicó al sapo, a las pulgas más de cien y sobrepasó
los dos centenares sobre insectos de luz. La vida trató con dureza a Issa, a
quien Blyth, teórico e historiador del haiku japonés, consideró “el más japonés de los poetas de haiku, o
quizá de todos los poetas japoneses”. A pesar de su destino siempre en
manos del sufrimiento y la agonía, consideró la vida más importante que el arte
y fue en la existencia cotidiana donde buscó y descubrió la belleza.
Cuando las dos
ranas resolvieron salir de su escondite para vivir en un sitio más fresco,
tampoco sabían que en la ermita del poeta estaba, de paso hacia el templo
Chookeiji, el maestro zen Bucchoo, sosteniendo inexplicable diálogo con aquel.
Bucchoo preguntó a Bashoo: “¿Cuál es la
ley de Buda, antes de que el musgo verde brotara?”…
Saltando sobre
el blando musgo verde, sin preocuparse por la ley de Buda, solo una de las dos
amedrentadas ranas peregrinas llegó al viejo estanque. Buscando un sitio para
protegerse , se zambulló rápida mientras su compañera sucumbía entre las afiladas
garras de un raudo y hambreado buitre, elevándose con ella hacia las cercanas colinas, mientras el poeta
respondía a su maestro: “Al zambullirse
una rana, ruido de agua”.
El mundo es un efímero rocío
y en cada gota,
¡qué violentas quimeras!
Issa
ESCENAS EN EL VIEJO ESTANQUE (1)
La rana saltó al viejo estanque.
Tras de ella saltó uno de los monjes,
sin despojarse de su hábito.
"No eres el iluminado",
dijo el Roshi, secándose con el dorso de su mano el agua que chispeó sobre su rostro.
Otro de los monjes, se arrodilló en
la orilla del estanque, introdujo sus manos en el agua y bebió un poco.
"Ofrécele a las ranas que no han
saltado ni saltarán jamás", ordenó el Roshi, "y tal vez comprendas
qué no es la iluminación".
El más joven de los discípulos,
quien detrás del Maestro escuchaba
alerta sus palabras, observando sus
gestos y traduciendo sus silencios de imprevisto le dio un empujón, arrojándolo
al estanque.
Desde allí, el sabio maestro
vociferó: "Si te quedas ahí, la pierdes. Si te lanzas, también la pierdes.
¡Pronto, haz algo!".
El discípulo cantó: "¡Croac,
croac, croac!".
Desmayadamente,
después
que el agua se apacigua,
de nuevo
se yergue el crisantemo.
Basho
EL CUENTO QUE NUNCA ESCRIBÍ
Iniciaré el cuento con esta imagen: Decenas de gallinazos hambreados, volando en torno a la torre de la
iglesia.
Trece palabras. Al releerlas,
resuelvo hacer el primer cambio: Decenas de gallinazos hambreados vuelan
alrededor del campanario de la iglesia.
La oración se redujo a 11 palabras y
la torre se transformó en campanario. El verbo lo conjugo en presente.
Nueva lectura del texto. Titubeo
sobre la cantidad de gallinazos. Podría escribir 50 o 90, por ejemplo, para no
recargar el conjunto. Un lugar donde hay muchos gallinazos. El deseo de
escribir un dato verídico, ajustado a la realidad de dicha especie en un sitio
específico. ¿Busco una referencia concreta, relacionada con los gallinazos,
donde se mencione la cantidad de dichas aves
volando en grupo por un espacio preciso?
En mi imaginación, para el efecto
narrativo pretendido dentro del cuento, en realidad veo más de un centenar de
gallinazos y así quisiera escribirlo, pero pienso en lo ilógico dentro de la
naturalidad para imprimirle a la
introducción del cuento. No escribo: Un centenar de gallinazos. Reduzco la
imagen a unas decenas nada más y con este hecho infrinjo algo del proceso
personal de escritura. Comienzo a pensar en el lector. Hipotéticos lectores sin
importancia en este momento. Nunca tendré esos lectores. No viven, en este
momento donde la existencia es la del cuento en proceso de escritura.
Me contradigo. Sólo comenzándolo y el
cuento presenta dificultades en el
aspecto cuantitativo de los gallinazos. ¿Entonces qué sucederá más adelante,
con el desarrollo del mismo? Cada palabra es un inconveniente. Cada frase puede
transformarse de manera múltiple, prodigiosa, sin dejar avanzar el cuento. En
la primera frase, se detuvo el flujo de los eventos. Y aún no afronto problemas
y exigencias de la puntuación. Todavía no contrapongo las palabras con su orden
sintáctico y su musicalidad, tan importantes para mí.
He aquí dos posibles maneras de
puntuar la frase inicial: Decenas de gallinazos, hambreados, volando en torno a
la torre de la iglesia. Con tal forma de
puntuar, destaco el aspecto del hambre. Enfatizo el adjetivo hambreados e
imprimo un ritmo lento a la oración.
Segunda forma de puntuar: Decenas de gallinazos hambreados, volando en
torno a la torre de la iglesia. Predominio del verbo volar. La releo y su ritmo
me atrae más que el anterior. Es más ágil. El movimiento de las aves se apropia
del espacio narrativo. La acción de los gallinazos, resaltando su vuelo, se describe con mayor
dinamismo. El vuelo puede incluir el hambre. Si escribo hambreados, en la mente
y los ojos del lector surgen otras ideas diferentes a mi visión del cuento.
¿Cuál puntuación selecciono? Con sólo
13 palabras escritas son varios los problemas de escritura y desarrollo del
cuento encarados:
a. Puntuación
b. Uso de los verbos y su tiempo
c. Cantidad lógica de gallinazos en
vuelo
d. Elección arquitectónica, torre o
campanario
e. Ritmo que debo imprimirle al texto
Resuelvo dejar, sin limitarla, la
cantidad indefinida de gallinazos. ¿Algún lector podrá imaginar más de cien o,
por el contrario, limito al lector cuando le establezco una cantidad
determinada de tales aves?
Algo nuevo me inquieta, dentro de la
frase inicial: la altura de la torre de
la iglesia debe estar de acuerdo con el vuelo de decenas de gallinazos en torno
a esta. Habrá gallinazos que sobrevuelen tal lugar a mayor altura que otros,
para no chocar entre ellos.
Tal vez lo mejor es no escribir el
cuento. Pensaba en un microrrelato, pero los problemas se multiplican porque al
minicuento lo pienso muy refinado en su expresión. Entonces, ¿cuando es una
novela qué sucede? La irresponsabilidad del escritor no tiene términos. Para la
realidad, es imposible escribir una novela porque en cada frase que se va a relatar, las posibilidades de otras
situaciones y eventos suman millares.
O el escritor se decide a contarlo de
manera vasta, por limpio que parezca el estilo, por claro que parezca el
desarrollo de la novela. Y entonces hay entre líneas otras novelas, nuevos personajes, otras posibilidades de
acontecimientos no relatados, esperando allí una leve corrección para darle
otro sentido a cuanto iba a expresar el narrador.
He tomado una decisión: primero leeré
cuentos donde los personajes sean gallinazos. Indagaré sobre estos animalitos
semidomésticos. Los observaré volar y acaso sueñe alguna vez con ellos. Solo
después escribiré mi cuento.
-Una
sugerencia, amigo escritor, comience leyendo El misterio de las catedrales, de Fulcanelli. Debe replantear en serio la figura de una humilde
iglesia en el relato. Es más inquietante
la catedral. ¿O usted no es autor merecedor de catedrales en sus
cuentos? Sea menos provinciano, señor Senegal, despréndase de sus iglesias
municipales, de sus modestas parroquias y escriba en torno a una magnífica
catedral. Están llenas de símbolos. Lea a Fulcanelli y después hablamos.
Decenas de gallinazos hambreados
volando en torno a la catedral de Notre Dame…
¿O en torno a la Catedral de San Juan
Divino, en Nueva York?
¿O en torno a la Abadía de
Westminster?
¿O en torno a la Catedral de Colonia,
en Alemania?
¿O El Duomo, de Milán?
¿O la Catedral de San Basilio, en
Moscú?
¿O
Sant Patrick ´s?
¿O
Hallgrimskirkja, en Islandia?
Si elijo una de estas fastuosas catedrales,
tendré que cambiar los gallinazos por ángeles o demonios.
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